La intervención planteada por Linazasoro & Sánchez Arquitectura se apoya en una visión urbana basada en la claridad espacial, la legibilidad y la continuidad visual del espacio público, conceptos que los arquitectos vinculan a las ideas de Kevin Lynch sobre la imagen de la ciudad. Más que introducir nuevos gestos formales, el proyecto apuesta por una arquitectura contenida y precisa que ordene y unifique el entorno urbano.
El proyecto ha sufrido numerosos cambios desde la propuesta original del concurso, y se ha ido adaptando a las demandas más solicitadas de los ciudadanos, como la necesidad de establecer un diálogo entre la idea formal, el diálogo con la vegetación natural (por el momento omitido) y la necesidad prosaica de dar sombra a sus ocupantes (los toldos que se instalan en verano, proyectados como penúltima fase evolutiva de la intervención).
La renovación reorganiza los distintos componentes existentes para liberar el centro de la plaza y consolidar un gran espacio abierto de uso flexible. Los quioscos se agrupan en los extremos, mientras que la escultura de Carlos III es desplazada hacia uno de los bordes. Asimismo, las salidas de metro, ascensores y accesos a Cercanías son intervenidos bajo un lenguaje común caracterizado por la transparencia y la ligereza.
La geometría curva original de la Puerta del Sol se enfatiza mediante bancos continuos que responden a las embocaduras de las calles y funcionan como basamento urbano, incorporando además elementos emblemáticos como el Oso y el Madroño, la Mariblanca y el KM0. El pavimento se resuelve mediante un sistema de losas y adoquines que reinterpretan el ritmo de las arquitecturas históricas circundantes, utilizando «colchones» de adoquín para acomodar las geometrías curvas y reforzar la continuidad espacial.

Reordenación del ámbito de la Puerta del Sol por Linazasoro & Sánchez Arquitectura. Fotografía por Rolando Halbe.
Descripción del proyecto por Linazasoro & Sánchez Arquitectura
Con este proyecto se pretende recuperar ese espacio representativo, degradado en las últimas décadas, generando una plaza lo más versátil y democrática posible; capaz de albergar los distintos usos a los que es sometida. Se entiende que en su diseño original, de Lucio del Valle, se encuentran algunas de las virtudes que se buscan.
Para ello se realiza una limpieza y reorganización de los distintos elementos que se encontraban en la plaza y que impedían la clara lectura del espacio. Para despejar el centro y generar el foro urbano que se busca, los quioscos se agrupan en los extremos de la plaza mientras que la escultura ecuestre de Carlos III se desplaza del centro al otro extremo situándola en el interior de una gran fuente, junto al edificio del Correo. Los elementos emergentes, quioscos, ascensores y salida de Cercanías se rediseñan de acuerdo a un criterio unitario dotándolos de transparencia y ligereza.
La geometría original del lugar es potenciada mediante el diseño de unas zonas estanciales a través de bancos que responden a las embocaduras de las calles. Funcionan como basamento de las fachadas y refuerzan el arco. Estos bancos recogen en sus extremos las esculturas del Oso y el Madroño y la Mariblanca, además de unificar dos de las salidas de metro. El ritmo de la arquitectura de la época es llevado al dibujo de pavimentos mediante colchones de adoquín que acomodan los despieces de losas a la geometría curva de la plaza. Se integra en el diseño general del pavimento el KM0, punto de gran atractivo popular en la plaza. Éste se dota de mayor presencia y dignidad sirviendo como alfombra de entrada a la Casa del Correo.
El proyecto, no solo contempla el ámbito estricto de la Puerta del Sol sino que se extiende a las 11 calles aledañas unificando la imagen urbana del centro de la ciudad de Madrid.
«Una ciudad muy imaginable (evidente, legible o visible) parecería en ese sentido específico, bien formada, nítida, notable… pauta de gran continuidad, con muchas partes diferenciadas y nítidamente vinculadas entre sí».
Kevin Lynch.