Además de la reorganización funcional, el proyecto ideado por Bardo Arquitectura se apoya en una estrategia arquitectónica con carga narrativa y escenográfica, en la que cada estancia posee una identidad propia. La vivienda se estructura a partir de una planta fragmentada que garantiza independencia entre zonas, con una circulación perimetral alrededor del patio que permite enlazar los distintos espacios.
A nivel constructivo y material, el proyecto combina una paleta de colores expresivos. Se destaca el uso del metacrilato en color neón para revestir elementos estructurales, actuando como filtro de luz y dispositivo de articulación espacial. En contraste, se emplean superficies continuas, microazulejos, DM lacado en tonos intensos y encimeras de piedra con geometrías onduladas. Esta combinación entre materiales industriales, acabados artesanales y soluciones a medida refuerza el carácter experimental de la intervención, donde lo técnico se integra en la construcción de la experiencia espacial.

Macedonia por Bardo Arquitectura. Fotografía por Germán Sáiz.
Descripción del proyecto por Bardo Arquitectura
Este proyecto de reforma en Madrid nace de una idea sencilla: sorprender.
El cliente tenía clara una única cosa: quería que la vivienda tuviese una planta fragmentada, con espacios independientes que diesen intimidad a las diferentes zonas de la casa.
A partir de esta premisa, y aprovechando la presencia de un patio propio que permitía una circulación perimetral continua, Bardo concibió la vivienda como una secuencia de estancias concatenadas, pensadas para generar sorpresa a medida que se recorren.
Con la sorpresa como hilo conductor, el proyecto fue adquiriendo un carácter marcadamente teatral y ecléctico. Cada elemento se entiende como parte de un decorado, diseñado para transformar la experiencia doméstica y dotar a cada estancia de una identidad propia.
Un pilar y una viga estructurales, imposibles de eliminar, se transforman al forrarse con metacrilato color neón. Lo que inicialmente era una limitación técnica se convierte en una pieza escultórica que articula el espacio y separa visualmente la zona de estar del dormitorio.
El metacrilato neón actúa como un verdadero dispositivo arquitectónico: filtra la luz, genera reflejos, construye transparencias y superposiciones, y convierte los pasos entre estancias en transiciones escenográficas. Más que separar, conecta. En el comedor, una pared curva panelada en DM lacado en color berenjena actúa como telón de fondo. Un gesto rotundo y un color inesperado que refuerzan la narrativa del proyecto y subrayan su vocación escenográfica.
La secuencia espacial se refuerza mediante un uso expresivo del color y la materia, donde cada espacio construye su propia atmósfera sin perder la continuidad del conjunto. La cocina se concibe como una reinterpretación contemporánea del espacio doméstico tradicional. El orden geométrico del alicatado blanco se contrapone a la fuerza cromática del mobiliario azul profundo, mientras que la encimera de piedra, con su geometría ondulada, introduce una lectura casi topográfica del plano de trabajo, transformando un elemento funcional en un gesto arquitectónico.
Los baños, sobre todo el de invitados se entienden como piezas autónomas dentro del relato general de la vivienda. En uno de ellos, la geometría curva, el microazulejo y el uso del color construyen una atmósfera casi onírica, donde la arquitectura se percibe como una experiencia inmersiva. En el otro, el proyecto se depura: superficies continuas, tonos terrosos y una materialidad más silenciosa generan un espacio de calma y recogimiento. Esta misma estrategia se aprecia en el patio, el cual se integra como una estancia más dentro del recorrido. La arquitectura se suaviza, los colores se vuelven más terrosos y la vegetación introduce una dimensión sensorial distinta, funcionando como contrapunto al carácter más escenográfico del interior. Esta estrategia también se presenta en el pasillo y, como ya decíamos, en el baño en suite del dormitorio ppal, funcionando los tres como espacios de transición.
El resultado de todo ello, por tanto, es el de una vivienda que no se entiende como una suma de habitaciones, sino como una experiencia espacial continua. Una casa concebida como un recorrido, donde cada estancia es una escena y cada transición, un momento. Una arquitectura que se recorre, se descubre y se vive como un relato, en el que la sorpresa no es un gesto puntual, sino la esencia misma del proyecto.