En las «Casas MG» proyectadas por delaVegaCanolasso, se libera al máximo la planta baja. En el exterior se sitúan el jardín y la piscina, que conectan con un programa interior compuesto por el recibidor, el comedor, la cocina y el estudio, situando en la parte alta los dormitorios que permiten optimizar la superficie.
Las viviendas, relacionadas con sus respectivos patios, se abren a sus jardines, lo que facilita la ventilación cruzada y construye un sistema de «chimeneas» térmicas que regulan el clima de manera pasiva. De la misma manera, un cuarto patio enterrado actúa como reserva de aire fresco e iluminación natural, además de integrar luz cenital a través de lucernarios en los baños, el núcleo de escalera y uno principal que atraviesa toda la casa.

Casas MG por delaVegaCanolasso. Fotografía por Paco Marín.
Descripción del proyecto por delaVegaCanolasso
En un tejido de planeamiento abigarrado —parcelas mínimas, viviendas pareadas y calles carentes de vegetación— el proyecto se posiciona desde la introspección. Frente a un entorno inmediato fragmentado y, en ocasiones, hostil en su escala y proximidad, las casas se conciben como refugios ensimismados, con un rico mundo interior, exuberante y fresco que desplaza el foco desde lo exterior hacia una experiencia doméstica contenida, serena y cuidadosamente construida.
Se trata de tres viviendas adosadas para tres familias distintas que, pese a sus distintas distribuciones interiores, forman una única entidad formal y visual.
No se persigue la uniformidad, sino una coherencia basada en estrategias comunes: cada casa es diferente, pero todas responden a una misma lógica espacial, climática y material.
La implantación parte de una decisión clara: cerrar la vivienda hacia la calle —situada al este— y volcarla hacia el jardín, orientado al oeste.
En parcelas reducidas, esto implica liberar al máximo la planta baja para el jardín y el porche, desplazando el mayor programa construido a la planta alta. Así, una rotunda «pastilla» de dormitorios se sitúa sobre el estar, comedor y estudio, no solo optimizando superficie sino actuando como protección solar frente al duro poniente, generando a su vez un profundo porche.
Sin embargo, la operación fundamental no es solo volumétrica, sino atmosférica. La vivienda se sitúa ligeramente a una cota inferior respecto al jardín y al patio central, de manera que la mirada se establece a ras de la vegetación. Este gesto sutil transforma la percepción del entorno: el límite visual se construye desde lo vegetal y no desde lo edificado. El profundo porche, tamizado por lamas de madera de castaño, junto con la densidad del jardín, filtra las vistas y diluye la presencia de edificaciones cercanas, a menudo desproporcionadas.
En el interior, la luz se trabaja como un material más. Se rehúye la incidencia directa para favorecer una iluminación filtrada, cambiante y doméstica. Para ello, tres patios organizan la distribución de cada casa: introducen el jardín en el interior, generan ventilación cruzada y construyen un sistema de “chimeneas” térmicas que regulan el clima de manera pasiva. Un cuarto patio, enterrado, actúa como reserva de aire fresco y luz, reforzando esta lógica ambiental.
La cocina se abre a un pequeño patio orientado al este, donde un emparrado filtra la luz de la mañana y construye un ámbito cotidiano, íntimo, casi ritual: el desayuno bajo sombra vegetal. Los lucernarios —el principal atravesando toda la casa para bañar la pared del estar, en los baños o en el núcleo de escalera— completan este sistema, introduciendo luz cenital e indirecta en los puntos más profundos de la casa.
El resultado es un conjunto de viviendas que, aunque masivas y contenidas hacia el exterior, se revelan permeables y complejas hacia el interior. Compactas en su forma, pero horadadas por vacíos que permiten que el jardín penetre en la vivienda y que la vivienda se expanda hacia el jardín.
En definitiva, un sistema doméstico que construye un pequeño oasis: un lugar donde la luz se filtra, la vegetación acompaña y el exterior inmediato se diluye. Un espacio del que no es necesario salir.
«Debemos buscar que los jardines sean casas y las casas sean jardines».
Luis Barragán