Respetando la configuración original y el carácter del edificio, el estudio de Reina & Asociados recupera la poderosa identidad de la fábrica. A partir de una serie de piezas que se adaptan al esquema modular del edificio, el proyecto adapta los espacios habitables a las nuevas necesidades de uso. Como testigo de una extensa actividad industrial, la sucesión de acabados, texturas y materiales existentes queda al descubierto, revelando las distintas etapas productivas de la industria.
La acelerada dinámica contemporánea demanda una constante transformación y adaptación de los edificios. Como un episodio más en la extensa trayectoria de la Fábrica de Artillería de Sevilla, el edificio industrial somete nuevamente sus espacios a un proceso de reciclaje para conseguir la máxima flexibilidad que exigen los requerimientos actuales.

«Centro Magallanes_ICC» en la Real Fábrica de Artillería de Sevilla por Reina & Asociados. Fotografía por Fernando Alda.
Descripción del proyecto por Reina & Asociados
La intervención tiene por objeto la rehabilitación del sector occidental de la Fábrica de Artillería de Sevilla como Centro Magallanes para el emprendimiento de Industrias Culturales y Creativas, a partir del concurso convocado por la Gerencia Municipal de Urbanismo en el año 2019. Esta parte del complejo, con una superficie aproximada de 9.000 m², fue promovida por Carlos III en 1782 como ampliación de las instalaciones originales de fundición de bronce, incorporando manzanas y terrenos del antiguo barrio de San Bernardo. Es a partir de entonces cuando se convierte en un establecimiento de gran importancia estratégica, ejemplo de desarrollo industrial y de experimentación técnica en la construcción de cañones y piezas de bronce, pudiendo considerarse precursora de una temprana revolución industrial en España.
La Fábrica se ha mantenido en funcionamiento de manera prácticamente ininterrumpida hasta el último cuarto del siglo XX por lo que siempre ha estado abierta al cambio, incorporando nuevas tecnologías y adaptando sin complejos su arquitectura a las necesidades productivas de cada época, creciendo y transformando su aspecto, sometiendo a sus espacios a un reciclaje continuado. Evolución que también se expresa en la construcción de la ciudad, en la configuración del barrio de San Bernardo, cuyo tejido urbano ha sido modelado por las sucesivas ampliaciones de la instalación industrial.
La actuación parte de la reflexión sobre la materialidad cambiante del edificio, reflejo de la actividad industrial desplegada a lo largo del tiempo, que se ha producido de manera ordenada y flexible sobre la base modular que construye el orden extensivo de su planta.
El área occidental sobre la que se interviene se estructura mediante una trama regular en la que se alternan naves y patios, siguiendo una configuración prácticamente simétrica respecto a un eje central. Guiados por la racionalidad del esquema compositivo original, se recupera el equilibrio entre llenos, vacíos y espacios intermedios donde se articulan con naturalidad los sistemas de circulación y accesos, destacando la apertura al público de la calle central del complejo que enlaza con el viario del barrio. La poderosa arquitectura de la fábrica muestra las técnicas y los materiales que han sido utilizados en su construcción, así como los asociados a las distintas etapas productivas, conservándose las texturas, huellas y cicatrices que documentan su actividad industrial.
Para conseguir la máxima flexibilidad preservando el carácter singular de los espacios recuperados, las antiguas naves se complementan con nuevos dispositivos que garantizan su adecuación a los nuevos requerimientos. Situados bajo el nivel de suelo o a modo de piezas instaladas que se adaptan al esquema modular de la fábrica, resuelven los aspectos técnicos y funcionales -instalaciones, talleres, aseos, vestuarios, gradas- guardando una cierta analogía con las máquinas e ingenios que equiparon el complejo a lo largo de su historia. La banda medianera oeste, donde se sitúa el antiguo callejón de seguridad que separa la fábrica del caserío de San Bernardo, se reconoce como un valioso espacio de oportunidad para garantizar el enlace de las instalaciones entre los distintos sectores del conjunto, así como complementar funcionalmente a las propias naves. Este nuevo edificio se instala en el ajustado espacio disponible en la medianera y se extiende hacia las naves para convertirse en grada o cubierta.
Durante las obras, cuando eliminamos revestimientos recientes que ocultan otras materialidades y prescindimos de elementos añadidos, la Fábrica de Artillería desvela nuevas posibilidades espaciales y lecturas alternativas que enriquecen la exploración del proyecto. Vistas cruzadas que se incorporan, transparencias entre espacios que en origen eran cerrados e independientes, relaciones encontradas que en ocasiones cuestionan supuestos iniciales y provocan nuevos acuerdos. Una obra abierta donde somos conscientes del verdadero proceso de transformación, aquello que hace posible la continuidad de la arquitectura a través del tiempo.