Para Calle Real 60, Sinaldaba reivindica el patrimonio cotidiano como soporte de la vida colectiva, manteniendo vivos tanto la materia como el uso, la actividad y las personas que lo habitan.
Se conserva la estructura de madera y los elementos originales del edificio existente, manteniendo su valor arquitectónico y constructivo e incorporando únicamente las acciones esenciales para garantizar su continuidad, seguridad y adaptación a las necesidades contemporáneas, como la escalera metálica.

Calle Real 60 por Sinaldaba. Fotografía por Luis Díaz Díaz.
Descripción del proyecto por Sinaldaba
Calle Real 60 parte de una convicción: las ciudades históricas permanecen vivas porque siguen siendo habitadas. La intervención recupera un edificio del centro histórico de A Coruña que, tras décadas de abandono, había perdido por completo su función residencial, convirtiéndose prácticamente en un refugio para palomas y en un vacío dentro del tejido urbano.
Más allá de la rehabilitación material, el proyecto restituye una forma tradicional de habitar la ciudad, en la que la actividad económica de una misma unidad familiar ocupa las plantas inferiores, mientras la vivienda se desarrolla en las superiores. Arquitectura, trabajo y vida doméstica vuelven así a formar parte de una misma realidad cotidiana, reforzando la identidad del lugar, la actividad urbana y los vínculos de proximidad que históricamente dieron vida a los barrios.
La intervención se fundamenta en la reutilización del edificio existente, conservando su estructura y los elementos originales que aún mantenían valor arquitectónico y constructivo, e incorporando únicamente aquellas actuaciones imprescindibles para garantizar su continuidad, seguridad y adaptación a las necesidades contemporáneas. La mejora de su comportamiento energético, superior al 90 %, demuestra que la rehabilitación del patrimonio construido puede ofrecer respuestas plenamente actuales con un consumo mínimo de recursos.
Más que rehabilitar un edificio, Calle Real 60 devuelve a la ciudad una forma de vivirla. El proyecto reivindica el patrimonio cotidiano como soporte de la vida colectiva y demuestra que conservar no consiste únicamente en preservar la materia, sino también en mantener vivo aquello que le da sentido: el uso, la actividad y las personas que lo habitan.