La rehabilitación proyectada por Sebastián Arquitectos devuelve la actividad a una casa situada en la plaza del pueblo. A partir de esto, la composición conserva elementos del inmueble anterior, como el balcón con reja de forja, e introduce una esquina de hormigón cuya textura reproduce la disposición de los troncos de una almadía.
A nivel constructivo, la esquina se ejecuta mediante un encofrado de troncos de pino que deja su huella sobre el hormigón, mientras que el suelo recupera la tradición de los antiguos zaguanes pirenaicos mediante cantos rodados del río Esca dispuestos en composiciones geométricas. A su vez, la madera de pino aparece de manera constante en las puertas, los revestimientos y otros elementos.

Hotel en Sigüés por Sebastián Arquitectos. Fotografía por Iñaki Bergera.
Descripción del proyecto por Sebastián Arquitectos
El pequeño pueblo de Sigüés ha sido la cuna histórica de numerosos almadieros, intrépidos navegantes del río Esca que, descendiendo por los rápidos del valle del Roncal, transportaban los troncos de los pinos pirenaicos a lo largo de cientos de kilómetros, en improvisadas embarcaciones que estaban construidas con la propia mercancía que trasladaban.
Saber y oficio puesto al servicio de la vida, que llegaba a través de este río que hoy acaba en el embalse de Yesa sin poder llegar al mar.
En el río que nos lleva José Luis Sampedro decía que “ante un hombre auténtico nos sentimos como ante un bloque, ante una obra acabada; decimos que "sabe estar en su sitio"”.
Y éste ha sido el anhelo permanente de este proyecto de rehabilitación, querer estar en su sitio.
Y el sitio de este pequeño hotel no es otro que el de la memoria del lugar: de una casa que quiere volver a cobrar vida en la plaza del pueblo, dejando que la luz salga de nuevo por sus ventanas.
De una esquina construida con un encofrado de troncos de pino, que dibujan en hormigón una almadía desaparecida y la memoria del oficio perdido del almadiero.
De un balcón que se recuperó del derribo anterior de la casa, y que ahora vuelve a dar sombra con su reja de forja al sol del mediodía.
De unas puertas hechas con los tablones de una antigua casa, a las que se les presta lo que falta para cubrir el nuevo hueco.
De un suelo empedrado hecho como los antiguos zaguanes del Pirineo, con cantos rodados del río Esca que dibujan el capricho de flores geométricas.
Y de madera, mucha madera de pino con la que, como en las almadías, se construía aquello para lo que servía.