Para Moof Fitness Studio, Canobardin creó una arquitectura capaz de adaptarse con el tiempo sin perder su identidad. Con una estructura definida por dos áreas principales —una para ejercicios de suelo y otra para entrenamiento de fuerza—, la privacidad está garantizada en un espacio continuo, equilibrado y luminoso.
Un único material organiza todo el sistema: chapa metálica perforada, reinterpretada como una celosía contemporánea que articula una secuencia de planos filtrantes y espacios interconectados. La luz atraviesa las perforaciones, creando un juego de sombras y reflejos que complementa el ritmo del gimnasio.

Moof Fitness Studio por Canobardin. Fotografía por Imagen Subliminal.
Descripción del proyecto por Canobardin
El encargo no se limita a la resolución de un único local, sino que plantea la definición del ADN de una futura red de centros especializados. Además de establecer una identidad arquitectónica sólida, el objetivo debía ser diseñar un gimnasio unisex que transmitiera serenidad y confort, alejándose así de la saturación visual y acústica habitual en este tipo de espacios.
El gimnasio se concibe como un «mecano» arquitectónico. Piezas prefabricadas, lacadas y ensambladas en seco permiten su montaje, desmontaje y transformación continua. La arquitectura deja de ser un estado fijo para convertirse en una estructura evolutiva, capaz de adaptarse con el tiempo sin perder identidad, y de hacerlo también a otros espacios y lugares.
El programa se estructura en dos áreas principales: una zona de trabajo de suelo y una zona de fuerza, dedicada a maquinaria y peso libre. Para garantizar privacidad entre ambos ámbitos sin recurrir a particiones opacas que interrumpan la continuidad espacial, un único material organiza todo el sistema: la chapa metálica perforada. Tradicionalmente vinculada a la industria, se reinterpreta aquí como una celosía contemporánea que articula una secuencia de planos filtrantes y espacios encadenados. La luz, al atravesar las perforaciones, proyecta un juego de sombras y reflejos que transforma el ambiente a lo largo del día, acompañando el ritmo del entrenamiento.
Los dos ámbitos —suelo y fuerza— conviven en un espacio continuo, equilibrado y luminoso. La privacidad se construye de forma sutil, manteniendo la percepción de conjunto y favoreciendo la concentración.
La identidad del proyecto se refuerza con una paleta contenida pero reconocible: el Melongelb RAL 1028 introduce una energía cálida en las estructuras, el blanco técnico amplifica la luz y el azul eléctrico aporta precisión gráfica en los elementos de comunicación.
En fachada, se extiende esta lógica arquitectónica hacia la ciudad con una doble capa de chapa perforada que intensifica la privacidad del interior. La rotulación, generada a partir del propio material plegado, construye una presencia tridimensional, que varía con la luz y el movimiento del observador. Un luminoso recorre la fachada, introduciendo un mensaje dinámico que vincula el gimnasio con el flujo de la calle.