En el Local Social La Sauleda, Sarquella Torres y Marc Riera sitúan las aulas y oficinas en el volumen original, mientras que la ampliación alberga una sala multiusos equipada con espejos pivotantes. Estos elementos permiten configurar una geometría interior cambiante, estableciendo relaciones visuales introspectivas en torno al patio.
El proyecto se articula a través de distintas envolventes, dispuestas según su grado de contacto con el exterior, que se extienden sobre la parcela triangular y responden a las fuerzas urbanas del entorno. La intervención organiza el espacio público mediante una plaza y un patio de carácter doméstico, conectados por la entrada, situada en la intersección de ambos ámbitos. Un muro perforado delimita el patio, donde un plátano filtra la luz y funciona simultáneamente como banco, barandilla y soporte de la cubierta.

Local Social La Sauleda por Sarquella Torres + Marc Riera. Fotografía por Joan Guillamat.
Descripción del proyecto por Sarquella Torres + Marc Riera
El barrio de La Sauleda se construyó en los años 60 para acoger a una ola de nuevos trabajadores que duplicó la población de Palafrugell. La caseta de obra se convirtió en centro de reuniones vecinales adaptándose y mejorando con pequeñas actuaciones. En 2014, se propone doblar la superficie del pequeño espacio de colectividad vecinal.
Por su pequeña dimensión, no se trata la ampliación como un nuevo volumen injerto sino como una continuación coherente de lo existente. La cubierta inclinada y su hormigonada cornisa, sirven para cohesionar la nueva construcción. Una cubierta con memoria, donde las actividades vecinales se reúnen bajo un mismo techo.
El edificio existente, a la deriva en su solar triangular, crece guiado por fuerzas urbanas alineándose a las calles para ordenar el espacio público, con una plaza pública de acceso y un patio más doméstico. La entrada se sitúa en la intersección de ambos brazos y en conexión con el patio interior. Un muro perforado responde a la topográfica calle exterior: enclaustra el patio y su viejo platanero filtrador de luz, se convierte en banco, barandilla y soporte de la cubierta.
En un proyecto donde todo se juega en las envolventes, las fachadas se ordenan gestionando el grado de contacto con el exterior.
Las aulas y los despachos se acomodan en el volumen antiguo, mientras la extensión acoge la sala polivalente y a sus espejos pivotantes. La geometría interior provoca una relación visual introspectiva entre los múltiples espacios con acceso al patio que se miran entre ellos.