Canobardin concibe los espacios de acceso y los vestíbulos del teatro Maravillas como un recorrido gradual hacia la sala principal, donde la intensidad cromática y una iluminación cuidadosamente planteada envuelven al espectador y preparan la transición hacia la experiencia escénica.
El proyecto introduce una atmósfera dominada por tonos verdes azulados y turquesas que recorren todo el espacio y construyen una nueva identidad visual, con superficies más oscuras que ayudan a integrar los elementos técnicos y permiten que la arquitectura sea la verdadera protagonista.

Remodelación del Teatro Maravillas por Canobardin. Fotografía por Imagen Subliminal.
Descripción del proyecto por Canobardin
El encargo de remodelación del Teatro Maravillas plantea la transformación de uno de los espacios escénicos más emblemáticos del barrio de Malasaña. Pese a una intervención previa, el teatro había perdido coherencia tanto espacial como atmosférica: una paleta cromática dispersa, instalaciones expuestas, aseos deteriorados, una iluminación carente de intención estética y una sala incapaz de dirigir la mirada hacia el escenario.
El proyecto surge así con el objetivo de recuperar la poética y la liturgia propias del lugar, devolviendo al espectador una experiencia inmersiva y cuidada, en la que el espacio se perciba “vestido” y dispuesto para la representación. Esta intención se vio condicionada por una premisa clave: la obra debía ejecutarse íntegramente durante el periodo estival, lo que obligó a descartar cualquier intervención estructural y a centrar la estrategia en una transformación integral a través de acabados, luz y color.
La propuesta se articula en torno a cinco líneas principales: la unificación cromática, la mejora de la fluidez circulatoria, la depuración visual de los elementos técnicos, la dignificación de la sala principal y la reinvención de los aseos.
En contraste con la tradición del rojo teatral, el proyecto introduce una gama de verdes azulados y turquesas como hilo conductor. La reducción de la paleta aporta serenidad al conjunto, mientras que el negro se emplea como recurso para absorber techos e instalaciones, convirtiéndolos en un fondo neutro que intensifica el resto de la intervención.
Los vestíbulos se conciben como una experiencia tanto táctil como visual, donde la moqueta de tweed dialoga con paramentos revestidos en seda turquesa. Un gran telón azul reorganiza la circulación, ocultando las áreas administrativas y reforzando la presencia de la escalera principal, que se realza mediante una barandilla de latón. En el vestíbulo inferior, la iluminación colgante acompaña el recorrido hacia la sala, mientras que el espacio bajo la escalera se activa con un banco de obra integrado.
Los aseos se resuelven mediante un espejo continuo que amplía visualmente el espacio y, al mismo tiempo, oculta elementos técnicos y arquitectónicos, en combinación con superficies de zellige turquesa y paramentos en grafito.
El auditorio constituye el núcleo del proyecto. Una moqueta de motivos vegetales se prolonga hacia las paredes, transformándose en zócalo y culminando en un perfil de luz integrado. Sobre ella, un degradado cromático asciende desde el verde botella hasta el negro del techo, difuminando los límites arquitectónicos y envolviendo al espectador en un espacio continuo orientado hacia el escenario. Luminarias tubulares de vidrio y latón, junto con nuevas butacas en tono turquesa, completan la intervención.
El resultado es una transformación profunda lograda mediante una intervención precisa. A través del color, la luz y la materialidad, el Teatro Maravillas recupera su identidad escénica y vuelve a ofrecer una experiencia a la altura, poniendo de manifiesto la capacidad del diseño de interiores para regenerar un edificio sin necesidad de alterar sus cimientos.