La materialidad elegida para el Pabellón desarrollado por Lluís Alexandre Casanovas Blanco, Paula Chalkho Rozenblum, Enrique Espinosa Pérez y Santiago Pradilla Hosie adquiere un papel protagonista mediante el uso de técnicas y materiales artesanales —como el macramé, el fieltro de lana, el fique o las redes de pesca— que no solo configuran la atmósfera espacial, sino que también incorporan capas de significado cultural. En contraste, el acero inoxidable introduce superficies reflectantes que articulan los espacios intermedios. En conjunto, la intervención establece así un diálogo entre tradición y contemporaneidad, entre lo manual y lo industrial.
Más allá de su carácter efímero, el pabellón plantea una clara voluntad de reivindicación: poner en valor las bibliotecas móviles como herramientas vigentes para democratizar el acceso a la cultura. Lejos de una mirada nostálgica, el proyecto apuesta por su continuidad mediante la reutilización de sus elementos en distintas comunidades, prolongando su vida útil y reforzando su compromiso social en contextos vinculados a procesos de paz y desarrollo cultural.

El Pabellón de España en la Filbo por Lluís Alexandre Casanovas Blanco, Paula Chalkho Rozenblum, Enrique Espinosa Pérez y Santiago Pradilla Hosie. Fotografía por Javier Agustín Rojas
Descripción del proyecto por Lluís Alexandre Casanovas Blanco, Paula Chalkho Rozenblum, Enrique Espinosa Pérez y Santiago Pradilla Hosie
El Pabellón de España en la Filbo 2025 se concibe como un conjunto de paisajes conectados por el tránsito de bibliotecas ambulantes. Habituales en territorios rurales, estas instituciones constituyen una infraestructura esencial en el acceso universal al conocimiento. Pequeñas y austeras, operan al margen de la lógica del beneficio económico, conectando, a través de su circulación, a lectores de comunidades periféricas. Históricamente, las bibliotecas ambulantes han constituido en Colombia y en España la vía de acceso a la lectura para un grueso importante de la población, facilitando, en muchas ocasiones, un primer encuentro con el libro.
El Pabellón entiende la biblioteca ambulante como la arquitectura que pone en relación dos tipos de conocimiento: el conocimiento escrito, plasmado en el papel de los libros, y el saber artesano de transmisión oral, fijado a través de soportes como la producción artesanal de fieltro, macramé, redes o fique. Esta condición reverbera con ciertas relaciones semánticas universales que se dan entre palabras como texto, tejido y relato que coinciden tanto en latín (textum) como en lenguas amerindias habladas en Colombia como el wayúu (süchi).
La visita al Pabellón se articula en una secuencia de bienvenida, encuentro y despedida, flanqueada por las distintas piezas del programa. Una gran plaza de acceso informa al visitante sobre la propuesta curatorial. Desde allí, este accede a distintos espacios: una exposición sobre fotolibros españoles y otra sobre memoria histórica y novela gráfica, un auditorio para 240 personas, un foro para 80 personas y una gran librería-espacio de lectura. La salida se produce desde una segunda plaza, donde se despliega la cantina-terraza.
Saber artesano
La fachada del Pabellón está formada por un monumental tapiz de macramé de casi 20 metros de altura elaborado por la Asociación de Artesanos de Macramé de Cogua, Cundinamarca, que se revitalizó gracias a este proyecto. Entretejido con vegetación trepadora, evoca acantilados ibéricos y tepuyes amazónicos, anticipando los paisajes textiles del interior. El tapiz continúa para formar un palio de acceso al Pabellón.
Originario del mundo árabe, el macramé se extendió globalmente a partir del siglo VIII. En su expansión, encontró en casi todas las culturas técnicas locales basadas en el anudado de cuerdas. En el siglo XV, la conquista española lo llevó a América, donde, en contacto con tradiciones precolombinas, evolucionó hacia formas propias. En la fachada del Pabellón, el macramé funciona como texto: los nudos de cuerda, que en ocasiones se refuerzan con varillas metálicas, sirven para la colocación de letras que dan la bienvenida. Trascendiendo su consideración como ornamento, esta pieza textil adquiere una dimensión cuasi-infraestructural: su escala y proceso de elaboración cuestionan el lugar marginal históricamente asignado a lo textil y su asociación al trabajo femenino.
