FEMINIDAD, FEMINISMO, FEMINIZACIÓN. “Espacios para Arquitectas”

20/11/2014
FEMINIDAD, FEMINISMO, FEMINIZACIÓN. “Espacios para Arquitectas”
Roca Madrid Gallery [MAD] España. 24/11/14
metalocus, VERÓNICA ROSERO
Espacios para Arquitectas
Una reflexión a propósito del coloquio “Espacios para Arquitectas” del 27 de octubre en Madrid Roca Gallery. Primer encuentro: “El Estado de la Cuestión”.

“No perder el talento ni dejarlo invisible” es una las frases que atrapo entre las primeras palabras de la presentación de Martha Thorne, directora ejecutiva del Premio Pritzker y comisaria, junto con Ariadna Cantis de “Espacios para Arquitectas”, un ciclo de conversaciones con importantes y talentosas mujeres del mundo de la arquitectura. En el gran sofá del Salón Talk de “Madrid Roca Gallery” se sentaron Inés Sánchez de Madariaga, Nuria Álvarez Lombardero, Aurora Adalid y Benedetta Tagliabue, protagonistas de un interesante coloquio sobre el “Estado de la Cuestión”. Esta reseña es un esfuerzo más por visibilizar otra de las acciones por parte de mujeres que creen en la necesidad de la lucha por la igualdad de género.

Cada espacio es susceptible de lecturas e interpretaciones.  Al llegar a Madrid Roca Gallery, una pantalla gigante de leds comunica en su fachada principal el evento. En el interior la galería recibe a sus visitantes con un espacio expositivo de piezas que acertadamente dejan entrever sus siluetas a través de unas cortinas traslúcidas de color plata, provocando una ambigüedad entre el pudor doméstico y el exhibicionismo expositivo que exige el lugar. Finalizado el coloquio Antonio Lamela, arquitecto autor del proyecto de la Madrid Roca Gallery, opina que para superar el problema de la invisibilidad de la mujer en la profesión, ésta “no debe tener pudor de mostrar”… su trabajo, claro está. Es una opinión acertada: parte de las lecciones de la modernidad es que ser moderno conllevaba la voluntad de ser mediático. Viene a mi cabeza aquella imagen de Le Corbusier desnudo pintando uno de los murales de la Casa E.1027 de la arquitecta Eileen Grey; un exhibicionismo mediático  frente al trabajo de Grey que fue ocultado por muchos años.

Pero vuelvo al espacio. La pieza estrella, a la vista de todos y sin velos es la bañera “dama retro” diseño de Giorgetto Giugiario (premio a “Diseñador de Autos del Siglo en 1999). Inevitablemente dibujo en mi mente la icónica imagen de la mujer extendiendo sus largas piernas que sobresalen entre la espuma, imagen que caló en nuestras cabezas debido a la publicidad sexista y/o hedonista de la posguerra en la que se sensualizó a la mujer pensando en reforzar su papel de madre y ama de casa. Pienso en lo sugerente de estas ambigüedades que percibo y  en el protagonismo de aquella bañera que me ha llevado a dibujar un estereotipo. Este estereotipo de la mujer sensualizada fue a su vez el que provocaría la negación de esta imagen por parte de grupos feministas que reaccionaron estableciendo como parte de su lucha la imagen contraria: la de la mujer masculinizada. Fue esta imagen masculinizada (física o conductual)  por la que se decantaron muchas de las arquitectas que tuvieron su espacio en los altos niveles de la profesión en el siglo XX. Quiero pensar que hoy la mujer en un abanico de posibilidades, puede escoger su imagen por opción y no por obligaciones o condicionantes laborales o sociales.

Este es sólo el inicio de esta reseña sobre una noche de reflexiones, nuevos vínculos y empatías que he decido dividir en tres instancias: feminidad, feminismo y feminización.


De izquierda a derecha: Martha Thorne, Ariadna Cantis, Inés Sánchez de Madariaga, Nuria Álvarez Lombardero, Aurora Adalid, Benedetta Tagliabue. Foto cortesía de Madrid Roca Gallery.

FEMINIDAD.

