En el contexto de la cercana Casa Luna (también proyectada por el estudio), la propuesta evoca las investigaciones presentadas en el conocido libro «La Casa de Adán en el Paraíso» de Joseph Rykwert. La estructura es de hormigón tosco e inacabado.
El pabellón sigue la tradición surrealista y a la vez arcaica desarrollada por el estudio en otros proyectos. Un volumen que se presenta como un retablo en su fachada de entrada y como una escalera contemplativa (en memoria de la Casa Malaparte en Italia) orientada hacia el sol del amanecer, en lo que parece una búsqueda casi esotérica de la naturaleza, una conexión con ella.
«El pabellón es una especie de autoencargo, ya que se ubica dentro de la misma finca donde se encuentra la Casa Luna: una propiedad de 150 hectáreas junto al río Cholguan, que delimita la Región de Ñuble, al pie de la Cordillera de los Andes, a unos 1.000 m sobre el nivel del mar.
El proyecto forma parte de la Fundación Artificial, una iniciativa sin fines de lucro que hemos fundado, cuyo objetivo es proteger el bosque nativo y promover la producción (y la contemplación) del arte en un entorno tan natural. Todo el propósito de este proyecto filantrópico, incluyendo el terreno y sus construcciones, es dejarlo para uso público.»
Sofía von Ellrichshausen.

Pabellón MIEL de Pezo von Ellrichshausen. Fotografía de Pezo von Ellrichshausen.
Descripción del proyecto por Pezo von Ellrichshausen
A medida que los árboles cercanos envejecen, sin prisa, esta pieza sin escamas se hará aún más pequeña. En medio de un oscuro bosque de coihues (Nothofagus dombeyi), la huella concentrada y sin dirección adquiere una sensación axial, explícitamente asimétrica, con un lado alto, que quizá completa un cubo imaginario, y el lado opuesto sin alzado alguno. Esta frontalidad convierte el muro en un retablo, un plano mudo reforzado por dos contrafuertes que sostienen una viga aparentemente inútil y por un dintel grabado (NI MÁS NI MENOS) que contradice su mutismo.
Más allá de este umbral opaco, con el follaje cortado por un óculo circular exagerado, ya no hay distinción entre pared y techo. Aunque en el interior los vectores intencionales y gravitacionales (o «la voluntad del espíritu y la necesidad de la naturaleza», como diría Simmel) se diluyen en una diagonal justa, en el exterior son bastante evidentes; la topografía es a la vez artificial y carente de significado, ya que alcanzar la cima no altera mucho el panorama.
Este engañoso bloque de hormigón artesanal es relativo, se mire como se mire: de lejos, un discreto monumento; desde el bosque, un zócalo interrumpido; desde la oblicua incomodidad de la habitación, unas delicadas líneas blancas que difuminan la huella del encofrado. En su planitud, casi sin espesor, el muro se vuelve irreversible; por fuera, la estructura encajada de un templo para seis reinas; por dentro, el puro dibujo de una cabaña de madera arquetípica.
Por suerte, este dispositivo recargado no es tanto un objeto para la vista como para el trabajo; aquí se elabora una modesta producción orgánica de miel, de ahí las reinas.