El macramé se extiende a la señalética interior del pabellón, con grandes tapices que se tensan y estabilizan mediante macetas donde crecen especies vegetales autóctonas.
El auditorio, el foro y los espacios de videopoesía se conciben como accidentes montañosos, formados por piezas de fieltro de lana de oveja suspendidas del techo. Este material permite aislar acústica y visualmente los espacios para adaptarlos a charlas, recitales o conciertos. Las piezas, confeccionadas por una comunidad artesana de Sutatausa (Cundinamarca), evocan la transformación de las técnicas textiles tras la llegada de la ganadería ovina a Colombia en el siglo XVI, cuando comunidades como los muiscas comenzaron a sustituir el algodón por lana en la elaboración de ruanas, ponchos tradicionales colombianos.
Para focalizar la atención sobre los escenarios, se recubren sus tarimas de fique, una fibra vegetal originaria de Colombia que se usa en la elaboración de suelos, producida en este caso por artesanos de Curití (Santander).
Los espacios expositivos se delimitan mediante una envolvente de redes de pesca (atarrayas), que regula el aforo sin romper la conexión visual con el resto del pabellón. Confeccionadas en Lorica (Córdoba), este tejido alude a la relevancia de la pesca en las identidades culturales de Colombia y España. En España, esta tradición se concentra en los 1.491 km de costa mediterránea y los 6.409 km de costa atlántica. En Colombia, además de los 1.760 km de costa caribeña y los 1.448 km de costa pacífica, la pesca también forma parte de la vida de comunidades ribereñas del Amazonas y otros ríos.
Conocimiento escrito
El vacío generado por la disposición perimetral de todas estas piezas lo ocupa la librería. De tránsito obligado, alberga unos 15.000 volúmenes distribuidos en 12 módulos de pequeña escala. Estas unidades, construidas en acero inoxidable, se inspiran en modelos de cuatro bibliotecas rurales itinerantes de la historia de España. Concebida como lugar de encuentro, la librería intercala entre sus estanterías dos modelos de bancos, que se suman a un conjunto de sillas dispersas que los lectores pueden mover a su gusto.
La diversidad de tejidos artesanales en el Pabellón contrasta con superficies reflectantes de acero inoxidable, que generan espacios intersticiales entre los paisajes construidos y la arquitectura original del Pabellón. Estos espacios acogen zonas de accesos privados, servicio y almacenamiento.
Segundas vidas
La reivindicación de las bibliotecas ambulantes no es un ejercicio de nostalgia: es una propuesta de presente y futuro. En el marco del Acuerdo de Paz entre el gobierno colombiano y las FARC, Colombia ha puesto en marcha más de 600 bibliotecas móviles integradas en la Red Nacional de Bibliotecas Públicas. En España operan actualmente 82 bibliobuses que dan servicio a más de 10 millones de personas en territorios con acceso limitado a equipamientos culturales. Este sistema se presenta como una solución sostenible que democratiza el acceso a la cultura en todo el territorio.
La práctica totalidad de los elementos del Pabellón se reutiliza en iniciativas culturales ligadas a los procesos de paz en Colombia. Para reducir residuos y desperdicio material, librerías, mobiliario, tejidos e incluso paredes han sido diseñados para su transporte y adaptación a contextos adversos. Estos elementos viajarán a distintas localidades del país, prolongando su vida como instituciones itinerantes al servicio de comunidades lectoras emergentes. Se destinarán al fortalecimiento de bibliotecas públicas y casas de cultura en lugares como Gaira (Magdalena), el corregimiento de Colón (Putumayo) o la cárcel La Modelo, en Bogotá.