Descripción del proyecto por Izaskun Chinchilla Architects
Levedad y denuncia: el bordado como utopía en femenino
A lo largo de la historia, el concepto de utopía ha sido una herramienta poderosa para imaginar mundos posibles, para proyectar visiones de futuro más justas, equitativas o transformadoras. Sin embargo, este imaginario ha estado marcado profundamente por una mirada masculina y occidental que ha monopolizado las narrativas utópicas en disciplinas como la filosofía, la política o la literatura. San Agustín, Tomás Moro, Charles Fourier, Karl Marx o George Orwell son algunos de los nombres que conforman el canon dominante de esta tradición. ¿Dónde están las utopías concebidas por mujeres? ¿Qué formas podrían adoptar si se pensaran desde otros cuerpos, otros saberes y otras experiencias?
Una de las primeras respuestas a estas preguntas la encontramos en la obra de Christine de Pizán, pionera en imaginar una utopía con perspectiva femenina. En La ciudad de las damas (1405), Pizán edifica una urbe simbólica donde las mujeres no solo son dignas de respeto, sino también protagonistas y gestoras del pensamiento, la educación y la política. A pesar de su valor moral, esta obra ha sido históricamente marginada, al igual que los aportes de autoras como Lady Mary Chudleigh o Lucrezia Marinella. La invisibilización de estas voces evidencia la urgencia de revisar la historia de las ideas para incluir otras perspectivas, otras formas de imaginar el futuro.
Este proyecto —Levedad y denuncia: el bordado como utopía en femenino— nace con el deseo de revertir esa exclusión, no solo dando voz a quienes han sido históricamente silenciadas, sino también proponiendo nuevas formas de imaginar la utopía. Apostamos por una utopía democrática, sensible y plural, en la que se reconozcan los cuidados, la diversidad y la participación colectiva como pilares fundamentales de la construcción del imaginario del porvenir. Para ello, proponemos cambiar no solo los contenidos, sino también los lenguajes de la utopía. Frente a los tratados filosóficos escritos para una élite, nuestro proyecto recurre al bordado, a la costura, a la cestería: oficios históricamente asociados a lo doméstico, lo femenino, al detalle y «lo menor», desde el punto de vista del arte académico, que hoy se resignifican como potentes herramientas de activismo y participación.
El término craftivismo —acuñado por Betsy Greer en 2003— designa precisamente ese uso político del hacer manual. Las pancartas bordadas por las sufragistas británicas entre 1901 y 1908, o las arpilleras realizadas por mujeres chilenas como Violeta Parra durante la dictadura de Augusto Pinochet, muestran que el hilo puede ser también una forma de memoria, protesta y construcción activa de comunidad. Bordar no es solo ornamentar: es marcar, narrar, transformar y denunciar. La apariencia inocente, incluso irrelevante intelectualmente, del bordado ha funcionado como un auténtico caballo de Troya en el que los mensajes políticos subversivos y las apuestas por verdaderos cambios en el estilo de vida se han alojado. En nuestro pabellón utilizamos la tecnología de impresión 3d para realizar una seria de bastidores que reproducen bordados de la tradición vasca pero, también, incorporan motivos de concienciación política: nos recuerdan los problemas generados por los altos precios de la vivienda, la amenaza a los polinizadores en la ciudad, el deterioro de los fondos marinos, la responsabilidad individual sobre los cuidados, los efectos de la turistificación de San Sebastián o la desigualdad en el acceso a la profesión de arquitecto de las mujeres.
Hoy, títulos como A Little Book of Craftivism (2013) y How To Be A Craftivist (2017) de Sarah Corbett ofrecen otra forma de revolución: ciudadanas y ciudadanos que dejan de ser solo y fundamentalmente consumidores. Nuestro pabellón, construido para la Bienal Mugak/2025, es un espacio concebido para bordar utopías. En lugar de limitarse a representar una idea, invita a que las ciudadanas —especialmente mujeres, personas mayores, niñas y niños, cuidadores y cuidadoras— puedan expresarse colectivamente mediante la acción de bordar. Cada puntada, cada mensaje, cada símbolo es una forma de imaginar en común.
Símbolos vascos: libertad, identidad y utopía
El pabellón no es solo una estructura funcional. Es también una obra situada culturalmente, concebida específicamente para el lugar que ocupa, que rinde homenaje, recoge e incorpora algunos de los símbolos representativos de la cultura vasca, todos ellos vinculados con valores clave para pensar la utopía: libertad, identidad y pertenencia. Entre ellos se encuentran:
- El Árbol de Gernika: Este roble centenario, situado frente a la Casa de Juntas de Gernika, simboliza las libertades tradicionales de Bizkaia. En homenaje a esa historia de autogobierno y resistencia, las bases de nuestro pabellón han sido modeladas como troncos de árbol. Así, los apoyos estructurales encarnan físicamente ese compromiso con la libertad, anclando la utopía en la memoria colectiva del territorio.
