La guardería «Casa Nostra», proyectada por Sarquella Torres y Marc Riera, se construye sobre la planta de un edificio existente cuyo volumen está sujeto a la normativa urbanística. El espacio se estructura en torno a un amplio corredor de acceso, un espacio intermedio que funciona como extensión de las aulas, priorizando el movimiento y las actividades compartidas.
Las fachadas adoptan la lógica compositiva de los edificios circundantes mediante grandes aberturas que enmarcan las vistas del paisaje y fomentan la interacción con el exterior, un entorno privilegiado. Las aulas orientadas al sur cuentan con grandes puertas correderas de cristal que extienden la actividad hacia el patio de recreo y su entrada.

Guardería «Casa Nostra» por Sarquella Torres + Marc Riera. Fotografía por José Hevia.
Descripción del proyecto por Sarquella Torres + Marc Riera
Situada en el extremo sur del lago Banyoles, La finca de Casa Nostra ocupa un emplazamiento de excepcional sensibilidad ambiental. Adquirida en 1926 por la Institución Cultural Magdalena Aulina, la propiedad ha albergado actividades educativas durante casi un siglo. Con el tiempo, estas se han ido consolidando en forma de un pequeño campus, un conjunto de edificios construidos progresivamente y moldeados tanto por el paisaje como por las necesidades institucionales.
Dentro de este conjunto existente, una nueva escuela infantil consolida un programa que antes se encontraba disperso en el centro de la ciudad. El proyecto se realiza sobre la planta de un edificio anterior y está sujeto a su volumen por la normativa urbanística. En lugar de considerar estas limitaciones como una restricción a superar, el proyecto las integra como un marco dentro del cual debe construirse cuidadosamente la apertura espacial.
La organización del edificio se estructura en torno a un amplio corredor de acceso que lo conecta con el resto del complejo. Más que un simple pasillo, este espacio intermedio funciona como una extensión de las aulas, albergando el juego, el aprendizaje informal y el uso colectivo. Las mamparas correderas entre las aulas permiten que los espacios se expandan, se superpongan y se adapten, priorizando el movimiento y la actividad compartida sobre las distribuciones fijas.
Al haberse alcanzado la superficie construida máxima permitida, el espacio de aprendizaje se extiende al exterior. Un aula al aire libre funciona como una octava sala, concebida como un espacio de aprendizaje adicional que complementa las aulas interiores.
Las fachadas adoptan la lógica compositiva de los edificios circundantes y la reinterpretan mediante grandes aberturas, diseñadas para enmarcar las vistas del paisaje e intensificar la interacción diaria con el exterior. Aprovechando el entorno privilegiado, las aulas orientadas al sur incorporan grandes cerramientos acristalados que se deslizan dentro del grosor del muro y pueden desaparecer por completo con buen tiempo, otorgando al edificio una apariencia casi de porche. Cuando están completamente abiertas, extienden la actividad diaria hacia el patio y su umbral sombreado bajo la acacia, proporcionando confort y reforzando la continuidad entre el espacio interior y el paisaje.