La intervención de micro-arquitecturas proyectada por STARTT permite a los visitantes acceder a las dos plantas que conforman el proyecto, introduciendo un nuevo sistema de rampas y un nuevo ascensor en el yacimiento arqueológico para garantizar el acceso completo a la planta superior. Los espacios expositivos albergan la capilla de la Basílica de Santa María ad Martyres, junto con fragmentos arquitectónicos que representan las diversas fases históricas del Panteón y la Basílica de Neptuno.
En su intervención, se emplea el ladrillo y el metal. De esta manera, se establece un contraste entre las superficies de ladrillo originales y la materialidad de las láminas metálicas, a través de técnicas de galvanización, procesos de laminado y recubrimiento, donde se emplean negros de calamina, azules de laminación y oxidaciones de aleación, para crear un diálogo con la historia.
El paso hacia la Rotonda posee un filtro semitransparente de una estructura de almacenamiento, definido por una barandilla metálica. El ascensor se eleva como un elemento monolítico en la planta superior. Aquí, la unión entre el monolito y el suelo original, se produce mediante una separación acristalada.

Entrada a los espacios situados detrás de la Rotonda del Panteón – Nivel del foso. Panteón – Micro-arquitecturas para la Arqueología por STARTT. Fotografía por Alessandro Penso.
Descripción del proyecto por STARTT
Historia habitada
Panteón – Microarquitecturas para la Arqueología es el proyecto diseñado por STARTT para la recuperación y apertura al público de los espacios ubicados tras la Rotonda del Panteón en Roma. Estos espacios, distribuidos en dos plantas, están definidos por los contrafuertes que antiguamente conectaban el Panteón con la Basílica de Neptuno (siglo I a. C.). Estas salas dan testimonio de cómo el monumento era la cabecera de un sistema urbano longitudinal que se extendía a lo largo de la manzana hasta lo que hoy es Largo Argentina, antes de las demoliciones realizadas durante el Reino de Italia, que suprimieron parte de la Basílica y convirtieron el monumento en un espacio autónomo, con el propósito específico de transformarlo en el mausoleo del rey Víctor Manuel II.
Actualmente, se accede a estos espacios conservados desde la zanja lateral, por debajo del nivel de la calle pero a la altura del podio original del Panteón. Los espacios, ahora abiertos al público, albergan la capilla de la Basílica de Santa María ad Martyres, que conserva el icono bizantino más antiguo de Roma, junto con fragmentos arquitectónicos que representan las diversas fases históricas del Panteón y la Basílica de Neptuno. Estos elementos se exhibieron originalmente durante la época fascista como parte del antiquarium del Panteón del siglo XX y ahora se reinterpretan en una nueva exposición, comisariada por el Ministerio de Cultura bajo la dirección de Luca Mercuri, director del Panteón.
Arqueología inclusiva y secuencias espaciales / todo es visitable
El proyecto permite la apertura de estos espacios al público bajo los principios de inclusión social y accesibilidad universal. La intervención permite a los visitantes acceder a ambas plantas, que, debido a la excepcional naturaleza de los materiales recogidos y expuestos, constituyen un auténtico museo del propio Monumento. El proyecto opera mediante la sustracción, buscando enfatizar la espacialidad romana comprimida entre el cilindro perimetral de la Rotonda y el del ábside de la Basílica de Neptuno, aún perceptible como ruina desde la Via della Palombella.
Todas las salas involucradas han sido reinterpretadas como parte de una secuencia narrativa centrada en la percepción de esta compresión espacial. En la nueva distribución, todo se orienta hacia la exposición. El proyecto evita deliberadamente la separación convencional entre espacios de acceso público —como las salas de exposiciones en la planta superior o las destinadas a funciones religiosas en la planta baja— y espacios de servicio para el personal —como baños, almacenes y pasillos—.
Los espacios de circulación y las salas auxiliares se convierten en el lugar para explorar la relación entre el espacio histórico y el cuerpo del visitante; cada espacio se delimita y reorganiza como un espacio visitable mediante elementos arquitectónicos específicos del lugar.
Microarquitecturas
Como en una secuencia cinematográfica, los visitantes recorren distintos espacios cuyas funciones se destacan mediante elementos arquitectónicos específicos integrados en el tejido arqueológico. Estos dispositivos responden a requisitos técnicos y, a la vez, funcionan como instalaciones autónomas dentro del recorrido: microarquitecturas que interactúan con el espacio arqueológico, enfatizando sus huellas históricas. Una antigua plataforma de color bronce dialoga con la histórica puerta revestida de cobre; el icono bizantino de la Hodegetria con fondo dorado parece flotar sobre el coro restaurado de madera oscura; el paso hacia la Rotonda está mediado por el filtro semitransparente de una estructura de almacenamiento sobre la que se imprime la célebre forma urbis de Rodolfo Lanciani. Este último espacio se define por una barandilla metálica que dirige el camino y se fusiona con las láminas metálicas del ascensor; el ascensor se eleva como un elemento monolítico en la planta superior. Aquí, la unión entre el monolito y el suelo original se produce mediante una separación acristalada que permite a los visitantes percibir la distancia —literal y temporal— entre la nueva intervención y la preexistencia histórica.
La materialidad como narrativa
La intervención emplea elementos arquitectónicos contemporáneos individuales, diseñados para hacer legible y perceptible el espacio antiguo para el visitante mediante el contraste de materiales (lo antiguo: ladrillo, frente a lo contemporáneo: metal).
Donde el espacio histórico se estrecha o se expande siguiendo las curvas de ladrillo del Panteón y las ruinas del ábside de la Basílica de Neptuno, el recorrido se despliega horizontal y verticalmente a lo largo, por encima y dentro de los paneles metálicos utilizados para su acabado. Mediante un tratamiento superficial intencionadamente no uniforme, estos paneles dialogan con la pátina del tiempo que marca el Monumento. El proyecto establece así un diálogo entre el polvo de las superficies de ladrillo originales y la materialidad de las láminas metálicas, a través de las técnicas de galvanización, los procesos de laminado y recubrimiento, donde se emplean negros de calamina, azules de laminación y oxidaciones de aleación según las enseñanzas del Arte Povera romano, para crear un diálogo cotidiano con la historia.
Se presta especial atención a la accesibilidad: se introduce un nuevo sistema de rampas y un nuevo ascensor en el yacimiento arqueológico para garantizar el acceso completo a la planta superior. Este requisito funcional se interpreta también de forma figurativa en el diseño de un gran monolito suspendido en el centro del espacio de doble altura, que se disuelve gradualmente hacia arriba al ser iluminado por los grandes ventanales térmicos superiores.
Contexto de la intervención
El proyecto forma parte de un extenso programa de intervenciones —iniciado en 2019 e impulsado por el Director General de los Museos Estatales Italianos, Massimo Osanna— con el objetivo de hacer accesibles las diversas áreas arqueológicas del Panteón, actualmente cerradas al público.
Esta intervención se realiza bajo la coordinación y supervisión de la arquitecta Gabriella Musto. Junto con la nueva exposición museística comisariada por el personal del Ministerio de Cultura y promovida activamente por el Director del Panteón y de los Museos Nacionales de la Ciudad de Roma, Luca Mercuri, esta realización representa la primera fase de las obras que abren una parte significativa del Monumento al público a través de una nueva entrada desde el llamado Foso del Diablo.