Hacia el exterior, la arquitectura desarrollada por Sinaldaba se caracteriza por su sobriedad y compacidad. Construida a partir de materiales discretos y tonos claros, la volumetría de cubierta a dos aguas reinterpreta las formas tradicionales del contexto rural. La casa no busca destacar ni convertirse en un objeto autónomo, sino integrarse en el paisaje.
La organización funcional de la vivienda también remite a una herencia constructiva arraigada en el territorio. Mientras la planta principal concentra los espacios destinados a la vida doméstica, un nivel inferior alberga las funciones de apoyo y servicio. El resultado es una arquitectura que recoge saberes heredados y los adapta a las necesidades contemporáneas, proponiendo una forma de habitar donde lo cotidiano, lo práctico y la relación con el entorno conviven de manera natural.

Vivienda Cecebre por Sinaldaba. Fotografía por Luís Díaz Díaz.
Descripción del proyecto por Sinaldaba's architecture
En el rural gallego, construir una casa siempre ha significado establecer una relación precisa con el lugar: con el clima, la topografía, la orientación y las formas de habitar. Las casas aprendían de la tierra, del viento y de la lluvia; buscaban el sol cuando aparecía y se recogían cuando el invierno empujaba fuerte. No nacían para mostrarse, sino para permanecer.
Este proyecto parte de esa manera de entender la arquitectura. La vivienda no busca reproducir una imagen tradicional ni apoyarse en la nostalgia, sino recuperar las razones que durante siglos dieron forma a la arquitectura rural gallega: la compacidad, el abrigo frente al clima, una implantación cuidadosa sobre el terreno y una escala contenida.
La casa se organiza a partir de un volumen principal de cubierta a dos aguas, articulado en torno a un patio central: un vacío protegido alrededor del cual transcurre la vida cotidiana. Más que mostrarse, la vivienda se recoge. Construye abrigo, filtra las vistas y genera espacios intermedios donde interior y paisaje encuentran una relación pausada. Se cierra hacia el norte y se abre al sur y al oeste, buscando la luz cuando aparece y el calor en invierno.
Existe algo profundamente rural en esta forma de implantarse. La casa no busca exponerse, sino protegerse. El patio central actúa como un refugio doméstico, un espacio resguardado que permite habitar el exterior y acompasar la vida a los ritmos del clima y las estaciones. La vivienda no pretende imponerse al paisaje, sino formar parte de él.
También la organización interior recoge una lógica heredada del rural: una planta principal vinculada a la vida doméstica y otra inferior destinada al soporte funcional de la casa, reinterpretando una manera de habitar donde lo cotidiano y lo práctico siempre convivieron con naturalidad.
La materialidad, sobria y contenida, evita cualquier gesto nostálgico. El vínculo con el lugar no se construye desde la imitación, sino desde la proporción, la escala y cierta manera de posarse sobre el terreno, como si la casa hubiese encontrado, poco a poco, la forma de pertenecer.
Una casa contemporánea, arraigada no a una imagen del pasado, sino a las razones que durante siglos hicieron posible habitar aquí.