Para «La Maruca», Zooco Estudio plantea un recorrido que comienza con una quinta fachada escultórica. Mediante técnicas artesanales de tallado, se moldean el plano del techo y los elementos de soporte, definiendo los distintos espacios y usos que alberga el local.
Los materiales y las imágenes que componen el espacio trascienden su función meramente ornamental. La madera de roble envuelve el interior y aporta una sensación de calidez que contrasta y dialoga con la piedra caliza y la barra de mármol. En las paredes, grandes imágenes de los paisajes de los Picos de Europa completan la atmósfera y refuerzan la idea de refugio, alejando al comensal del paisaje urbano que lo rodea.

«La Maruca Azca» por Zooco Estudio. Fotografía por David Zarzoso.
Descripción del proyecto por Zooco Estudio
En el corazón de Azca, donde la geometría del vidrio y el acero marca el ritmo de la ciudad, La Maruca surge como un contrapunto necesario: un refugio de montaña que ofrece calma visual y calidez doméstica. Mientras que proyectos anteriores miraban hacia el mar, aquí el espacio se vuelca hacia el interior para crear un oasis: una cabaña contemporánea situada en el centro financiero de Madrid.
El proyecto se aleja de la ortogonalidad del entorno mediante un lenguaje de formas orgánicas que impregna todo el espacio. Al entrar, los visitantes son recibidos por una quinta fachada escultórica: mediante un proceso de tallado, se moldean el plano del techo y los elementos de soporte, definiendo los distintos espacios y usos que albergan. Estos techos generan una sensación de cobijo y se funden con columnas que pierden sus aristas vivas para transformarse en formas similares a troncos de árbol, revestidas con acabados de yeso natural.
La nobleza de la madera de roble recorre el interior, aportando una calidez que dialoga con la piedra caliza y una espectacular barra de mármol. Esta pieza central, caracterizada por sus potentes líneas curvas, se erige como un altar que comparte el mismo carácter orgánico que el resto del mobiliario, diseñado bajo premisas de fluidez y confort.
A lo largo de las paredes, el refugio se abre hacia su origen: imágenes paisajísticas de gran formato de los Picos de Europa. Estas vistas de paisajes cántabros no son mera decoración; refuerzan la analogía del refugio, transportando a los comensales más allá del entorno urbano. Este envolvente se completa con un perímetro textil que, a modo de piel suave, abraza el local y contribuye a crear una atmósfera íntima y privada.
Como es característico de la marca, la cocina abierta se mantiene como el hogar iluminado —el fuego central del refugio—, donde la honestidad del acero inoxidable cobra protagonismo. En definitiva, La Maruca Azca es un ejercicio de arquitectura sensorial que demuestra que, incluso bajo la sombra de imponentes rascacielos, es posible encontrar un lugar que se siente, ante todo, como un hogar.