Lola Álvarez Bravo nació el 3 de abril en el estado mexicano de Jalisco y falleció a los 90 años de edad en Ciudad de México el 31 de julio de 1993. Fue una de las fotógrafas más importantes de México, llegando a ser amiga y fotógrafa de Frida Khalo y María Izquierdo.

Dolores Martínez de Anda, su nombre de soltera, adoptó los dos apellidos de su marido, el también fotógrafo, Manuel Álvarez Bravo, con el que se casó en 1925 y del que terminaría separándose en 1934. Fue a partir de su matrimonio que Lola Á. Bravo descubrió el mundo de la fotografía y empezó un camino de aprendizaje propio donde también trabajó con su marido, con el que inauguró su primer taller de revelación de fotografía.

Primeros años
Lola Álvarez Bravo parecía no saber a qué dedicarse; sin embargo, tenía claro que quería desarrollarse fuera de los parámetros establecidos en la sociedad mexicana de su época. La muerte de su madre, seguida de la muerte de su padre cuando ella tenía 13 años, parecía haber truncado su destino, tras lo cual se trasladó junto con su hermano Miguel a casa de sus tíos. Su educación estuvo rodeada de un entorno religioso, fue internada durante dos años en un colegio dirigido por las monjas teresianas.

«Desde chica, con mi padre, pensé que yo tenía que hacer algo que no fuera común y corriente aunque me educaron muy mal, me educaron para todo lo inútil, porque lo que más odié en mi vida es que me ordenaran y limitaran mi libertad»

Lola Álvarez Bravo1

Conoció al que sería su marido una vez terminó sus estudios secundarios, ya que era amigo de su hermano. Comenzó como ayudante de su marido (Manuel Álvarez Bravo) y posteriormente contrajeron matrimonio. Lola Á. Bravo se enfrentó de forma profesional a la fotografía en el momento en que su marido cayó enfermo y ella tuvo que terminar un proyecto. Fue a partir de este momento cuando pudo empezar a desarrollar los conocimientos que fue adquiriendo con anterioridad de forma autodidacta.

Comienzo de su carrera fotográfica
En 1927, en Ciudad de México, creó junto a su marido una galería de arte además de inaugurar el que sería su primer estudio fotográfico a nivel profesional: Taller de Fotografía Álvarez Bravo. En dicho estudio no solo trabajó conjuntamente con su marido, sino con otros artistas como Rufino Tamayo y María Izquierdo (ambos pintores), con los que dirigió su primera exposición colectiva incluyendo obras de Diego Rivera y Agustín Lazo (muralista político y pintor, respectivamente).

Si bien, Lola Á. Bravo empezó a hacerse conocida entre los artistas mexicanos; no fue hasta la obligada deportación de su amiga y fotógrafa Tina Modotti que pudo hacerse con su primera cámara propia. Tina Modotti vendió al matrimonio Álvarez Bravo sus dos cámaras fotográficas para poder recaudar el dinero suficiente y abandonar el país. Una de las cámaras se la quedó Manuel y la otra, una Graflex, se la quedó Lola.

Desarrollo y estrellato
Con el posterior divorcio entre Lola y Manuel, esta no eliminó los apellidos que había adoptado de su exmarido, pues artistas y colegas la conocían por ese nombre. Las amistades entabladas y un cúmulo de sucesos fortuitos gracias a su dedicación y trabajo la llevaron a un reconocible desarrollo en sus obras fotográficas. Una de sus mayores clientas y amigas es la conocida Frida Kahlo, con quien trabajó estrechamente, siendo la primera persona en mostrar la obra pictórica de la artista. A partir de una labor personal impulsada por su propia determinación, presentó sus trabajos a diversas personalidades, que la apoyaron y facilitaron que pudiese presentar su primera exposición en 1944, en el Palacio de Bellas Artes de Ciudad de México.

