Dentro del templo, PichiAvo crea un altar, construido con el papel sobrante de la impresión del libro de PichiAvo de 2024, Nuestra Odisea, sobre el que se situó una balanza equilibrada con dos velas de cera esculturales —producidas en colaboración con la centenaria marca barcelonesa Cerabella—, una que simbolizaba el Arte Clásico y la otra el Graffiti. La composición reflejaba la dualidad esencial en el trabajo de los artistas y la idea de equilibrio entre opuestos creativos.

«Per ofrenar» por PichiAvo. Fotografía cortesía de PichiAvo.
El monumento tardó casi un año en concebirse y se construyó utilizando técnicas tradicionales de las fallas, empleando madera y papel en lugar de los materiales industriales que suelen utilizarse en los monumentos contemporáneos.
Siguiendo la tradición de las Fallas —cuyos orígenes suelen vincularse a los carpinteros que quemaban materiales sobrantes como ofrendas—, la instalación completó su ciclo el 19 de marzo, cuando fue quemada durante La Cremà, la dramática ceremonia de clausura que reduce cada monumento a cenizas.

«Per ofrenar» por PichiAvo. Fotografía cortesía de PichiAvo.
La falla fue galardonada con el Primer Premio en la categoría Fallas Sostenibles y el Tercer Premio en la categoría Fallas Experimentales, lo que subraya tanto su enfoque ecológico como su solidez conceptual. Durante los cuatro días de celebraciones, cientos de visitantes participaron activamente en el proyecto presentando sus propias ofrendas utilizando el mismo papel con el que se creó el monumento: desde homenajes florales hasta mensajes escritos a mano. En los últimos días, la interacción se intensificó cuando los visitantes comenzaron a plasmar sus deseos y reflexiones directamente en las paredes de la estructura, transformando el monumento en una superficie viva y en constante evolución, que recuerda al grafiti callejero.