Para el Museo Vila do Bispo, spaceworkers añadió un nuevo volumen al edificio existente, replicando las naves contiguas. Esta nueva adición servirá como entrada principal y enfatiza la idea de continuidad formal y urbana.
Extendiéndose hacia el límite sur del solar, el nuevo volumen albergará las funciones técnicas, administrativas y sociales, liberando todo el espacio interior de las naves existentes para la zona de exposiciones.
El nuevo volumen, construido íntegramente en hormigón visto con pigmentación roja, emerge de la estructura existente en contraste cromático, erigiéndose como un hito en el paisaje.

Museo Vila do Bispo por spaceworkers. Fotografía por Fernando Guerra.
Descripción del proyecto por spaceworkers
Preservar la identidad del lugar y las características del edificio en cuestión fue el lema de nuestra intervención. Por ello, propusimos la adición de un nuevo volumen a la construcción existente, como si se replicara la forma de las naves contiguas, apelando a una idea de continuidad urbana y formal, pero a la vez, capaz de autodenominarse con identidad propia, constituyéndose como la entrada principal del conjunto y asumiendo su intervención en el tiempo, valorando y salvaguardando la imagen del edificio existente.
El nuevo volumen se extiende hasta el límite sur del solar, albergando las funciones técnicas, administrativas y sociales, liberando así todo el núcleo interior de los almacenes existentes para acoger el área de exposición, asumiendo de esta forma la función más importante de esta intervención.
Las dos naves preexistentes, con unos 680 m² de superficie cubierta, adquieren un color más neutro, el gris, para homogeneizarlas y asegurar su abstracción formal. En el interior, esta misma nave se reviste de negro para resaltar la forma dinámica que acoge la exposición, una especie de huella orgánica que crea espacios temáticos y organiza el recorrido expositivo de forma clara e intuitiva.
En contraste con este intento de abstracción cromática de lo existente, el nuevo volumen emerge, totalmente en hormigón visto, para el cual proponemos una pigmentación roja, que se erige como punto de referencia en el paisaje urbano y aéreo, marcando el territorio de forma indeleble. Este «final» formal de lo existente recrea su forma, de manera delicada, en un equilibrio entre lleno y vacío que jerarquiza las entradas, los espacios habitables y la relación con el paisaje circundante.
El resultado es un museo que transmite la sensación de haber existido siempre allí, tanto para los mayores, que recuerdan los antiguos graneros, como para los más jóvenes, que recuerdan el museo rojo, parte de la imagen colectiva de la población.