La intervención llevada a cabo por H3o architects otorga un especial protagonismo a la vegetación. El suelo se vuelve permeable, el pavimento se retira y da paso a la tierra, a una cuidada selección de especies aromáticas mediterráneas y a los acebuches, naranjos y limoneros existentes. Como las judías mágicas del relato, el jardín encuentra su verdadero significado en el contacto directo con la tierra.
Como telón de fondo, la fachada de la casa original adquiere un nuevo sentido: deja de ser únicamente el límite del hogar para convertirse ahora en el escenario donde la vida cotidiana y la fantasía conviven, en el castillo entre las nubes de Claudia.

Jardín en las Nubes por H3o architects. Fotografía por Marc Huguet Viola (Dron).
Descripción del proyecto por H3o architects
-Papá, ¿me vuelves a leer Jack y la judía mágica? - Y así, casi cada noche. Es el cuento favorito de Claudia. Jack, una familia pobre, una habichuela plantada en la tierra, un tallo que crece hasta las nubes, gigantes que lo persiguen, la carrera final, el corte justo a tiempo… y, al final, todo acaba bien.
-¿Me lo vuelves a leer, por favor?
La reforma del pequeño jardín delantero de esta casa de Gràcia, Barcelona, coincide con el nacimiento de Claudia. El jardín deja de ser solo un espacio exterior para convertirse también en un lugar para jugar y crecer: un escenario para sus primeras aventuras. Jack y la judía mágica, su cuento preferido, se convierten así en el punto de partida del proyecto. No como una narración literal, sino como un universo simbólico capaz de transformar el jardín en un territorio de fantasía cotidiana.
El proyecto asume esta condición y construye un espacio que puede leerse, vivirse y reinterpretarse como un gran juego infantil. La nueva terminación del suelo se concibe como una nube: una superficie continua, clara y ligeramente curvada, que parece suspenderse sobre el terreno. Incrustadas dentro de esta nube aparecen piezas de mármol verde, que reinterpretan las huellas del gigante que habita en las nubes, introduciendo una lectura narrativa y una escala imaginaria en el espacio.
La fachada de la casa, observada desde el jardín, adquiere también un nuevo papel. Ya no es solo el límite doméstico, sino que se lee como un castillo en las nubes: el castillo de Claudia. Un telón de fondo que refuerza el jardín como escenario, como lugar donde la vida cotidiana y la fantasía conviven.
Más allá de esta primera capa simbólica, el proyecto se construye desde una mirada profundamente paisajística. El jardín no se concibe como una imagen cerrada, sino como un sistema vivo, en constante transformación, donde el paso del tiempo se convierte en un material más del proyecto. En este sentido, la propuesta dialoga con el pensamiento de Piet Oudolf, para quien el jardín no es un ejercicio de floración puntual, sino una estructura capaz de mantener interés, textura y belleza a lo largo de todo el año.
El estado previo del jardín mostraba una superficie completamente pavimentada, dura e impermeable. La intervención invierte esta lógica: el pavimento se retira, se fragmenta y se curva, permitiendo que la tierra vuelva a aparecer y que la vegetación recupere protagonismo. La permeabilidad del suelo se convierte así en una decisión tanto técnica como conceptual.
Las aberturas del pavimento definen islas de vegetación baja, formadas por especies aromáticas y mediterráneas, escogidas no por una floración espectacular, sino por su capacidad de mantener estructura, textura y presencia durante todas las estaciones.
Todos los árboles existentes se conservan íntegramente. Acebuches, naranjos y limoneros constituyen la estructura permanente del lugar, tanto física como emocional. El pavimento no les impone una geometría, sino que se adapta a ellos: se retira, se curva y los abraza. Como las habichuelas del cuento, el jardín arraiga en la tierra, pero mira hacia arriba, dejando que el tiempo y la vida hagan el resto.
-¿Quieres jugar conmigo en mi nuevo jardín?