El complejo ideado por Antonio Galiano Garrigós está compuesto por dos edificios. El volumen principal concentra los usos culturales y sociales, con una planta baja destinada a accesos, salón de actos de doble altura y núcleos de circulación, una primera planta con espacios de servicio y una segunda planta dedicada a aulas y salas polivalentes para actividades comunitarias.
El edificio secundario se rehabilita para albergar áreas administrativas y de formación. En el interior, el salón de actos incorpora soluciones acústicas mediante paneles de distintas geometrías y una cubierta pensada para optimizar la difusión del sonido.
La intervención incluye un complejo refuerzo estructural que conecta los pórticos de hormigón armado existentes con el forjado de cubierta mediante un entramado de acero compuesto por pilares, vigas y tirantes. Las nuevas escaleras se resuelven con estructuras metálicas revestidas de chapa microperforada y acabadas en color rojo. Al mismo tiempo, las fachadas conservan los materiales preexistentes, como la mampostería de piedra y los enfoscados blancos.

Rehabilitación de edificios para espacio social por Antonio Galiano Garrigós. Fotografía por David Frutos.
Descripción del proyecto por Antonio Galiano Garrigós
El reto
El Espacio Social del barrio de Campoamor, en Alicante, es uno de esos edificios públicos cuya configuración actual no responde a un único momento de proyecto, sino a una sucesión de transformaciones, ampliaciones y soluciones constructivas acumuladas a lo largo del tiempo. Su origen se encuentra en un antiguo taller sobre el que, en la década de 1960, se construyen unos pórticos de hormigón armado de gran tamaño para convertir parte del edificio en un salón de actos. Sobre esta estructura se levanta posteriormente una construcción de una planta de altura de muros de carga de ladrillo hueco destinada a albergar usos sociales para el barrio. La cubierta se resuelve mediante un tejado a dos aguas rematado con teja sobre el forjado de la planta superior, mientras que una escalera adosada a la nave permite el acceso a los distintos niveles. El complejo se completa con un segundo edificio, de menor tamaño, originalmente destinado a vivienda del conserje y vinculado al centro de protección de menores situado en la misma parcela, resuelto con un lenguaje arquitectónico evolucionado del Movimiento Moderno.
El objetivo de la Conselleria de Servicios Sociales, Familia e Infancia es rehabilitar un edificio cuyos materiales, acabados e instalaciones habían agotado su vida útil para que vuelva a ser un foco de atracción para las personas del barrio.
La peculiar solución estructural que se había realizado en el edificio hace que la primera de las actuaciones sea un refuerzo de la estructura. La necesidad de hacer que una construcción de muros de carga de ladrillo hueco trabaje de forma solidaria con el resto del edificio implica una intervención estructural compleja. Conectar los pórticos de hormigón armado que cubren el salón de actos con el forjado de hormigón que soporta la cubierta, evitando confiar la estabilidad del conjunto a los muros de ladrillo hueco existentes, implica el diseño de un entramado de acero que, mediante pilares anclados a los pórticos, cruces y tirantes, garanticen una correcta transmisión de los esfuerzos.
Añadido a la necesidad de encontrar una solución al alarde estructural se encuentra la arquitectura del edificio donde la necesidad de buscar una ubicación a una nueva escalera y a una sala de instalaciones se convierte en el problema y la solución del diseño del proyecto de intervención. Las características constructivas de la cubierta, formada por un tejado de teja sobre tabiquillos, impiden colocar sobre ella las máquinas de climatización de gran tamaño necesarias para acondicionar el salón de actos. En ese momento, el problema se convierte en el argumento principal de la intervención: transformar la escalera anexa en una sala de máquinas vertical capaz de asumir una doble función, evacuación y acondicionamiento.
Esta nueva pieza se diseña por contraste con el edificio existente. Frente a la materialidad del conjunto original, la escalera-sala de máquinas aparece como una estructura ligera de acero revestida con chapa microperforada y pintada en un color rojo que la distingue dentro de la trama urbana. Esta escalera entra en diálogo con la intervención sobre el edificio de la antigua vivienda del conserje que sigue una lógica similar: respeta la arquitectura existente e introduce un nuevo elemento de comunicación vertical que resuelve la evacuación, ordena el funcionamiento del edificio y lo significa frente a la continuidad de lo construido.
Descripción del edificio
El Espacio Social del barrio de Campoamor está compuesto por dos edificios. El de mayor tamaño concentra los usos culturales y sociales del centro y cuenta con tres alturas, aunque no todas ellas ocupan la totalidad de su superficie. La planta baja se destina a accesos, salón de actos y espacios de comunicación vertical. El salón de actos ocupa un espacio de doble altura. La planta primera alberga los espacios de servicio vinculados a este uso, mientras que la planta segunda, que ocupa la totalidad de la huella del edificio, se destina a aulas y espacios flexibles para la comunidad del barrio.
