Condicionados por la normativa urbanística que protege el entorno y obligaba a conservar la envolvente del edificio, Arquitectura-G aplicó una estrategia común en muchos de sus proyectos: respetar el entorno —en este caso, el construido— mediante una intervención singularizada por una depurada abstracción. El proyecto mantiene el programa mixto de bodega y vivienda, convertido ahora en una única residencia.
El proyecto conserva únicamente los muros exteriores e inserta una estructura de hormigón pigmentado en azul. Los diferentes forjados se conectan verticalmente mediante una escalera helicoidal, cuyo espacio vertical es bañado por un lucernario que derrama en su interior luz natural. Se genera así un espacio unificado por la materialidad estructural, la luz y el color.
Programáticamente, el espacio abierto de la planta baja integra cocina, comedor y estar principal en torno a la escalera. La planta superior acoge, en el centro, un salón auxiliar bañado por la luz cenital, mientras los dormitorios se disponen a ambos lados de este espacio.

Casa II en una Quinta de Recreio por Arquitectura-G. Fotografía por Maxime Delvaux.
Descripción del proyecto por Arquitectura-G
Este edificio forma parte de una finca agrícola perteneciente a la tipología de las quintas de recreo, que permaneció abandonada durante décadas. El proyecto constituye la tercera de una serie de intervenciones dirigidas por Arquitectura-G, orientadas a la conservación, rehabilitación y generación de nuevos espacios. En conjunto, estas actuaciones buscan devolver la quinta y sus viñedos a la vida, promoviendo un territorio autosuficiente con bosques, huertos, frutales, ganado, animales y edificaciones, bajo los principios de la permacultura.
Originalmente, el inmueble albergaba la bodega y la residencia de trabajadores y sirvientes de la finca. El volumen existente estaba conformado por distintos segmentos divididos y conectados mediante diversas escaleras. A pesar del complejo y profundo proceso de transformación, se mantiene el programa mixto de bodega y residencia, que en este caso se convierte en una única vivienda.
La normativa vigente no permitía modificar el volumen ni alterar significativamente las fachadas o la cubierta. Tras vaciar por completo la preexistencia, conservando únicamente los muros exteriores, se insertó en su interior una estructura de hormigón pigmentado en azul. Esta estructura nace en el sótano, donde se ubica la bodega, asciende mediante una escalera helicoidal y se extiende también formando los forjados de las plantas superiores, hasta llegar a la primera planta bajo un lucernario que inunda de luz el vacío central.
Esta estructura reconfigura el espacio interior y articula el funcionamiento del conjunto. La planta baja se concibe como un espacio abierto que integra cocina, comedor y estar principal, organizados en torno a la escalera. La planta superior, por su parte, alberga dormitorios en ambos extremos, mientras que en el área iluminada por el lucernario se sitúa un salón auxiliar.