Zlesart proyecta para las viviendas-estudio de madera Bee house, un espacio destinado a la conexión con la naturaleza. Para ello, utiliza materiales como la madera de roble, para el revestimiento, estructura, y mobiliario a medida, producidas por un aserradero cercano; el metal en fundición, producto de una fundición local; y grandes ventanales de vidrio que nos introducen en el paisaje exterior.
Los particulares techos de tablones de encofrado y vigas en H, permiten la abertura de grandes ventanas posibilitando la entrada de luz, contrastado con la fachada oscura, producto de la técnica Shou Sugi Ban, ofreciendo durabilidad y resistencia al revestimiento.

Bee house por Zlesart. Fotografía por Boysplaynice.
Descripción del proyecto por Zlesart
Pocos proyectos recién terminados están rodeados de una vegetación tan exuberante como la que envuelve el conjunto Bee House. Este grupo de casas-estudio de madera fue proyectado y construido por Petr Novák como un lugar para vivir y trabajar en estrecho contacto con la naturaleza. La idea de este pequeño complejo residencial en las afueras de un pueblo de la región de Vysočina se gestó gradualmente, a la par del crecimiento del negocio familiar que proporcionó el respaldo técnico y financiero para su realización, y junto con los árboles que Novák plantó en el terreno hace más de veinte años.
El terreno, que antiguamente servía como vertedero de escoria para una fundición cercana, fue transformado con el tiempo por la familia en un extenso jardín que ahora ofrece un entorno apacible para quienes buscan vivir y trabajar en un entorno natural tranquilo. Los estudios se alquilan a largo plazo.
La arquitectura de las casas-estudio de madera se inspira en las sencillas construcciones rurales que reflejan la honestidad y el carácter del paisaje local. La fuerte conexión del proyecto con su entorno también se evidencia en los materiales utilizados tanto en la estructura como en los interiores. Los singulares techos están hechos de tablones de encofrado y vigas en H fabricadas por un aserradero local. Si bien este sistema estructural se suele utilizar en construcciones monolíticas de hormigón, aquí se deja a la vista y, realzado con detalles en amarillo, se convierte en un elemento arquitectónico distintivo. Los techos luminosos contrastan con la fachada oscura de madera de roble carbonizada mediante la técnica Shou Sugi Ban, que garantiza durabilidad y requiere un mantenimiento mínimo.
Los interiores se caracterizan por una distribución diáfana, materiales naturales y grandes ventanales que conectan los espacios con el jardín. El revestimiento de paredes, las puertas y otros elementos interiores están hechos de lamas de roble procedentes de un aserradero cercano. Las lamas del suelo se pegaron y prensaron sobre tableros de partículas y se utilizaron como grandes paneles de pared de 2,7 × 1 metro. Las puertas correderas de roble se extienden hasta el techo, reforzando la sensación de amplitud y permitiendo la vista a través de los espacios. Cada estudio se distingue por su propia paleta de colores —amarillo, rojo, gris o verde—, lo que confiere a cada vivienda un carácter único.
El proyecto incluye cocinas a medida y todo el mobiliario interior, así como la iluminación y otros detalles. Tiradores, manillas y otros elementos se fundieron en una fundición local de latón y aluminio, utilizando modelos elaborados con ramas, troncos y hojas de haya. Un motivo de hojas metálicas perforadas se repite en todo el recinto, incluyendo la puerta de entrada y un trastero, creando un elemento visual unificador.
La disposición compacta de los edificios proporciona privacidad —gracias a la orientación de las viviendas y su ubicación entre la vegetación— y espacios comunes compartidos. El jardín es, por lo tanto, una parte esencial del proyecto, que confiere al entorno una sensación de intimidad. Cada estudio cuenta con su propio jardín, delimitado por plantas perennes, gramíneas ornamentales, piedras aisladas y vallas de madera carbonizada. El diseño paisajístico integra el complejo de forma natural con el paisaje circundante. Los jardines se riegan con agua de un pozo local. Los edificios se asientan sobre pilotes, lo que minimizó el impacto en el terreno y permitió su cuidadosa ubicación entre los árboles maduros.
Los senderos frente a los estudios están pavimentados con grava ocre, mientras que las terrazas están formadas por tablones de roble de formas orgánicas que continúan la misma estética de los suelos interiores. Las luminarias de cobre y acero, como sutiles puntos de luz que recuerdan a las velas, contribuyen a la atmósfera serena del lugar.
Un aparcamiento compartido de hormigón pulido y pavimento de piedra arenisca de Božanov refuerza el carácter natural del complejo. Los estudios comparten una hoguera y una sauna comunes, y se prevé la construcción de instalaciones deportivas en el futuro.
Bee House representa la transformación de un terreno anteriormente degradado en un espacio donde la vida, el trabajo, la artesanía local y la vida comunitaria se entrelazan armoniosamente.