«Cuando Frida hablaba, cuando ella caminaba, cuando ella pintaba, cuando ella se expresaba, ya inspiraba algo. Para mí, era como pájaros y flores y colchas de punto; un estilo mexicano que concentraba una época y se vertía a través de ella. Frida era eso»

Lola Álvarez Bravo2

Su estilo modernista, mostraba la cotidianidad de la vida de las personas al mismo tiempo que jugaba con las luces y sombras del momento que retrataba. El reconocimiento a su labor estuvo marcado por diferentes momentos, sin embargo, su nombramiento como directora de Fotografía en el Instituto Nacional de Bellas Artes fue uno de los más memorables. Lola Álvarez Bravo continuó con sus exposiciones personales hasta que, a los 86 años de edad, perdió la vista. Finalmente, su muerte el 31 de julio de 1993, dejaba un legado artístico que se recoge en el Centro de Fotografía Creativa (CCP) de la Universidad de Arizona, en Tucson. Para Lola, sus fotografías «representan un México que alguna vez existió».3

NOTAS.-

1. Alberto López. «Lola Álvarez Bravo, la retratista del modernismo cotidiano». España: El País, 04/04/2020.
2. Javier Aranda Luna. «La memoria de Lola Álvarez Bravo». México: La Jornada, 26/04/2017.
3. Ibidem (1).

Más información

Lola Álvarez Bravo (Dolores Martínez de Anda) fue una fotógrafa mexicana, pionera del estilo modernista que reflejaba la vida cotidiana de país. Nació el 3 de abril de 1903 en Jalisco y falleció el 31 de julio de 1993 en Ciudad de México.

Su carrera fotográfica se vio iniciada a partir de su matrimonio con el también fotógrafo Manuel Álvarez Bravo, del cual adoptó sus apellidos dando lugar a su nombre artístico. Las relaciones de amistad que mantuvo con diferentes artistas contemporáneos y la exposición de su trabajo en diferentes galerías de arte, la llevaron a recibir diversos reconocimientos de los que, muchos, se tradujeron en puestos de trabajo reconocidos a nivel nacional, como profesora de fotografía en la Academia de San Carlos en la Ciudad de México o en el Laboratorio de Arte del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM.

Su mayor auge fue en las décadas de 1950 y 1960, en los que, gracias a su buena relación con Frida Khalo,  María Izquierdo, Julio Castellanos o Emilio Amero, expuso sus fotografías tanto a nivel individual como colectivo.
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Frida Kahlo (Coyoacán, Ciudad de México, 6 de julio de 1907–Coyoacán, Ciudad de México, 13 de julio de 1954). Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón, nacida Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón, fue una pintora mexicana cuya obra desarrolló una de las exploraciones más singulares de la identidad, el cuerpo y la cultura mexicana en el arte del siglo XX. Aunque su trayectoria estuvo estrechamente vinculada a Diego Rivera y al ambiente artístico surgido tras la Revolución mexicana, su pintura mantuvo una posición propia, alejada de la escala monumental y del carácter predominantemente público del muralismo.

Hija del fotógrafo Guillermo Kahlo y de Matilde Calderón, creció en la Casa Azul de Coyoacán, posteriormente convertida en Museo Frida Kahlo. La fotografía estuvo muy presente en su entorno familiar y tuvo una importancia constante en la construcción de su propia imagen. El archivo fotográfico que conservó durante toda su vida, abordado también por METALOCUS con motivo de la exposición Frida Kahlo – Sus fotografías, reúne imágenes de autores como Tina Modotti, Edward Weston, Man Ray, Brassaï, Lola y Manuel Álvarez Bravo o Nickolas Muray.

A los seis años enfermó de poliomielitis, que afectó a su pierna derecha. Más tarde estudió en la Escuela Nacional Preparatoria de Ciudad de México. El 17 de septiembre de 1925, con dieciocho años, sufrió un grave accidente cuando el autobús en el que viajaba fue arrollado por un tranvía. Las numerosas lesiones y el prolongado periodo de inmovilización marcaron profundamente su vida y durante la convalecencia comenzó a pintar de manera sistemática.

Desde entonces, el cuerpo se convirtió en uno de los principales territorios de investigación de su obra. Kahlo recurrió repetidamente al autorretrato para representar la identidad, la enfermedad, el dolor físico, la sexualidad, la maternidad frustrada y su relación con el entorno social y político. Sin embargo, su pintura no puede reducirse a una transcripción autobiográfica. Sus imágenes incorporan elementos de los exvotos mexicanos, el retrato colonial, las tradiciones populares, el arte prehispánico y la cultura visual moderna, articulados mediante una iconografía profundamente personal.

