El fallo que consagró al equipo formado por Campo Baeza y Maoda se hizo público el 6 de julio de 2026 durante un acto oficial celebrado en la capital ecuatoriana. En la ceremonia también se anunciaron las restantes distinciones de la convocatoria. El segundo premio fue otorgado al equipo MCMA–MP–EA, integrado por profesionales de Quito (Ecuador), Barcelona (España) y São Paulo (Brasil), mientras que el tercer premio lo obtuvo SANAA + A0-CPA-JHS, de Tokio (Japón).
Asimismo, se concedieron dos menciones de honor: la primera al equipo B720 Arquitectura y Lera, de Barcelona (España), por su propuesta Tipografía de Memoria; y la segunda al Consorcio Norte del Sur, conformado por estudios de Bogotá (Colombia) y Quito (Ecuador), por el proyecto Estratos de la Memoria.
El jurado estuvo integrado por los arquitectos Alejandro Zaera-Polo, Eduardo McIntosh, Hernán Crespo Bermejo, Luis López y Diego Ordóñez Holguín, junto con los representantes institucionales Roberto Luque Nuques y Carla Arellano Granizo, la viceministra de Cultura, Romina Muñoz, y el director del Museo Nacional del Ecuador, Carlos Montalvo. Concebido como un nuevo hito cultural junto al parque La Carolina, el proyecto está destinado a la exposición, conservación e investigación del patrimonio artístico del país. Para su desarrollo se prevé una inversión estatal de 100 millones de dólares destinada a la elaboración del anteproyecto arquitectónico.

Vista del MuNa desde el acceso. «Ecos del sol» por Estudio de Arquitectura Campo Baeza + Maoda. Cortesía de Estudio Campo Baeza/Ethan de Clerck.
Descripción del proyecto por Campo Baeza
El nuevo Museo Nacional del Ecuador es una caja para contener su historia y los más preciados tesoros artísticos de este hermosísimo país.
La propuesta preside el Parque de la Carolina, en la confluencia entre dos importantes vías. Y para responder a esta situación se retranquea hacia el sur, creando una gran plaza urbana. Una plaza para recibir a los visitantes, convenientemente tratada con filtros de árboles, agua y sombra para pasar del ruido de la ciudad al interior del museo.
También querríamos reafirmar el carácter vertical de la ciudad. Quito es una ciudad que busca el cielo, y la historia de la arquitectura andina anuncia esa relación vertical con el cielo y con el sol. No hay más que ver sus pirámides escalonadas, las Tolas de Cochasquí o el Templo solar de Ingapirca. Con ese mismo espíritu, se propone una caja vertical donde la luz y el sol son protagonistas. Una caja con patios y huecos excavados. Con una envolvente de espacios en sombra que funcionan como un filtro del sol. Una verdadera caja de luz y sombra que se abre a la ciudad y al imponente paisaje andino.
Dada la forma del predio, hemos optado por una planta rectangular que resuelve el programa de una manera eficaz y que permite optimizar los diferentes accesos y circulaciones. Hay tres bandas muy claras. Una primera, al sur, para los espacios de exposición. Una banda central para circulación. Y una tercera banda, al norte, que incluye los cuatro núcleos verticales de comunicación, con escaleras, ascensores y baterías sanitarias, y los patios, que permiten controlar la luz a la vez que funcionan como espacios expositivos de piezas exteriores.
Cada patio tiene su nombre: en la primera planta hacia el este tenemos el Patio Sol de Oro; en el centro ubicamos la terraza la Tolita; en el segundo piso el patio Pichincha; en el centro del cuarto piso el Patio Inti; hacia el este el patio Caspicara; en el quinto piso alto se encuentra el patio Legarda; en la sexta planta alta el patio Ingapirca y como remate del MUNA se ubica la terraza Quito a 2854 metros sobre el nivel del mar.
Hemos intentado crear para el Ecuador el museo más hermoso del mundo. Una arquitectura enmarcada por la luz y la sombra de Quito.