La actuación desarrollada por Óscar Miguel Ares se centró principalmente en la restauración de las tres mamparas originales —la de acceso, la intermedia y la interior— que funcionan como una secuencia de filtros espaciales capaces de otorgar profundidad y complejidad al reducido espacio comercial. Complementariamente, los paramentos perpendiculares fueron acabados en blanco para reforzar la continuidad visual y potenciar la percepción de la secuencia espacial que se despliega desde la calle hacia el interior.
La propuesta establece un delicado diálogo entre memoria, artesanía y respeto patrimonial, trasladando la esencia de la arquitectura vienesa al contexto vallisoletano. Las precisas operaciones proyectuales, junto con el meticuloso trabajo de los distintos oficios implicados, han permitido devolver el esplendor a un singular ejemplo de arquitectura mimética que forma parte de la memoria urbana y arquitectónica de la ciudad.

Rehabilitación del antiguo local «Cuchillerías Blanco» por Óscar Miguel Ares. Fotografía por Gabriel Gallegos Alonso.
Descripción del proyecto por Óscar Miguel Ares
1.Un viaje de Viena a Valladolid
Permitidme contaros una historia: en 1910, Adolf Loos proyectó la tienda Knize en Viena, una geoda de mármoles que se abría delicadamente mediante sutiles carpinterías dispuestas simétricamente, cuyos etéreos vidrios filtraban la luz hacia el interior. Décadas más tarde, en los años treinta del siglo XX, un avezado arquitecto ovetense afincado en Valladolid, Ramón Pérez Lozana, fascinado por la obra del maestro vienés, reprodujo en la calle Santiago, en 1934, aquella misma fachada que había contemplado en Viena. Un ejemplo de arquitectura mimética, pero también de admiración hacia el arquitecto austríaco.
En sus inicios, el local albergó una sastrería; más tarde se convertiría en Cuchillerías Blanco. Abandonado ya a comienzos de este siglo, en 2025 tuvimos la fortuna de encargarnos de su rehabilitación, restituyendo su estado original sin renunciar, al mismo tiempo, a acompañar su arquitectura mediante intervenciones precisas y contemporáneas.
2. Rehabilitar la atmósfera
La principal característica proyectual consistía en recuperar la atmósfera y la memoria de este pequeño local, donde se condensa una parte de la historia de la ciudad. Situado en la principal arteria de Valladolid, la intervención principal reside en la rehabilitación de las tres mamparas —considerando la fachada como una más— que, a modo de diafragma, dividen el espacio interior. Las tres lo contraen y dilatan, dividen y dan continuidad, concentrándose en ellas el mayor esfuerzo del proyecto. Cada una funciona a modo de filtro.
La primera, el acceso, que además lleva impresa la modernidad, tamiza la luz y la entrada, asomándose de manera tímida a la ciudad, donde vuelca sus mármoles y latones para, igual que en Viena, mostrar a través de unos exiguos escaparates el interior. La intermedia acota el espacio de estancia del cliente: es la zona de venta. Los lenguajes modernos se han perdido tras una labrada carpintería sin estilo, coronada por varios tipos de acristalamientos de color ámbar. La interior funciona como cierre y zona privativa, donde se alojaba la maquinaria y sobre la que el espacio se constriñe al doblarse mediante un altillo que servía para el descanso del trabajador. Al igual que en la segunda, su manufactura en madera no tiene pretensiones.
Para reforzar la idea de profundidad y seccionamiento, que puede leerse en la secuenciación de estas tres membranas, los lienzos perpendiculares fueron pintados en blanco para destacar aún más el encadenamiento espacial, otorgándoles toda la narrativa de la intervención y reforzando el eje desde el exterior hacia el interior.
Las blancas paredes laterales albergan el rítmico zócalo de madera que incluye las instalaciones, ocultándolas al público. Las luminarias, diseñadas en el estudio, solo tienen la pretensión de acompañar la atmósfera del local.
En un viaje imaginario hasta la Viena de Loos, y con el permiso de Lozana, la artesanía de los oficios que han intervenido nos ha permitido recuperar sus muebles, mamparas y acristalamientos originales, entendiendo que debíamos reforzar la atmósfera espacial perdida por desafortunadas intervenciones mediante pequeñas, pero concentradas, operaciones capaces de adaptar el local a las exigencias actuales de confort.
Un viaje a través de la arquitectura, paseando entre maestro y discípulo, recuperando la memoria del local, que en definitiva es la de la ciudadanía que lo contempla.
2015
2024.