Para el Spa Hacienda Xcanatún, TAMA (Taller Mexicano de Arquitectura) propone diferentes volúmenes autónomos conectados por senderos exteriores y patios intermedios que generan una secuencia espacial de transición, pausa y contemplación: atmósferas donde la arquitectura actúa como mediadora entre cuerpo, clima y paisaje.
Una estructura metálica articula el conjunto de volúmenes de piedra y chukum, una losa plana en voladizo y un sólido volumen cilíndrico que crea una ruptura formal. El uso de materiales locales establece un diálogo con las estructuras existentes, disolviéndose en su contexto de manera sobria.

Transición, pausa, contemplación. Spa Hacienda Xcanatún por TAMA.
Descripción del proyecto por TAMA
Como parte del desarrollo integral del master plan de Hacienda Xcanatún by Angsana Heritage Collection, el proyecto plantea un spa concebido como una extensión natural del conjunto hotelero y del desarrollo residencial en curso. Más que un edificio aislado, se entiende como una pieza que complementa y amplifica la experiencia del lugar.
Implantado en el corazón de la hacienda, junto al estanque principal, el proyecto parte de una premisa clara: integrarse con respeto al entorno construido y natural. La respuesta arquitectónica se materializa en un pabellón lineal de trazo horizontal, cuya escala contenida favorece una relación íntima con el usuario y garantiza la privacidad del programa frente al resto del complejo.
El sistema se organiza a partir de una serie de volúmenes articulados que albergan las distintas funciones del spa. Estos se disponen como piezas autónomas conectadas por recorridos exteriores y patios intermedios, generando una secuencia espacial que privilegia la transición, la pausa y la contemplación.
Cuatro elementos estructuran la lógica del proyecto: una estructura metálica que articula el conjunto; volúmenes construidos en piedra y chukum que contienen el programa; una losa plana en voladizo que define la horizontalidad y protege de las condiciones climáticas; y un volumen cilíndrico ciego que introduce una ruptura formal y activa la experiencia espacial desde la curiosidad.
El recorrido se convierte en un componente central del diseño. Cada espacio, ya sea interior o exterior, está cuidadosamente orientado para enmarcar vistas hacia jardines, cuerpos de agua y elementos existentes de la hacienda. La privacidad se resuelve mediante una combinación de muros de piedra y vegetación endémica, que filtran las visuales sin perder la conexión con el paisaje.
La materialidad refuerza esta intención de integración. El uso de materiales regionales como piedra, maderas locales y recubrimientos de chukum establece un diálogo con las preexistencias, al tiempo que garantiza durabilidad y bajo mantenimiento. El resultado es una arquitectura sobria que se disuelve en su contexto y privilegia la experiencia sensorial sobre el gesto formal.
Más que un objeto, el proyecto se entiende como una secuencia de atmósferas donde la arquitectura actúa como mediadora entre el cuerpo, el clima y el paisaje, construyendo un refugio de calma dentro del ecosistema de la hacienda.