La propuesta de Casa RJ, por Estudio Arquitectura Hago, es organizada en planta mediante una estructura cruciforme en la que los recorridos extienden las perspectivas más allá de los límites construidos. Al sur, una terraza de invierno; al norte, una terraza de verano. Perpendiculares a esta, a lo largo del eje este-oeste, se encuentran las distintas estancias de la casa, con la zona de estar principal situada en la intersección y los espacios exteriores en los extremos que funcionan como umbrales entre la intimidad doméstica y el olivar.
La envolvente del edificio actúa como punto de encuentro entre la casa y el paisaje. Profunda y fragmentada, con muros, huecos, retranqueos y terrazas, crea un ritmo de sólidos y espacios vacíos que genera umbrales y zonas intermedias. Está construida con piedra —que aporta masa y continuidad con el terreno— y hormigón —que define las líneas horizontales—, mientras que la carpintería y las contraventanas introducen una escala más ligera y dinámica.

Casa RJ por Estudio Arquitectura Hago. Fotografía por Gabriel Gallego.
Descripción del proyecto por Estudio Arquitectura Hago
En el corazón de la comarca de La Vera, rodeado de robles y circundado por la trama geométrica de un olivar, el terreno ocupa una posición estratégica desde la que contemplar la ladera sur de la sierra de Gredos. La edificación no elige su lugar: lo reconoce. Se dispone allí donde la parcela se ofrece como mirador y, desde ese punto, propone un umbráculo habitado sin más ambición que pertenecer al lugar.
La planta se organiza mediante una estructura cruciforme, en la que los recorridos prolongan las perspectivas más allá de los límites construidos. El eje norte-sur enlaza dos ámbitos exteriores de carácter complementario: al sur, una terraza de invierno, recogida y soleada; al norte, una terraza de verano que prolonga la vivienda hacia la piscina y abre la mirada sobre la extensión del territorio. Perpendicularmente, el eje este-oeste organiza la sucesión de las distintas dependencias de la casa. En la intersección de ambas direcciones se sitúa la estancia principal, entendida no solo como centro funcional, sino como el lugar desde el que la arquitectura toma conciencia de su posición. En los extremos de este segundo eje aparecen otros espacios exteriores, concebidos como habitaciones abiertas: umbrales intermedios entre la intimidad doméstica y la presencia inmediata del robledal.
La vivienda establece una relación dual con el paisaje. Desde el interior, lo incorpora mediante una sucesión de encuadres, distintos según la orientación, la luz y la posición de cada estancia. Desde el exterior, responde con una fachada profunda y fragmentada, en la que muros, huecos, retranqueos y terrazas construyen un ritmo de llenos y vacíos. El cerramiento es el gran aliado de esta relación: hacia dentro, integra almacenamiento y servicios; hacia fuera, forma umbrales y espacios intermedios. La envolvente deja así de ser un límite para convertirse en el lugar de encuentro entre la casa y el paisaje.
Constructivamente, el proyecto reinterpreta de forma abstracta los principios de la composición clásica: la cubierta actúa como friso, el canto del forjado como arquitrabe, los muros de piedra como grandes fustes y los remates de los huecos como capiteles. Esta condición clásica reside en la claridad con la que se leen las partes y sus relaciones. La piedra aporta masa y continuidad con el lugar; el hormigón define las líneas horizontales; y las carpinterías y contraventanas introducen una escala más ligera y cambiante.
La casa aspira a ser una medida desde la que reconocer el territorio. Su geometría ordena las vistas, protege del clima y convierte cada orientación en una forma distinta de habitar. La arquitectura establece un límite preciso, pero permeable: un largo umbral de piedra bajo el cual el paisaje entra, atraviesa las estancias y vuelve a alejarse hacia la sierra de Gredos.