La casa Balma Murada proyectada por Mesura, se desarrolla en un volumen adaptado a los relieves de la topografía natural con una secuencia de accesos. Por un lado, el ingreso diaria se realiza a través de un garaje integrado en el suelo, y por otro, el ingreso principal se realiza ascendiendo gradualmente en el paisaje rocoso. La planta superior cuenta con un espacio exterior en el que se ubican la terraza y la piscina.
La vivienda mediterránea, materializada con muros macizos y estratificados de piedra KM0, fue construida con técnicas tradicionales de cantería y material local procedente del mismo terreno durante la excavación del garaje. El método utilizado contribuye al drenaje natural del agua, estableciendo una continuidad con las terrazas agrícolas y las estructuras históricas mediterráneas.

Casa Balma Murada por Mesura. Fotografía por Rory Gardiner.
Descripción del proyecto por Mesura
Casa Balma Murada se concibe como una arquitectura de respuesta, no de imposición. Ubicada al borde de una reserva natural, la casa interactúa con el fuerte viento y la geometría irregular del terreno mediante materiales locales y técnicas constructivas tradicionales, estableciendo una relación directa entre arquitectura y lugar.
Lectura del emplazamiento
El proyecto comienza con una lectura atenta de su contexto: un terreno marcadamente rocoso, exposición constante al viento y una tradición constructiva basada en el uso directo de recursos locales. Estas condiciones definen la arquitectura desde el principio y llevan a la piedra como material estructurante del sistema constructivo.
Todos los muros perimetrales están construidos con piedra KM0 extraída del propio terreno durante la excavación del garaje. Lo que se retira del suelo para dar cabida al edificio se convierte en la sustancia de su construcción, reforzando la continuidad entre tierra, material y arquitectura.
La piedra como estructura y memoria
Los muros se conciben como elementos autoportantes, construidos con técnicas tradicionales de cantería y material local procedente del entorno inmediato. El sistema aprovecha la irregularidad inherente de la piedra, permitiendo la construcción de muros macizos y estratificados que funcionan principalmente por gravedad.
Este método facilita la adaptación a los movimientos del terreno y contribuye al drenaje natural del agua. El uso de la piedra establece una continuidad con las terrazas agrícolas y las estructuras históricas mediterráneas, reduce el impacto ambiental y refuerza el arraigo físico y cultural del edificio. La casa no se impone al terreno; se integra en el territorio a través de su propia materia.
Geometría, Paisaje y Clima
La fachada sigue la geometría natural de la topografía y las rocas existentes, adaptándose al relieve y fragmentándose para generar múltiples orientaciones y vistas. Cada espacio interior establece una relación específica con su entorno, abriéndose selectivamente hacia el parque natural, el mar o el pueblo cercano.
En respuesta a la exposición constante al viento, la casa se basa en la masa, el espesor de los muros y la geometría volumétrica. Los muros de piedra proporcionan inercia térmica y protección climática, mientras que el perímetro fragmentado favorece la circulación natural del aire. Diseñada como un volumen de una sola planta, de acuerdo con la normativa local, la casa equilibra la intimidad y la apertura, con la piedra como elemento mediador entre los espacios interiores y el paisaje.
Un paseo por Balma Murada
En contraste con el exterior mineral, anclado al terreno, el interior se define por un lenguaje mediterráneo esencial. Los espacios buscan la luz, la continuidad y la calma, creando una atmósfera doméstica serena que enfatiza la relación con el exterior. El contraste entre un exterior tectónico y un interior luminoso y sobrio refuerza la sensación de refugio y la transición entre el paisaje y la vivienda.
La secuencia de accesos fortalece la relación con el terreno. El acceso diario se realiza a través del garaje integrado en el suelo del que se extrajo la piedra, mientras que la entrada principal se despliega como un ascenso gradual a través del paisaje rocoso. En la planta superior, la terraza y la piscina se abren a las vistas a ambos lados de la casa, conformando un espacio exterior completamente integrado en la reserva natural.
Una arquitectura arraigada en el lugar
Casa Balma Murada sintetiza un enfoque arquitectónico basado en la observación del lugar y el uso consciente de sus recursos. Definido por la piedra y el saber constructivo tradicional, el proyecto da forma a un edificio coherente con su contexto físico y cultural.
El resultado es una arquitectura que dialoga con el paisaje a través de la discreción, la continuidad y el arraigo: una casa que trabaja en armonía con la tierra, en lugar de oponerse a ella.