El edificio proyectado por Nexo Arquitectura, ComboLab y Equipo.exe se desarrolla en un único volumen plegado respecto de la alineación urbana. Esta operación genera una silueta dinámica que responde tanto a condicionantes solares como a la escala del entorno. El conjunto alberga 83 unidades de uno y dos dormitorios, concebidas con ventilación cruzada para optimizar el soleamiento y el confort ambiental. Las cocinas, de entre 7 y 12 m², recuperan su papel como espacios centrales de convivencia, mientras que las terrazas orientadas al Urumea funcionan como dispositivos bioclimáticos.
Desde el punto de vista constructivo, el proyecto apuesta por sistemas industrializados y altamente prefabricados que reducen los tiempos de ejecución y la huella ambiental. La estructura combina un zócalo de hormigón y acero con volúmenes superiores resueltos mediante paneles de madera laminada CLT, integrando soluciones de bajo impacto ecológico con una lógica tectónica visible.

83 alojamientos dotacionales por Nexo Arquitectura + ComboLab + Equipo.exe. Visualización cortesía de Nexo Arquitectura + ComboLab + Equipo.exe.
Descripción del proyecto por Nexo Arquitectura + ComboLab + Equipo.exe
El proyecto de alojamientos dotacionales en Riberas de Loiola propone una revisión contemporánea de la vivienda colectiva a partir de la hibridación tipológica entre torre y zócalo. Ambas formaciones se integran en un único volumen de altura variable que se pliega respecto de la alineación urbana, buscando la mayor exposición al mediodía. Esta operación permite minimizar la obstrucción solar y ofrecer, al mismo tiempo, una respuesta icónica a la singularidad del contexto urbano en que se inserta. El resultado es un volumen tallado por el Sol, que remite a la obra de Eduardo Chillida y Jorge Oteiza por su concepción del vacío y su dialogo con la materia.
El conjunto alberga ochenta y tres alojamientos de uno y dos dormitorios, concebidos bajo criterios de máxima flexibilidad y adaptabilidad. Todas las unidades cuentan con ventilación cruzada, optimizando tanto las condiciones de soleamiento como el confort ambiental. En este sentido, la domesticidad se reconfigura a partir de los parámetros propuestos desde el Decreto de Habitabilidad del Gobierno Vasco, que incorpora criterios de género y salud post-COVID. Las cocinas, de entre 7 y 12 m², recuperan su centralidad como espacios de convivencia, mientras que unas generosas terrazas de al menos 4 m² extienden el ámbito doméstico hacia el exterior. Orientadas hacia el curso del Urumea, estas se conciben como dispositivos de mediación climática, capaces de captar ganancias solares en invierno y mejorar el comportamiento energético del conjunto. Así, la vivienda se redefine como un espacio isótropo, donde las estancias presentan dimensiones equivalentes y permiten múltiples formas de uso.
La estrategia bioclimática del edificio se apoya en tres principios fundamentales: la compacidad volumétrica, el aprovechamiento de la radiación solar mediante galerías y terrazas, y el aprovechamiento de la inercia térmica del terreno a través de sistemas geotérmicos. A ello se suma la incorporación de instalaciones sensorizadas que permitirán la construcción de un gemelo digital del edificio, facilitando la monitorización de su comportamiento en tiempo real. Este enfoque sitúa a los residentes en el centro de la gestión, con especial atención a fenómenos como la pobreza energética.
Desde el punto de vista constructivo, el edificio apuesta por sistemas altamente prefabricados que reducen tanto los tiempos de ejecución, como la huella ambiental. El armazón estructural se resuelve con un zócalo de hormigón y estructura metálica, sobre el que se apoyan sendos volúmenes construidos con madera laminada CLT, integrando así soluciones industrializadas con materiales de bajo impacto ecológico. Esta lógica constructiva conecta con referencias vernáculas, como es el caso de los caseríos o de las casas de pescadores, cuya estructura de entramado de madera se organizaba como un armazón de pórticos arriostrados: la estructura configura el espacio interior, haciendo visible la propia tectónica del edificio; las vigas superiores y la cumbrera se prolongan para sostener el vuelo de la cubierta y las solanas en los pisos superiores. Este mecanismo permite generar voladizos significativos hacia el sur desde una lógica ligera y ensamblada.
El proyecto se inscribe en la intersección entre tradición y contemporaneidad, proponiendo un modelo de vivienda colectiva que, más allá de responder a exigencias técnicas y normativas, ensaya un nuevo paradigma del habitar: entendido como equipamiento urbano, más abierto, resiliente y energéticamente consciente.