El nuevo espacio proyectado por el arquitecto Héctor Fernández Elorza se desarrolla como un sistema hidráulico conformado por tres áreas principales conectadas por una red de senderos. El primer embalse está compuesto por un estanque de 99 x 41 metros con dos zonas diferenciadas: la zona central, concebida como una superficie navegable con una profundidad de 50 cm, y la zona periférica, con 800 boquillas que liberan agua nebulizada.
El segundo embalse está conformado por un jardín organizado en franjas que alberga zonas ajardinadas, dos áreas amplias de actividades infantiles, senderos y una plaza central con dos áreas lúdicas acuáticas y seis parterres elevados con asientos. Y por último, el tercer embalse, concebido como un anfiteatro con una superficie ajardinada que integra cuatro pasarelas principales y múltiples puntos de acceso a la zona de asientos.
En la construcción del proyecto, se priorizó el uso de materiales locales para reducir el impacto ambiental, como los senderos pavimentados con ladrillo artesanal. Al mismo tiempo, la intervención busca aliviar la red de alcantarillado canalizando el agua de lluvia hacia zanjas subterráneas de infiltración de grava que, gracias a dos pozos, permiten la infiltración gradual del agua en el suelo.

Depósitos de Pignatelli por Héctor Fernández Elorza. Fotografía por Montse Zamorano.
Descripción del proyecto por Héctor Fernández Elorza
El desarrollo urbanístico de los antiguos embalses de Pignatelli en Zaragoza es el resultado de un concurso público convocado por el Ayuntamiento de Zaragoza para integrar este espacio vacío en el tejido urbano, ampliando el Parque Pignatelli existente.
Los embalses de Pignatelli se construyeron a finales del siglo XIX para abastecer de agua a la zona sur de Zaragoza desde el Canal Imperial. Dentro del recinto, que abarcaba 30.000 m², se encontraban cuatro grandes depósitos de agua al aire libre de 125 × 40 m y 4 m de profundidad, con una capacidad total de almacenamiento de 80.000 m³. Además, existían otras estructuras dedicadas al tratamiento y almacenamiento de agua, que se han conservado e integrado en el proyecto: la casa del conserje, la cámara de filtración subterránea y la cisterna donde se almacenaba el agua limpia, un espacio formado por 33 bóvedas de crucería de ladrillo.
El proyecto se concibe como un sistema hidráulico que organiza las diferentes partes de la propuesta. Se trata de un espacio que resalta la identidad del agua como elemento fundamental en la creación de los embalses, donde la antigua necesidad de abastecimiento se transforma en un uso recreativo contemporáneo del agua, preservando así la identidad y el carácter originales del lugar. Los vestigios de los antiguos embalses se convierten en tres áreas diferenciadas, cada una con una manifestación distintiva del agua, en la que esta siempre desempeña un papel protagonista.
Primer embalse: el estanque. Un cuerpo de agua de 99 x 41 metros, concebido como un nuevo espacio de ocio para la ciudad de Zaragoza. Un paisaje donde se desarrollan programas relacionados con el agua, como muelles, zonas navegables y deportes acuáticos.
Se proponen dos zonas diferenciadas. La zona central, que ocupa la mayor parte de la cuenca, es una superficie navegable con una profundidad de 50 cm. En su centro, 800 boquillas liberan agua nebulizada, refrescando el entorno urbano.
A lo largo del perímetro, una franja alterna plataformas con vistas a la zona central y estanques más pequeños. Estos estanques, de carácter natural, albergan vegetación y fauna acuáticas, enriqueciendo la biodiversidad del parque.
Segundo embalse: el jardín acanalado. Este espacio adopta una escala más doméstica, ideal para el ocio. El jardín se organiza en franjas de ancho variable, que incluyen las siguientes áreas:
– Zonas ajardinadas con vegetación de pradera silvestre en los extremos norte y sur, que sirven de transición entre los senderos y las áreas de juego infantiles.
