En términos constructivos, la vivienda proyectada por Cronotopos Arquitectura se resuelve mediante un sistema industrializado de paneles de madera contralaminada (CLT), con muros portantes de 12 cm de espesor. La elección de este sistema permite optimizar recursos y tiempos de ejecución, al tiempo que responde de manera eficiente a las exigencias climáticas del entorno pirenaico, aportando una solución contemporánea, sostenible y técnicamente precisa.
En cuanto a los materiales empleados, la propuesta incorpora elementos vinculados al territorio para reforzar su integración: la piedra local en fachadas ancla la vivienda al terreno, mientras que las tejas de la cubierta y la madera aportan continuidad con el contexto y una escala más doméstica. Las pérgolas, también construidas en madera, funcionan como espacios intermedios que amplían el uso de la vivienda y ofrecen protección frente a las condiciones climáticas.

«Cobijo entre muros» por Cronotopos Arquitectura. Fotografía por Iñaki Bergera Serrano.
Descripción del proyecto por Cronotopos Arquitectura
«Cobijo entre muros» nace de la voluntad de habitar el paisaje de alta montaña sin imponerse a él. En Formigal, donde la topografía, el clima extremo y la presencia de las cumbres condicionan cada gesto, la vivienda se concibe como un refugio contemporáneo, un lugar de protección y recogimiento. La casa no pretende destacar en el territorio, sino integrarse en él, estableciendo una relación serena y duradera con su contexto natural. La parcela, abierta hacia el embalse de Lanuza y el Valle de Tena, permite un desarrollo lineal que refuerza la relación visual con el horizonte y facilita una implantación respetuosa con la topografía.
Dos muros paralelos emergen del terreno y organizan la vivienda, guiando el recorrido y la mirada hacia el paisaje. Entre ellos se desarrollan las secuencias del programa, construyendo un espacio protegido y, al mismo tiempo, abierto a la inmensidad del entorno. Estos muros no solo delimitan, sino que estructuran y dan sentido al habitar, convirtiéndose en la esencia espacial y conceptual de la vivienda.
La casa se concibe como un gradiente trabajado en sección. Los muros nacen como contención del terreno, configuran las fachadas laterales de una vivienda permeable y luminosa y se transforman en pérgolas que abrigan el acceso. Esta transición permite que el paisaje se filtre desde el primer instante, haciendo del habitar una experiencia continua entre interior y exterior. La arquitectura se entiende así como un diálogo entre la tierra y la cubierta: el terreno se horada para generar patios a distintos niveles que iluminan los espacios semienterrados, mientras las cubiertas dibujan un baile geométrico que conversa con el perfil de las montañas. En invierno, cuando la nieve cubre casa y paisaje, arquitectura y territorio comparten un mismo lenguaje.
Solo dos huecos rompen el eje de los muros: uno enmarca el acceso; el otro conduce a una estancia íntima. El resto refuerza la linealidad del conjunto, construyendo una relación continua, controlada y precisa con el exterior.
Constructivamente, la vivienda se resuelve mediante un sistema industrializado de CLT. Con doce centímetros de espesor, los muros portantes optimizan el material y los tiempos de ejecución, convirtiendo la madera en un recurso sostenible, eficiente y contemporáneo, adecuado a las exigencias climáticas y constructivas del Pirineo.
Exteriormente, la vivienda se construye con materiales vinculados al territorio. La piedra de las fachadas y las tejas de la cubierta proceden de la zona, reduciendo la huella ambiental y reforzando la identidad local. La piedra ancla la casa al terreno, mientras la madera introduce una escala doméstica y cercana. Las pérgolas actúan como espacios intermedios que amplían el uso de la vivienda, protegidos del clima.
Esta vivienda constituye la primera fase de un conjunto de dos viviendas, que establece los principios de una arquitectura esencial y responsable, donde sostenibilidad, belleza e integración son valores inseparables. «Cobijo entre muros» propone un modo contemporáneo de habitar la montaña, demostrando que la arquitectura puede ser eficiente, sensible y profundamente vinculada al paisaje.