Benedetta Tagliabue explica: una posición de poder en una mujer no está aceptada por la sociedad porque no es sexy. El público ríe, aunque ella y las demás invitadas, arquitectas muy femeninas, no se ajusten al estereotipo. La presencia de Benedetta  fue muy positiva, intuyendo (o quizá ya lo sabía…) que sería nombrada miembro del jurado del Premio Pritzker al día siguiente. Ella destacó la capacidad de adaptación de las mujeres y su intuición, esa “inteligencia inmediata” que ha logrado que hoy incluso las arquitecturas hechas por hombres sean más femeninas: los envolventes, las pieles o las metáforas con un guiño a labores tan domésticas como el tejido. Siempre de alguna forma se deriva en lo doméstico, puede ser porque ejemplifica muy bien muchos de los conflictos de la estructura patriarcal, como cuando Benedetta habla del hecho construir la mesa cada noche para la cena en una especie de acto fugaz que desparece tan o más fácil de lo que se colocó. Pero la fugacidad de la presencia femenina en el acto de construir arquitectura, de hacer ciudades presenta actualmente un mejor panorama: “no ha habido hasta ahora mejor momento para la mujer en la sociedad”, opina.

¿Es cuestión de tiempo una paridad de género en la profesión? No. De hecho este testimonio alentador de Benedetta, no anima a quedarse a la espera. Su caso es una isla en un contexto en el que las arquitectas se enfrentan a una difícil y precaria inserción laboral, a un alto abandono de la profesión a medida que los años pasan, constatando además escasos ejemplos de independencia profesional. A estos factores se suma un alto grado de negación del problema incluso por parte de las propias mujeres. Yo personalmente he percibido la negación del problema cuando escribo sobre estos temas: las respuestas de hombres aseguran en su mayoría que es una cuestión de percepción personal, mientras las mujeres en su mayoría prefieren mantenerse el margen. Habría que preguntarse por qué, me dice Martha Thorne. Más adelante, en una conversación personal, Aurora Adalid me comenta: el opinar o debatir sobre género significa mostrar vulnerabilidad e incluso se ha llegado a decir que es un asunto de baja autoestima. Para muchas mujeres resulta más efectivo evadir el tema antes que perder escalas de posición, aparecer vulnerables y/o (acogiéndose a los estereotipos más duros) no femeninas.


Dibujo conceptual. Estación de metro de Clichy-Montfermeil, París. Por Miralles Tagliabue EMBT y Bordas +Peiro.


Collage conceptual. Estación de metro de Clichy-Montfermeil, París. Por Miralles Tagliabue EMBT y Bordas +Peiro.

FEMINISMO

¿Por qué negar algo que está tan latente? Inés Sánchez de Madariaga apunta que existe una “disonancia cognitiva”. La disonancia cognitiva es un conflicto entre dos pensamientos incompatibles debido a creencias culturales arraigadas y  sistemas de ideas preestablecidas que en el caso de la lucha feminista provocan un conflicto interno en la mujer, llevándola a cuestionarse si es necesario sumarse a la lucha aunque sus causas sean evidentes.

Inés enumera varias de ellas: entornos laborales no adaptados y con frecuencia hostiles a personas con responsabilidades familiares, los estereotipos y sesgos de género, incluyendo dobles estándares (doble moral) y dobles vínculos (mensajes contradictorios), las prácticas historiográficas y de la crítica arquitectónica que han mitificado la figura del/ la arquitecto/a y su consecuente asociación con el star system. Este star system sistemáticamente ha invisibilizado a la mujer a través de la ocultación del trabajo colaborativo que la arquitectura implica, dando crédito y fama a una sola persona. Se me ocurre un ejemplo: en el documental “My Architect. A son’s journey” de Nathaniel Kahn, hijo de Louis Kahn, reivindica el papel de las tres mujeres más importantes de la vida de su padre,  compañeras sentimentales y de trabajo (una de ellas su madre), quienes colaboraron activamente en sus proyectos y no recibieron crédito por ello.