– Dos amplias áreas de actividades infantiles con pavimento de arena de sílice.
– Senderos pavimentados con ladrillo artesanal, de aspecto y tono similares a los utilizados en la construcción de los muros de contención de los antiguos embalses.
– Una plaza central donde, una vez más, la vegetación y el agua son protagonistas. Dos áreas rectangulares con chorros de agua integrados en el pavimento de ladrillo crean efectos acuáticos lúdicos de diferentes alturas, refrescando el ambiente durante los meses cálidos. En el centro, se disponen seis parterres elevados, cada uno con asientos alrededor de su perímetro y vegetación arbustiva y con flores en su interior.
– Flanqueando la plaza central, dos estructuras metálicas permiten el crecimiento de plantas trepadoras, formando muros verdes que proporcionan sombra. Todo el espacio está densamente plantado con árboles frutales de hoja caduca, de especies alternadas y dispuestos en cuadrícula.
Tercer embalse: el anfiteatro. Se ha creado una topografía que da forma a este espacio como un anfiteatro. La superficie ajardinada está modelada, integrando cuatro pasarelas principales y múltiples puntos de acceso a las diferentes zonas de asientos. Los árboles, plantados de forma natural y variada, son de gran tamaño y copas altas, creando un espacio que recuerda a una gran sala hipóstila.
El agua vuelve a ser protagonista, con un estanque que contiene vegetación acuática tipo nenúfar, situado en el punto más bajo del anfiteatro. La plataforma del escenario parece flotar sobre el estanque, como un auténtico teatro acuático. Una marquesina con estructura metálica y cubierta de chapa metálica plegada, con un gran voladizo, cubre el escenario, destacando una de las zonas principales del parque.
Para conectar las tres áreas principales, se ha dispuesto una red de senderos organizados longitudinal y transversalmente.
Los dos senderos longitudinales, norte y sur, recorren todo el parque. Cuentan con una franja central de hormigón visto con árido de Calatorao y dos franjas laterales pavimentadas con piedra triturada de Jaulín. Grandes árboles de hoja caduca se integran en estas franjas laterales. Los cuatro senderos transversales conectan los longitudinales y separan los tres espacios principales. Incluyen árboles de hoja caduca de menor tamaño que los de los senderos longitudinales y un pavimento continuo de piedra triturada de Jaulín, que prolonga las franjas laterales de los senderos longitudinales.
El primer sendero transversal establece una conexión con el Parque Pignatelli existente. Para garantizar la continuidad de la zona verde, se aprovecha una de las características del terreno: su desnivel, que varía de 0 m a 5,75 m. Parte del muro de contención histórico se ha restaurado y reforzado, incorporando una barandilla continua que unifica las diferentes secciones. Esta barandilla integra cables metálicos de tensión que permiten el crecimiento de vegetación trepadora, creando un nuevo muro verde. A lo largo del muro, destacan varios elementos singulares: el letrero de entrada al parque, la escalera principal que conecta con el sendero longitudinal norte, frente a la casa del conserje, y un mirador escalonado con una marquesina metálica en voladizo sobre el paseo del Parque Pignatelli.
A lo largo del desarrollo, se prioriza el uso de materiales locales, reduciendo así el impacto ambiental. Gran parte de los pavimentos utilizados son porosos, lo que favorece la infiltración directa en el suelo. Además, al concebir el parque como un gran sistema hidráulico, se presta especial atención al tratamiento del agua de escorrentía como herramienta de diseño. El proyecto busca aliviar la red de alcantarillado canalizando el agua de lluvia hacia zanjas subterráneas de infiltración de grava que, gracias a dos pozos, permiten la infiltración gradual del agua en el suelo.
En definitiva, el proyecto pretende transformar las infraestructuras y procesos originales de los embalses, vinculados al almacenamiento de agua, en infraestructuras urbanas recreativas y culturales con programas urbanos relacionados con el agua.