La solución interior de los espacios se plantea desde la funcionalidad, especialmente en el salón de actos. Los paramentos verticales y horizontales se resuelven con sistemas constructivos que garantizan un adecuado acondicionamiento acústico, necesario para el uso del edificio. En este espacio, la geometría de los paramentos verticales, formada por paneles acústicos de diferentes formatos, y la configuración del techo buscan una correcta difusión del sonido. Esta solución técnica acaba convirtiéndose en uno de los elementos definitorios del salón, complementado por unas butacas cuyo color adquiere un papel protagonista en la percepción del espacio.
Las fachadas del edificio reflejan las transformaciones que ha sufrido a lo largo del tiempo. Destaca, por una parte, el tratamiento de mampostería de piedra en la esquina que alberga la escalera existente en contraste con el enfoscado blanco del resto del volumen. Los huecos de fachada mantienen un ritmo que se refuerza mediante recercados oscuros. En la fachada interior, además, se diferencia en color gris la solución estructural realizada con muros de carga de ladrillo hueco, haciendo legible una parte de la historia constructiva del edificio.
El edificio de menor tamaño, anteriormente destinado a vivienda del conserje, se transforma para albergar espacios administrativos y de formación del Espacio Social. Su arquitectura, próxima a un Movimiento Moderno tardío, se conserva mediante una intervención respetuosa con sus huecos, proporciones y carácter original.
Los dos elementos que articulan el espacio de la parcela son las nuevas comunicaciones verticales incorporadas durante la rehabilitación. Ambas se resuelven mediante una estructura de acero revestida con chapa microperforada. Su color, claramente diferenciado del resto del conjunto, reclama su protagonismo en la trama urbana y refuerza, por contraste, la arquitectura de los edificios existentes.
Propuesta de intervención
La intervención en el Espacio Social se realiza por contraste y nace de la necesidad de resolver simultáneamente un problema de comunicaciones, evacuación e instalaciones. Poner en valor un edificio existente mediante la incorporación de un elemento claramente diferenciado es un recurso habitual en la rehabilitación arquitectónica. En este caso, las escaleras rojas no se plantean únicamente como piezas funcionales, sino como elementos capaces de ordenar el conjunto y construir una nueva imagen pública para el edificio.
Su condición de salas de instalaciones verticales permite liberar la cubierta de instalaciones incompatibles con su sistema constructivo y, al mismo tiempo, dotar al edificio de las condiciones de seguridad y evacuación necesarias. La nueva estructura no oculta su carácter técnico, sino que lo convierte en expresión arquitectónica. De esta forma, aquello que inicialmente aparecía como una limitación se transforma en el elemento que da identidad a la intervención.
En una trama urbana carente de referencias claras, estas piezas buscan actuar como hitos reconocibles. Su presencia introduce una imagen de modernidad y permite identificar el Espacio Social como una dotación pública renovada, abierta a la comunidad y capaz de establecer una nueva relación con el barrio.
El refuerzo estructural
El refuerzo estructural es, posiblemente, junto con la resolución del problema de la evacuación de los usuarios y de la ubicación de las instalaciones, el reto más importante de este proyecto. El edificio heredaba una situación constructiva compleja: una estructura de muros de carga de ladrillo hueco levantada sobre una estructura de pórticos de hormigón, integrada a su vez en muros de carga de mampostería. Esta superposición constituía un problema constructivo que hubo de ser afrontada durante el proceso de proyecto. La transmisión de los esfuerzos horizontales y la necesidad de dotar al edificio de un mínimo de resistencia hicieron necesario diseñar un refuerzo estructural singular que, a pesar de su importancia, queda casi siempre oculto.
En este caso, partiendo de la inercia de los muros de carga de mampostería situados en los extremos del edificio, se diseña un entramado de acero formado por pilares, vigas y tirantes que, desde los pórticos de hormigón de gran canto que cubren el salón de actos, se conecta con el forjado de hormigón armado de la cubierta.
Como testigo de la intervención, una parte de este refuerzo se deja visible en el pasillo de distribución de la planta primera, mostrando una operación estructural decisiva para la rehabilitación del edificio y permitiendo reconocer una parte de su proceso de transformación.
Conclusión
La rehabilitación del Espacio Social del barrio de Campoamor convierte un problema técnico en el principal argumento arquitectónico de la intervención. La necesidad de resolver la evacuación, reforzar la estructura y ubicar las instalaciones da lugar a dos nuevas escaleras que no solo permiten el correcto funcionamiento del edificio, sino que construyen su nueva imagen urbana.
Estas piezas ponen en valor la arquitectura existente mediante el contraste, articulan el conjunto y transforman una dotación de barrio agotada por el paso del tiempo en un edificio reconocible, funcional y representativo para la comunidad a la que sirve.