La composición volumétrica del edificio planteada por Snøhetta se organiza bajo una gran cubierta continua de geometría curva que unifica los distintos espacios y establece una gradación de escalas a medida que se aproxima al río. Su trazado genera un movimiento envolvente que conecta el edificio con el parque, la ciudad y el río Huangpu, integrando los diferentes volúmenes de los auditorios en un conjunto arquitectónico unitario.
La organización espacial se desarrolla a través de distintos niveles públicos que articulan las zonas dedicadas a exposiciones, espacios educativos, restaurantes y salas de espectáculos. Los tres auditorios, con capacidades de 2.000, 1.200 y 1.000 espectadores, se organizan según sus respectivos programas escénicos y funcionales.

Gran Ópera de Shanghái por Snøhetta. Fotografía por Tian Fangfang.
Como elemento visual más característico, el conjunto cuenta con una escalera helicoidal que prolonga la circulación desde la planta baja hasta la cubierta, donde se sitúa un espacio público elevado que funciona como mirador y, al mismo tiempo, como escenario al aire libre, con vistas al río y a la ciudad.

Gran Ópera de Shanghái por Snøhetta. Fotografía por Yumeng Zhu.
Con este planteamiento, Snøhetta propone una concepción abierta de la arquitectura para las artes escénicas, al igual que en la Ópera Nacional de Noruega. El edificio deja de estar destinado exclusivamente a quienes asisten a una representación y se convierte en un espacio público de uso cotidiano, donde la actividad cultural se hibrida con el espacio social de la ciudad.
La estructura del Shanghai Grand Opera House ha sido realizada en hormigón armado, que en la cubierta exterior se combina con otra de acero, desarrollada en colaboración con la ingeniería Schlaich Bergermann Partner. El conjunto alcanza una altura máxima de 45,50 metros y tiene unas dimensiones aproximadas de 271 × 251 metros. Entre sus logros estructurales se encuentra la construcción de la escalera helicoidal exterior en voladizo, realizada con hormigón de ultraaltas prestaciones, que permite resolver una geometría curva de gran complejidad y luces de hasta 30 metros.

Gran Ópera de Shanghái por Snøhetta. Fotografía por Tian Fangfang.
La envolvente incorpora amplias superficies acristaladas que permiten la entrada de luz natural a los vestíbulos y espacios de circulación. Su fachada curva utiliza un sistema de muro cortina de vidrio aislante laminado multicapa de gran formato, cuya ejecución exigió un elevado grado de precisión en la fabricación y el montaje de los elementos.
En el interior, la selección de materiales responde tanto a criterios espaciales como acústicos. La madera de roble se utiliza en los pavimentos de las galerías y en los revestimientos de los auditorios, donde adquiere tonalidades rojizas. Los revestimientos textiles suavizan el ambiente interior y contrastan con el acabado blanco del exterior. El acondicionamiento acústico, desarrollado en colaboración con Nagata Acoustics, se adapta a las necesidades de las distintas salas, mientras que sus sistemas escénicos permiten acoger producciones operísticas, conciertos y representaciones experimentales. El auditorio principal dispone de un escenario de aproximadamente 3.500 m², equipado con sistemas mecanizados para facilitar los cambios de escenografía.

Gran Ópera de Shanghái por Snøhetta. Fotografía por Yumeng Zhu.
El tratamiento interior de los tres auditorios establece una identidad diferenciada para cada espacio mediante la utilización de materiales, colores y soluciones acústicas específicas. La sala principal, Harmony Hall, se caracteriza por sus superficies de tonos rojo oscuro, concebidas para favorecer la resonancia de la voz humana. Su aforo se distribuye en cinco niveles, con palcos laterales que buscan reducir la distancia entre el público y el escenario. Las otras dos salas presentan una transición hacia tonalidades más claras, adaptadas a sus diferentes formatos escénicos y condiciones acústicas.

Gran Ópera de Shanghái por Snøhetta. Fotografía por Tian Fangfang.
La Ópera de Shanghái prolonga una línea de trabajo desarrollada por Snøhetta en China, visible en la Biblioteca de Pekín (2023) y en su propuesta para el Museo de Arte de la Bahía de Qiantang, en Hangzhou (2025), donde los equipamientos culturales se conciben como espacios de encuentro y actividad pública, estrechamente vinculados con el entorno.
En Shanghái, la nueva ópera se incorpora a una transformación urbana y cultural de mayor alcance, junto a intervenciones como el Gran Teatro del West Bund, de Schmidt Hammer Lassen Architects (2025), o el GATE M West Bund Dream Center, de MVRDV (2025). Frente a estas actuaciones, la propuesta de Snøhetta adquiere una dimensión paisajística más explícita al convertir la cubierta en una prolongación del espacio público y vincular el edificio con la recuperación de las riberas del Huangpu.