La propuesta desarrollada por Martín Lejarraga Oficina de Arquitectura dispone de las diferentes áreas funcionales de manera eficiente: la planta baja alberga los principales espacios comunes, como la recepción, el comedor, el coworking, la biblioteca y las áreas audiovisuales; mientras que, los sótanos acogen usos complementarios como gimnasio, aparcamiento y espacios técnicos.
Las plantas superiores, de la segunda a la octava, se destinan a alojamiento, con una amplia variedad de tipologías que se adaptan a las diferentes necesidades de los usuarios. El programa lo completa la cubierta, con piscina y solárium, que funciona como un espacio de ocio y socialización clave dentro del conjunto.
En cuanto a la materialidad, el edificio se reviste con chapas metálicas en tonos anaranjados que evocan la tradición cerámica local, integrándose en el contexto a partir de una imagen contemporánea. Más allá de su función residencial, la intervención se concibe como un ecosistema universitario, donde la arquitectura promueve el aprendizaje y la vida en comunidad, transformando una estructura preexistente en un nuevo foco de actividad y cohesión para los estudiantes.

Residencia de estudiantes en Burjassot por Martín Lejarraga Oficina de Arquitectura. Fotografía por David Frutos.
Descripción del proyecto por Martín Lejarraga Oficina de Arquitectura
Ubicada en Burjassot, Valencia, la nueva residencia de estudiantes se levanta sobre una estructura preexistente, transformando un edificio de oficinas inconcluso en un espacio dinámico destinado a la convivencia y al aprendizaje. Con un diseño compacto y prismático, el proyecto optimiza su implantación en la parcela, reorganizando los espacios en función de un esquema estructural particular que responde a la condición previa de contar con tres niveles de sótano ya construidos.
En planta baja, junto al acceso principal, un espacio a doble altura se configura como el núcleo social de la vida común de la residencia. En su centro, una escalera helicoidal conecta visual y físicamente los distintos niveles, potenciando la interacción entre las áreas comunes, que conforman una red de espacios compartidos especialmente pensados para la vida comunitaria.
En torno a esta gran área de relación se distribuyen funciones clave como la recepción, el comedor, las salas de coworking y estudio, la biblioteca, espacios audiovisuales y varias terrazas. En la fachada principal, una amplia pérgola longitudinal genera un lugar de encuentro exterior, permitiendo la conexión entre los espacios interiores y el jardín de la parcela.
Los niveles de sótano preexistentes se recuperan para albergar distintos espacios de apoyo y uso común. El primer nivel subterráneo acoge un completo gimnasio, además de un aparcamiento para bicicletas y patinetes eléctricos, fomentando el ejercicio físico y la movilidad sostenible para una vida más saludable. Los niveles -2 y -3 se destinan a estacionamientos para residentes, junto con zonas técnicas de instalaciones y almacenamiento.
Las plantas superiores, de la 2 a la 8, están destinadas a los alojamientos, concebidos con una amplia variedad de tipologías para responder a las diversas necesidades de los estudiantes. Desde habitaciones individuales y dobles hasta unidades compartidas, adaptadas y tipo suite, cada una ha sido diseñada con mobiliario específico que optimiza el uso del espacio y permite configuraciones flexibles. La eficiencia, el confort y la calidad ambiental son principios fundamentales en cada una de estas unidades residenciales.
En la cubierta, una terraza con piscina y solárium se convierte en un espacio privilegiado para el descanso y la socialización, ofreciendo vistas únicas de la ciudad de Valencia y el mar Mediterráneo. Este espacio al aire libre no solo amplía las opciones recreativas de los residentes, sino que refuerza la idea de comunidad y bienestar en la residencia.
El edificio establece un diálogo con la historia del lugar, recuperando la memoria industrial de Burjassot mediante una interpretación contemporánea de su paisaje construido. Como testimonio del pasado, se conserva una chimenea de ladrillo próxima a la parcela, cuya silueta inspira la geometría de los volúmenes que coronan los testeros del edificio.
Las fachadas, revestidas con chapas metálicas en tonalidades anaranjadas evocadoras de la cerámica tradicional, dotan al conjunto de una identidad singular a la vez que lo integran de forma armoniosa en su contexto.
Más allá de ser un simple lugar de alojamiento, esta residencia se concibe como un ecosistema de vida universitaria, donde los espacios compartidos impulsan la interacción, el aprendizaje y la creación de vínculos. A través de una arquitectura pensada para la colectividad, el proyecto transforma una preexistencia en una nueva centralidad para los estudiantes, consolidando un entorno que favorece tanto el desarrollo personal como la integración con la ciudad.