A finales de la década de 1920 entró en contacto con el círculo artístico y político al que pertenecían, entre otros, Tina Modotti y Diego Rivera. Kahlo y Rivera contrajeron matrimonio el 21 de agosto de 1929. Durante los años siguientes vivieron en distintos lugares de México y Estados Unidos, coincidiendo con los grandes encargos murales de Rivera en San Francisco, Detroit y Nueva York. Se divorciaron en 1939 y volvieron a casarse en San Francisco el 8 de diciembre de 1940.

Las estancias norteamericanas fueron también decisivas para la carrera independiente de Kahlo. Mientras Rivera realizaba sus grandes ciclos murales, ella continuó trabajando en pinturas de pequeña y mediana escala, radicalmente distintas de la monumentalidad muralista. Obras como Henry Ford Hospital (1932), My Birth (1932) o My Dress Hangs There (1933) incorporaron experiencias personales junto con una mirada crítica hacia la sociedad y la industrialización estadounidenses.

Su reconocimiento internacional se consolidó en la segunda mitad de la década de 1930. En 1938 André Breton visitó México, conoció su obra e intentó situarla dentro del surrealismo. Ese mismo año, Julien Levy organizó en Nueva York la primera exposición individual de Kahlo. En 1939 viajó a París invitada por Breton y participó en la exposición Mexique, organizada con la colaboración de Marcel Duchamp en la Galerie Renou et Colle. En ese contexto, el Estado francés adquirió The Frame (El marco, 1938), actualmente conservado en el Centre Pompidou. Kahlo, sin embargo, rechazó reiteradamente que su pintura debiera interpretarse como una representación de sueños y afirmó que pintaba su propia realidad.

La identidad mexicana ocupa una posición central en esa realidad pictórica. Kahlo incorporó a sus obras plantas, animales, objetos domésticos, indumentaria tradicional y referencias a culturas indígenas y al arte popular. Esa construcción visual se extendió también a su presencia pública: los vestidos tradicionales, las joyas prehispánicas y la elaboración consciente de sus retratos fotográficos formaron parte de una identidad visual inseparable de su pintura.

Entre sus obras más conocidas se encuentran The Two Fridas (Las dos Fridas, 1939), Self-Portrait with Cropped Hair (Autorretrato con pelo cortado, 1940), The Broken Column (La columna rota, 1944) y The Wounded Deer (El venado herido, 1946). En ellas desarrolló un lenguaje en el que el autorretrato dejó de funcionar simplemente como representación física para convertirse en un instrumento desde el que investigar cuestiones de género, identidad cultural, política y experiencia corporal.

Su compromiso político fue igualmente constante. Kahlo estuvo vinculada al comunismo mexicano y participó activamente en los ambientes políticos de izquierda de su época. Junto con Rivera intervino en las gestiones que permitieron a León Trotsky establecerse en México en 1937; Trotsky y Natalia Sedova residieron inicialmente en la Casa Azul. Su militancia política permaneció presente hasta los últimos años de su vida.

Durante la década de 1940, Kahlo alcanzó una presencia creciente en instituciones y exposiciones internacionales y desarrolló también una actividad docente. Su deteriorado estado físico exigió numerosas operaciones y largos periodos de hospitalización, aunque continuó pintando y participando en la vida artística mexicana.

En 1953, Lola Álvarez Bravo organizó en su Galería de Arte Contemporáneo de Ciudad de México la única exposición individual de Kahlo celebrada en México durante la vida de la artista. Su estado de salud era ya muy grave, pero Kahlo acudió a la inauguración instalada en una cama.

Frida Kahlo murió el 13 de julio de 1954 en la Casa Azul de Coyoacán, pocos días después de cumplir cuarenta y siete años. La casa abrió como museo en 1958, conservando una parte fundamental de sus obras, objetos, documentos y espacios domésticos.

Durante las décadas posteriores a su muerte, la valoración de su obra creció hasta convertirla en una de las figuras centrales del arte del siglo XX. Más allá de la enorme difusión popular de su imagen, su relevancia histórica reside en haber desarrollado un lenguaje pictórico propio en el que cuerpo, identidad, cultura mexicana, experiencia biográfica y política se integran sin quedar subordinados a ninguna de las corrientes artísticas con las que fue relacionada.

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Publicado en: 8 de Marzo de 2021
Cita:
metalocus, KRYSSTELL MARÍN
"Lola Álvarez Bravo: fotógrafa méxicana prolífica" METALOCUS. Accedido el
<https://www.metalocus.es/es/noticias/lola-alvarez-bravo-fotografa-mexicana-prolifica> ISSN 1139-6415
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