- Los kaikus: Tradicionalmente, el término kaiku también se refiere a unas chaquetas de punto características de las fiestas populares vascas, tejidas por muchas amonas (abuelas) para sus nietos. Solían incluir bordados con los seis escudos de las provincias de Euskal Herria. Nuestro proyecto se inspira en estos motivos, transformándolos en patrones abstractos que configuran la base de los módulos bordados, fusionando así lo tradicional con lo contemporáneo.
- La barandilla del Paseo de la Concha: Diseñada en 1910, esta barandilla es hoy un emblema de Donostia. Nuestro pabellón recoge su lenguaje compositivo como base para los módulos de bordado, proponiendo que cada participante realice su propia versión inspirada en sus sueños de ciudad. Se establece así un diálogo entre lo común y lo individual, entre el símbolo urbano y la imaginación ciudadana.
Un lugar para imaginar colectivamente
El pabellón no solo tiene un valor simbólico, sino también una clara vocación de utilidad social. Su diseño permite múltiples formas de uso que facilitan la participación y la expresión pública:
- Bordar utopías: La principal funcionalidad del pabellón es servir como espacio para bordar colectivamente. Se disponen bastidores adaptados a distintas edades y habilidades, que pueden ser utilizados sobre bancos que evocan troncos o directamente sobre el pavimento, que simula un lecho de hojas secas. Estos bastidores, que contienen un sistema de fijación que les permite incorporarse a la estructura del pabellón, integrando el bordado en la propia arquitectura. Mediante códigos navilens, cada creación puede vincularse a un texto, imagen o canción, permitiendo a cada participante expresar su visión de la utopía.
- Cuidado infantil colectivo: El pabellón puede cerrarse en sus extremos, generando un espacio seguro para el cuidado infantil. En su interior se pueden realizar talleres, mientras que en el exterior madres, padres y otras personas con responsabilidades de cuidado pueden reunirse a debatir, imaginar y proponer medidas políticas que integren la perspectiva de los cuidados.
- Visibilidad e inclusión: La ubicación estratégica del pabellón, frente a un parque infantil y a la playa de La Concha, facilita que los adultos responsables del cuidado puedan participar en foros públicos sin perder de vista a quienes cuidan. Esto permite que las voces de quienes normalmente están al margen de la conversación política se integren en el centro del debate.
- Cine, asambleas y protección climática: Su cubierta, inspirada en estructuras laminares eficientes como el paraboloide hiperbólico, ofrece protección contra el sol y la lluvia, permitiendo realizar actividades al aire libre como asambleas, cine o charlas. La geometría ligera y resistente se convierte en una metáfora de la utopía: flexible, abierta, resiliente.
Una estructura técnica que encarna los principios que defiende
El pabellón ha sido concebido para incorporar la tecnología de impresión en 3D, incorporando soluciones estructurales avanzadas que permiten minimizar el material sin perder estabilidad. Los módulos calados de la cubierta resisten el viento y evocan los bordados de los kaikus; los motivos contienen hojas, aves y escudos provinciales, vinculando naturaleza, identidad y deseo colectivo. Las tramas de los bordados rompen su regularidad para recordarnos las cosas que no van bien: turistificación, precio de la vivienda, desaparición de la biodiversidad o deterioro del fondo marino, entre otros.
El conjunto completo de los materiales, incluidos los utilizados en la impresión 3D, tiene un carácter circular. Usamos pellets y filamento procedentes del reciclado de envases y de los plásticos reciclados de la limpieza del mar. Los elementos téxtiles son velas de barco recicladas. La estructura y la materialidad del proyecto encarnan de esta forma, su propia utopía: la presentación de procesos circulares de producción en los que la industria no suponga una amenaza para el medio ambiente si no una garantía para su conservación y regeneración.
Una utopía tejida a muchas manos
En un mundo saturado de discursos verticales y soluciones tecnocráticas, este proyecto apuesta por apoyar la producción cultural de abajo a arriba, por reivindicar lo manual, lo colectivo, lo sensible. Frente a la torre de marfil, un bastidor compartido. Frente al manifiesto, una puntada. Frente al dogma, la conversación.
Levedad y denuncia son una utopía en femenino plural. Es un espacio que reconoce el valor político del cuidado, de la participación y el compromiso ciudadano, de lo artesanal, de lo colaborativo. No promete el paraíso, pero invita a construirlo, puntada a puntada, desde lo común. Y en esa construcción —hecha de hojas, hilos, memorias y deseos— tal vez encontremos no solo una forma distinta de ciudad, sino también una forma distinta de estar juntas en el mundo.