La vivienda proyectada por Studiofont se organiza a partir de una composición en forma de H, conformada por dos volúmenes conectados mediante una pérgola central que funciona como espacio de encuentro y convivencia. Cuatro muros verticales y un plano horizontal flotante estructuran el conjunto, creando una secuencia de espacios interiores y exteriores que se entrelazan con el paisaje. La alberca actúa como elemento de transición entre las áreas públicas y privadas, mientras que los espacios de doble altura amplían las visuales hacia el mar, la montaña y el jardín, enriqueciendo la experiencia de habitar.
El sistema constructivo responde a las exigencias del lugar mediante una estructura expuesta de concreto y acero, sin revestimientos ni elementos superpuestos. Los muros de concreto incorporan aislamiento térmico para mejorar la inercia del edificio, mientras que la pérgola salva una luz de catorce metros sin apoyos intermedios gracias a un sistema de vigas de acero ancladas a los volúmenes principales.
La madera de aporta calidez al mobiliario y a las persianas permeables que favorecen la ventilación natural, complementando una estrategia de autosuficiencia basada en energía fotovoltaica y termosolar, abastecimiento mediante pozo propio y un sistema biológico de tratamiento de aguas que permite reutilizar el recurso para el riego del jardín.

Casa Macahuite por Studiofont. Fotografía por Alber Studio.
Descripción del proyecto por Studiofont
Implantación y paisaje
Casa Macahuite se concibe como un conjunto de cinco planos (cuatro muros verticales y una pérgola flotante) dispuestos en relación directa con el paisaje: mar y montaña. Su configuración genera espacios intermedios que proporcionan sombra, ventilación cruzada y una conexión visual continua con el entorno, haciendo del clima y del lugar los principales articuladores del proyecto.
La playa de Macahuite es un territorio protegido, donde las tortugas marinas nacen y regresan estacionalmente para desovar y morir. El mar es bravo y el clima caluroso, con brisa constante cargada de humedad, expuesto a sismos, huracanes y tormentas diarias durante la temporada de lluvias. Estas condiciones definen de manera determinante las decisiones estructurales, de implantación, de orientación y de materialidad.
El proyecto se sitúa en un territorio aislado, accesible únicamente a través de un antiguo puente sobre una laguna. Esta condición remota impone una arquitectura en retirada de la arena, situada al inicio del arranque verde, en un claro vacío rodeado por una corona de vegetación. Esta operación permite preservar la duna, proteger la casa y, al mismo tiempo, generar un jardín natural que otorga privacidad sin perder la relación directa con el paisaje abierto.
La casa se plantea con una lógica de mínima intervención y máxima permanencia. La estructura es, al mismo tiempo, el sistema espacial, el acabado y la expresión final del edificio. No existen capas superpuestas ni revestimientos añadidos; la manera en que la arquitectura se sostiene es también la manera en que se habita. El paisaje asume el protagonismo absoluto, no como fondo, sino como el elemento que completa la arquitectura.
Estructura y construcción
La experiencia espacial se organiza a partir de una disposición en forma de H, conformada por dos volúmenes de concreto unidos por una pérgola central. Esta pérgola, junto con su terraza, se ancla directamente a los muros para librar una luz de catorce metros sin columnas ni cimentación. Se convierte así en el espacio de bienvenida y de convivencia, donde transcurre la mayor parte de la vida cotidiana.
De manera similar, la alberca actúa como un elemento de conexión entre los volúmenes privados y el área pública, funcionando como cimentación, ya que queda a la misma profundidad que esta.
Los muros de 30 cm contienen 10 cm de aislamiento térmico en su interior, y operan como elementos de sombra verticales, protegiendo las estancias del asoleamiento bajo y regulando la inercia térmica: absorben el calor durante el día y lo liberan por la noche. Los espacios de doble altura permiten que ambos dormitorios cuenten con áreas de estar y vistas alternadas hacia el mar, la montaña y el jardín.
La obra no habría sido posible sin el virtuosismo del constructor local, capaz de resolver las adversidades del sitio: desde la preparación de caminos por áreas inaccesibles hasta la fabricación artesanal del concreto en obra, realizada con revolvedora para permitir el transporte del material en camionetas ligeras para cruzar el viejo puente.
Las grandes vigas de acero fueron fabricadas a medida por soldadores especializados, con una deformación calculada en el taller para que asentaran horizontalmente una vez colocadas y flechadas. Su transporte y montaje se realizaron de forma individual, distribuyendo el peso de cada viga entre numerosos obreros para no superar los treinta kilogramos por persona, haciendo del trabajo en equipo y la coordinación un factor determinante.
El acero funciona como un nudo estructural entre ambos volúmenes, soldado a placas precoladas en el concreto. A pesar de su condición megaestructural, su baja altura permite que la pérgola permanezca en sombra durante todo el día, dando la bienvenida a la brisa y al descanso.
La cocina se resuelve asimismo como un elemento estructural: una única barra de concreto que atraviesa el espacio de muro a muro, sin apoyos intermedios, donde estructura, programa y uso cotidiano se integran en una sola pieza.
Así como las piezas de los baños y las bases de los sofás se construyen también en concreto, conectadas al exterior y resistentes a huracanes, arena y oxidación ambiental.
Materialidad y uso
Es a través de la madera y los textiles que el contacto con el usuario adquiere calidez: las persianas de madera funcionan como una piel permeable que permite el paso continuo del aire y, frente a los ciclones, no se opone al viento, sino que lo deja atravesar el edificio.
Todo el mobiliario fue diseñado específicamente para el proyecto y ejecutado en madera de parota, una especie tropical de alta durabilidad cuyo tono castaño oscuro contrasta con la materialidad gris y rotunda del concreto. Los acabados fenólicos de los muros aportan una inesperada suavidad táctil y unifican las proporciones y dimensiones del edificio.
Finalmente, la incorporación de plantas colgantes y jardines de vegetación autóctona en interiores y alrededor de los muros devuelve la arquitectura a una condición de fusión gradual con su entorno.
La casa opera completamente fuera de red. La energía se genera mediante placas fotovoltaicas integradas en cubierta y un sistema termosolar para el calentamiento de agua. El abastecimiento proviene de un pozo y cisterna propia, y las aguas residuales se tratan mediante un sistema TIM (Tecnologías Integrales Medioambientales), un proceso aerobio con lodos activados, 100% biológico y sin aditivos químicos, que permite depurar aguas negras y grises para su reutilización en el riego del jardín, cerrando el ciclo de recursos dentro del propio sitio.