La vivienda unifamiliar Pinhal, proyectada por Cornetta Arquitetura, responde al estilo de vida de los propietarios, proyectada con el fin de ser una casa de fin de semana en la montaña, cómoda para el uso cotidiano, pero capaz de acoger a la familia durante largas estancias.
En la planta principal, la cocina, el comedor y la sala de estar conforman un gran espacio integrado junto a la suite principal. En el nivel superior, tres suites de invitados y un despacho se distribuyen en dos alas conectadas por una pasarela que se asoma a la sala de estar de doble altura, permitiendo que el proyecto funcione como una vivienda de una sola planta.
Grandes ventanales se combinan con la generosa altura de los techos y los aleros profundos, los cuales filtran la radiación solar excesiva en los meses más cálidos y ayudan a mantener el equilibrio térmico durante todo el año. Una terraza mirador orientada al paisaje amplía el área social.

Casa Pinhal por Cornetta Arquitetura. Fotografía por Manuel Sá.
Descripción del proyecto por Cornetta Arquitetura
En Santo Antônio do Pinhal, estado de São Paulo (Brasil), en plena Serra da Mantiqueira, Casa Pinhal surgió de un encuentro singular entre la ambición arquitectónica y la conservación. Situada en una parcela de 4.900 m² con una fuerte pendiente y vegetación nativa consolidada, la residencia de 690 m² se diseñó bajo un principio claro: minimizar el impacto en el terreno y, al mismo tiempo, construir una casa de amplias dimensiones capaz de albergar la vida familiar y los retiros en la montaña, haciendo del paisaje el gran protagonista.
A excepción de la base de hormigón, la construcción se realizó utilizando madera laminada encolada de eucalipto, entramado de madera, paneles de yeso y sistemas de construcción en seco; un enfoque que reduce el consumo de materiales, acelera la obra y favorece una lógica constructiva más limpia, precisa y de fácil mantenimiento.
El programa arquitectónico se diseñó para satisfacer las necesidades de los propietarios —una pareja que buscaba una casa de fin de semana en la montaña—, garantizando un uso diario cómodo y la capacidad de alojar a la familia durante las visitas. En la planta principal, la cocina, el comedor y la sala de estar conforman un gran espacio integrado, junto a la suite principal. En la planta superior, tres suites y un despacho se distribuyen en dos alas conectadas por una pasarela que sobrevuela la doble altura de la sala de estar.
Más que un simple gesto formal, la doble altura es un elemento clave en el comportamiento ambiental de la casa. En una región caracterizada por noches frías y grandes oscilaciones térmicas, el proyecto se diseñó para captar eficientemente el sol de la mañana, calentando los espacios a lo largo del día. Las grandes superficies acristaladas funcionan en conjunto con la altura interior y los aleros profundos, los cuales filtran el exceso de radiación solar durante los meses más cálidos y ayudan a mantener el equilibrio térmico durante todo el año. El resultado es una vivienda pasiva y resiliente, en sintonía con el clima local, donde el confort no depende de una tecnología excesiva, sino de la implantación en el terreno, la orientación solar, la ventilación y el diseño.
Esta misma lógica se refleja en la expresión material del proyecto. La planta inferior manifiesta explícitamente su relación con el terreno mediante el uso de hormigón visto, piedra natural y un lenguaje arquitectónico de mayor densidad. En la parte superior, la casa adquiere un carácter más ligero y horizontal, definido por la madera, la transparencia y un largo *brise-soleil* que realza la fachada orientada a la calle, regulando la privacidad y la entrada de luz. En la fachada opuesta, la que se abre hacia las vistas, el contraste entre el hormigón y la madera se difumina bajo el filtro del follaje de los árboles existentes.
Uno de los elementos más destacados del proyecto es el mirador que amplía el área social y conecta la residencia principal con un segundo volumen dedicado al bienestar, equipado con spa, sauna, gimnasio y jacuzzis. Orientado hacia el paisaje, este recorrido intensifica la experiencia de vivir en la montaña, sin recurrir a gestos evidentes ni a soluciones de gran impacto visual. Desde allí, la vista abarca la vegetación de la propia parcela y alcanza la Pedra do Baú, uno de los hitos geográficos más emblemáticos de la región.
Al caer la noche, la casa cambia de registro. Con la iluminación interior reflejándose en la madera, el hormigón y los paneles de vidrio, el volumen se ilumina en medio del bosque como una linterna silenciosa. Los árboles se recortan como siluetas, la arquitectura cobra protagonismo y el proyecto revela una vez más su cualidad principal: la capacidad de integrarse en el lugar sin necesidad de dominarlo.