«El Higueral» proyectado por Palera arquitectos está compuesto por tres volúmenes. El primer volumen, destinado para el acceso, se desarrolla con un voladizo en la esquina que conduce al visitante a un espacio comprimido de baja altura. El segundo cuenta con una sala de espera general de gran altura y un amplio ventanal que genera un espacio sereno y de contemplación relacionado con el entorno natural. Por último, el tercer volumen alberga la sala del túmulo.
El tercer volumen se vincula al espacio central mediante un paso estrecho que actúa, reforzando la transición hacia la zona más íntima del lugar, y a su vez, integra la iluminación natural a través de una grieta en la fachada sur, dando paso a la percepción de un espacio cambiante a lo largo del día de manera sensible.

Tanatorio El Higueral por Palera arquitectos. Fotografía por Adam García.
Descripción del proyecto por Palera arquitectos
El tanatorio se sitúa junto al cementerio de la barriada, en un entorno rural abierto hacia las vistas lejanas de la Sierra de los Filabres. Frente al orden irregular y fragmentado del camposanto existente, el proyecto asume y reinterpreta ese carácter aparentemente caótico mediante una composición de tres volúmenes de geometrías diversas. Este gesto genera una imagen de conjunto dinámico, pero coherente con el lugar.
Cada pieza adapta su espacialidad a la función que alberga. El primer volumen acoge el acceso. Un voladizo en esquina da la bienvenida al visitante, conduciéndolo a un espacio comprimido de baja altura que intensifica la percepción del recorrido y revela, de forma gradual, la entrada lateral hacia la siguiente nave.
El segundo volumen alberga el ámbito público, configurado como una sala de espera general de gran altura libre. Un amplio ventanal orientado al este enmarca el paisaje, estableciendo una relación directa con el entorno natural. Este espacio, sereno y contenido, invita a la contemplación y al recogimiento, acompañando en silencio a los familiares.
Finalmente, el tercer volumen se vincula al espacio central mediante un paso estrecho que actúa como filtro, reforzando la transición hacia la zona más íntima del conjunto. Aquí se sitúa la sala del túmulo, concebida como un lugar de recogimiento donde los allegados velan al difunto. La iluminación se produce a través de una grieta en la fachada sur, permitiendo que la luz natural, cambiante a lo largo del día, marque el transcurso del tiempo. Este recurso busca anclar al visitante en lo terrenal, ofreciendo una percepción sensible del paso de las horas en un momento de especial fragilidad emocional.