Estas causas podrían considerarse como subjetivas si no fuera por los datos estadísticos. Inés ha dirigido un gran número de investigaciones sobre mujeres en la arquitectura española desde el año 2000. En sus trabajos ha mostrado con datos estadísticos la poca integración vertical y las complejidades de la promoción profesional de las mujeres. En la Escuela de Arquitectura de Madrid, por ejemplo, por cada 2.3 profesores titulares hombres hay un catedrático, pero en el caso de las mujeres hacen falta 11 profesoras titulares para que una sea catedrática. La Escuela de Arquitectura de Madrid tiene tan sólo 2, una de ellas a punto de jubilarse. Los campos donde la situación de las mujeres es peor es en Proyectos Arquitectónicos; sólo dos catedráticas en España, y en Urbanismo, sólo una. Pese a la intensa feminización de la carrera en los últimos años donde el 60% del alumnado son mujeres, sólo un 4% de las cátedras son ocupadas por ellas. A esto se suma el alto índice del indicador definido por la Comisión Europea de “techo de cristal”, que mide la probabilidad de promocionar comparativamente entre hombres y mujeres. Este es un límite difícil de traspasar en la carrera laboral de las mujeres, que les impide alcanzar metas profesionales para las que, aún estando sobradamente preparadas, las estructuras, estereotipos y sesgos impiden su ascenso a los niveles más altos de la profesión.  Un Índice de techo de cristal igual a 1 indica que no hay sesgos en la promoción de hombres y mujeres, es decir, que hay igualdad efectiva de oportunidades. Lo realmente llamativo es que en la Escuela de Arquitectura de Madrid el índice del techo de cristal es especialmente alto, superior al 8. La media de este índice para toda la Universidad Politécnica se encuentra por debajo del 2.5, mientras que para todos los campos del conocimiento en el conjunto del país está ligeramente por encima de 2. Este índice es una medida clarísima de la extensión del problema que tenemos las mujeres en la arquitectura.


“Fair Shared Cities. The Impact of Gender Planning in Europe”. Libro editado por Inés Sánchez de Madariaga y Marion Roberts. Ashgate, Aldershot-Nueva York, 2013.

FEMINIZACIÓN

Los datos muestran que la feminización de la carrera es eminente. Pese a esto, muchos y muchas insisten en no utilizar la forma femenina de la palabra. Es curioso como el diccionario de la RAE contempla la palabra en masculino y femenino (arquitecto, ta.) pero añade más abajo: “Usada también la forma en masculino para designar el femenino. Laura es arquitecto”. Fue Aurora Adalid, quien hizo énfasis en su condición de arquitecta (con a) y en la importancia del lenguaje y de la feminización del término, además de la importancia de los roles horizontales en la oficinas de arquitectura.

Que no quede duda que la problemática existe. En España, comenta Inés, pese a la feminización de la carrera, en los niveles Senior de la profesión la integración vertical de la mujer no ha avanzado en los últimos 20 años. Esto demuestra que no es cuestión de tiempo; es necesario actuar. Afortunadamente hay quienes se han tomado esta causa de manera profunda y especializada, como Nuria Álvarez Lombardero quien tras culminar su tesis doctoral sobre arquitectura y género organiza por segundo año consecutivo un Congreso académico especializado en el que se realiza una convocatoria para la exposición y publicación posterior de interesantes y destacados temas en el área. El próximo congreso tendrá lugar en Lisboa en 2015. El primero (Sevilla, 2013) también hizo  énfasis en la feminización de la palabra: se titulaba “ArquitectAs”. Nuria busca una explicación a la nula presencia masculina en aquel congreso, quizá por la temática o por el contexto en general, aunque cabe mencionar que en el coloquio que ahora reseño, la presencia masculina se hizo notar.  La participación masculina en este tipo de encuentros es fundamental, puesto que se busca la integración y la compresión de la problemática desde esta contraparte hegemónica y que en gran proporción le interesa mantener el status quo.

Inés planteó algunas soluciones: conocer la realidad, conocer los datos y los estudios de género y divulgarlos, obtener apoyo en los niveles altos de decisión, revisar la organización del trabajo desde una perspectiva que tiene en cuenta las realidades familiares. “Calidad=Equidad”, finaliza ella. La feminización de las esferas laborales de la arquitectura es un objetivo latente. Es necesario poner en crisis los arraigados roles sociales y laborales, desmitificar a el/la arquitecto/a y su obsesión por la vida productiva, así como comprender que hoy por hoy existen valores femeninos que ya no son valores tangenciales de la profesión, sino principales. Desde el punto de vista más crudo y mordaz, la equidad llegará cuando una mujer mediocre pueda acceder a los mismos puestos que un hombre mediocre. Pero el  énfasis hay que ponerlo en esa  “Calidad y Equidad”, y ante la frase inicial “No perder el talento ni dejarlo invisible” añadiría “No negar el problema ni abandonar la excelencia”.

Rosero

Verónica Rosero, (Quito - 1981) Doctora en Arquitectura con su tesis “Demolición: el agujero negro de la modernidad”. Sobresaliente Cum Laude (Universidad de Alcalá, 2015). Doctorado Internacional por investigación en TU Delft. Máster en Proyectos de Arquitectura y Ciudad (UAH, 2009). Arquitecta (PUCE, 2006). Becaria Fundación Carolina (España) y Senescyt (Ecuador). Ha publicado varios ar...leer más