Inspirada en la lógica del antiguo rompecabezas de origen chino, la propuesta para la «Casa Tangram» de Bioma se define a partir de un contorno simple, permeable a distintos escenarios de uso cambiantes. Como fichas de un juego, las actividades como dormir, cocinar, descansar o trabajar activan una serie de acciones que habilitan múltiples combinaciones. Es en esta interacción donde el espacio interior abierto cobra verdadero sentido.
Formalmente, el cuadrado principal que configura la vivienda es perforado por un patio central rotado, que interrumpe el orden ortogonal mediante una diagonal. Para su ejecución, el prototipo adopta una estructura de columnas galvanizadas perimetrales y dos conjuntos de cerchas metálicas: unas siguen las diagonales del cuadrado, mientras que las otras vinculan puntos intermedios del perímetro. De este modo, la planta se libera por completo de apoyos interiores, dando lugar a un volumen compacto y abierto, dispuesto a alojar diversas formas de habitar.

«Casa Tangram» por Bioma. Fotografía por Luis Barandiarán.
Descripción del proyecto por Bioma
La Casa Tangram se concibe como un prototipo habitacional: un artefacto liviano que se posa sobre patas y apenas roza el terreno, una pieza técnica dispuesta a ser asimilada por el paisaje antes que a imponerse sobre él. Una estructura exenta sostiene una envolvente continua que recoge patios en su perímetro y espesa sus bordes para alojar servicios, guardados y espacios intermedios. Ese perímetro tecnificado opera simultáneamente como soporte y como dispositivo móvil: planos deslizantes y plegables permiten integrar o atenuar el exterior, regular aire y luz, abrirse al humedal y al horizonte o concentrarse hacia adentro. La casa ensaya así otra lógica de construcción, capaz de convivir con el entorno natural y sostener el confort y el refugio necesarios.
El contexto es un barrio particular de Chapadmalal, compuesto por casas exentas, sin medianeras, dispuestas como piezas sueltas sobre las márgenes de un pequeño humedal y a pocas cuadras de los acantilados. Una comunidad baja y dispersa que habita entre la laguna, el mar cercano y un paisaje todavía intermedio entre lo rural y lo costero. En ese escenario, la vivienda aparece como un cuadrado de 8 x 8 m que actúa como primer prototipo construido para un habitar intermitente.
En este dispositivo, una estructura de doble geometría organiza el conjunto. El cuadrado, perforado por un patio girado en el centro, superpone al orden ortogonal del perímetro una diagonal que orienta el acceso, pauta los recorridos y recorta vistas hacia la pequeña laguna. La estructura se resuelve mediante columnas galvanizadas perimetrales y dos familias de cabreadas metálicas: unas siguen las diagonales del cuadrado, otras vinculan puntos intermedios del borde. Este entramado libera por completo la planta de apoyos interiores y, al mismo tiempo, fija el criterio de las horadaciones y espesores del proyecto: la posición del patio, las aperturas en la cubierta, la manera en que el perímetro se engrosa para volverse soporte para el habitar.
Sobre ese soporte estructural se monta la matriz proyectual inspirada en la lógica del tangram: un contorno simple, un número acotado de operaciones y muchas formas de combinarlas. Aquí las piezas ya no son triángulos o polígonos, sino verbos. Dormir, cocinar, descansar, trabajar, mirar, abrir, cerrar se transforman en las fichas del juego y colonizan la estructura: ocupan el borde espeso, densifican ciertos tramos, vacían otros, organizando el campo interior. En este primer prototipo no hay dormitorios ni habitaciones como recintos definidos; es un espacio abierto donde la conformación del vacío, tensado entre patio y perímetro, delinea escenas de uso cambiantes. La misma regla permite imaginar ampliaciones futuras –nuevos cuadrados adosados con configuraciones internas distintas– y, a otra escala, un sistema de casas o módulos tangram que comparten lógica antes que forma repetida.
La materialidad acompaña tanto el clima marítimo como la condición de artefacto. En un ambiente de aire salino y alta corrosión, la estructura se construye en acero galvanizado y la envolvente en chapa traslúcida opalina, que resiste mejor la atmósfera costera y tamiza la luz.
Desde el exterior, la casa se percibe como un volumen compacto y preciso; desde el interior, como una cámara luminosa y permeable. Un primer cuadrado habitado que, fiel a la lógica del tangram, mantiene abiertas sus próximas combinaciones.