El edificio desarrollado por Cho and Partners se configura mediante la superposición de plantas con orientaciones y ángulos diferentes. Esta disposición, junto con el voladizo de más de tres metros de la segunda planta, produce variaciones en la profundidad, las sombras y la relación entre sus distintos planos.
En cuanto a su materialidad, la estructura de hormigón armado soporta un volumen revestido con ladrillos alargados de tonalidad rojiza, en referencia a las construcciones de ladrillo presentes en el entorno. La combinación de la rotación de las plantas y el voladizo de la segunda altura define tanto la configuración volumétrica como el comportamiento de las sombras sobre el revestimiento.

deDear Manri por Cho and Partners. Fotografía por Geunho Jung.
Descripción del proyecto por Cho and Partners
Un edificio que recibe el recorrido desde dos direcciones
En la cima de una colina que conecta Manri-dong y Cheongpa-dong, un camino sinuoso conduce a las personas desde dos direcciones hacia un mismo terreno. Aquí, el estudio Cho and Partners construyó «deDear Manri» como su propia sede. Por un lado, se alzan las torres que rodean Seoullo 7017 y la estación de Seúl; por el otro, se encuentran los talleres de costura y los edificios de baja altura que se extienden hacia Cheongpa-dong. El diseño partió de la premisa de conectar estas distintas escalas urbanas y trayectorias de circulación.
Cada planta está orientada con un ángulo diferente, de modo que la forma se retuerce a medida que gana altura. El edificio recibe a quienes se acercan desde ambas direcciones y se revela gradualmente a medida que uno asciende por la colina. En lugar de definir el edificio mediante una única fachada observable desde un punto fijo, el diseño tomó como referencia la relación cambiante entre sus caras y volúmenes a medida que el observador se desplaza por el camino curvo.
La losa de la segunda planta presenta un voladizo de más de tres metros, un elemento clasificado como «estructura especial» según la normativa de edificación coreana. Esto genera una diferencia de profundidad entre las partes inferior y superior del edificio. La rotación de las plantas, combinada con el voladizo, modifica la superposición de las caras y las sombras proyectadas entre ellas, dependiendo del punto desde el cual se observe.
El exterior está revestido con ladrillos alargados de color rojo. Esta elección dialoga con los edificios de ladrillo del entorno, mientras que el formato alargado de las piezas y la disposición de las juntas horizontales enfatizan la linealidad horizontal. Los muros, orientados en distintas direcciones, quedan unificados por el uso del mismo material y la repetición de sus juntas. De cerca, se perciben la textura del ladrillo y sus sutiles variaciones cromáticas; desde lejos, la repetición de las líneas se percibe como una superficie continua.
El recorrido continúa desde el callejón hacia una escalera exterior. Esta parte desde el nivel del suelo y asciende hasta la tercera planta, donde se accede al interior del edificio para continuar, mediante una escalera interna, hasta la quinta planta. La transición del exterior al interior convierte el acto de entrar en una secuencia de etapas, prolongando el trayecto iniciado en el callejón hacia el interior del edificio, a distintas alturas.
Durante el ascenso, cada planta presenta un espacio con carácter propio, de modo que las diferencias entre ellas se perciben a lo largo de un recorrido único. En el exterior, la orientación varía de una planta a otra; en el interior, los espacios se transforman a lo largo del trayecto. De este modo, el proyecto articula la conexión entre dos barrios —a través del camino— y el desplazamiento entre plantas en un flujo continuo.