La instalación «Leganés Auto Center» desarrollado por OOIIO Arquitectura, destina la planta baja a usos comerciales y talleres de mecánica y carrocería, mientras que en la primera planta se ubican las oficinas y el almacén de vehículos. Además, se crea un nuevo nivel superior también destinado al almacenamiento de vehículos, protegido con pérgolas fotovoltaicas que abastecen de energía al edificio. En cuanto a la circulación, se incorporaron dos grandes rampas en los laterales pata organizar los recorridos interiores.
El proyecto de carácter industrial, se desarrolla a través de juegos formales, texturas y contrastes cromáticos que convierten a la fachada en el elemento identitario, compuesta por grandes lamas metálicas blancas de diferentes tamaños y ancladas a una subestructura de color verde.

«Leganés Auto Center» por OOIIO Arquitectura. Fotografía por Javier de Paz.
Descripción del proyecto por OOIIO Arquitectura
Sostenibilidad y emoción en un edificio industrial
La creatividad es una herramienta extraordinariamente poderosa, capaz de ofrecer respuestas a casi cualquier reto. En arquitectura, la imaginación y las soluciones singulares no deberían ser patrimonio exclusivo de los grandes edificios públicos o de esas casas de ensueño que todos querríamos habitar. También hay espacio para la innovación —y la emoción— en los lugares más inesperados.
Ese fue el punto de partida cuando un empresario encargó al estudio de arquitectura OOIIO la construcción de un gran edificio destinado a la venta y reparación de automóviles en un polígono industrial especializado en el sector del motor en Leganés, una de las ciudades del Gran Madrid. El desafío era tan atractivo como complejo: un edificio de gran escala que debía albergar un amplio espacio comercial, oficinas, talleres de mecánica y carrocería, así como zonas de almacenamiento para cientos de vehículos, resolviendo además la intensa circulación diaria de coches dentro del propio edificio. A esta complejidad funcional se sumaba una condición clave: en la parcela ya existía un edificio industrial en desuso, una antigua fábrica de cocinas abandonada desde hacía años.
Este tipo de arquitectura suele quedar en manos de despachos de ingeniería que optan por soluciones previsibles y estrictamente funcionales. Rara vez se confía este tipo de encargos a estudios con un perfil creativo como OOIIO. Basta recorrer cualquier polígono industrial para comprobar la escasa atención que se presta a la arquitectura, a la luz, a los materiales o a la capacidad de estos edificios para transmitir emociones. Por eso este proyecto se convierte en una excepción, en un auténtico rara avis dentro del mundo de los talleres mecánicos.
Como decía Le Corbusier, un edificio —también uno industrial— puede entenderse como una máquina, donde todo debe estar en su sitio. Un coche debe funcionar a la perfección: eficiencia y función son irrenunciables. Pero también debe emocionar, generar sensaciones. No es lo mismo conducir un deportivo que una furgoneta, aunque ambos lleven del punto A al punto B. Las marcas de automóviles lo saben bien y trabajan conscientemente ese componente emocional. En este caso, esa misma lógica se traslada a la arquitectura.
La primera gran decisión del proyecto fue reciclar la industria preexistente y adaptarla a los nuevos usos. Una apuesta claramente más sostenible que la demolición y construcción de un edificio completamente nuevo, opción que habría sido más rápida y sencilla, pero también mucho más costosa en términos medioambientales. ¿Puede una antigua fábrica de cocinas convertirse en un centro de talleres y venta de coches? La respuesta es rotunda: sí.
Siguiendo criterios funcionales, la planta baja se destina a espacio comercial y talleres de mecánica y carrocería, mientras que las dos plantas superiores se utilizan como almacén de vehículos. Esto obligó a reforzar la estructura existente para soportar las nuevas cargas. Además, se elimina la cubierta original y se crea un nuevo nivel superior de almacenamiento protegido del sol mediante pérgolas fotovoltaicas capaces de generar suficiente energía para abastecer no solo al edificio, sino también a otros de su entorno.
En los laterales se incorporan dos grandes rampas que organizan las circulaciones internas y conviven con los recorridos de los vehículos de clientes en la planta baja. Con la incorporación de oficinas en la primera planta, el programa funcional del edificio queda completamente resuelto.
La antigua fábrica presentaba una fachada de ladrillo cerrada y pesada, sin aislamiento y prácticamente invisible en el entorno. El proyecto transforma por completo la relación entre el interior y el exterior, abriendo el edificio a su contexto. Las plantas superiores de almacenamiento no se climatizan y permanecen abiertas, concentrando el consumo energético únicamente en la planta baja, donde se sitúan trabajadores y clientes.
La nueva envolvente se compone de grandes lamas metálicas blancas de distintos tamaños, ancladas a una subestructura de color verde menta, combinadas con chimeneas y respiraderos de las instalaciones industriales. Al llevar estas instalaciones a fachada se exhibe y monumentaliza el carácter industrial del edificio, liberando al mismo tiempo el espacio interior para facilitar la circulación de los vehículos.
La fachada se convierte así en el gran elemento identitario del proyecto: un contenedor de coches que destaca en medio del monótono paisaje industrial gracias a sus texturas, juegos formales y contrastes cromáticos. Las lamas evocan las banderolas verticales de los concesionarios, captando la atención del visitante, aportando carácter y reduciendo el consumo energético mediante control solar pasivo. Incluso en el intenso verano madrileño, las plantas superiores mantienen una temperatura varios grados inferior gracias a la ventilación cruzada, sin necesidad de climatización.
Control solar pasivo, autoabastecimiento energético, recogida de agua de lluvia para el lavado de vehículos, reutilización de estructuras existentes, diseño y una identidad propia. Este proyecto demuestra que otra arquitectura industrial no solo es posible, sino necesaria.