La vivienda ideada por mf+arquitetos se organiza en dos niveles. La planta superior alberga los dormitorios y la zona principal de estar, orientados hacia el horizonte, mientras que la inferior concentra las áreas de ocio y se prolonga hacia el embalse mediante una zona cubierta y una piscina. Entre los dos volúmenes interiores se sitúa el espacio principal de convivencia, bajo la amplitud de la cubierta.
Constructivamente, el proyecto combina una estructura de pórticos de madera laminada encolada con dos volúmenes revestidos de acero. En el nivel inferior, una gran marquesina de hormigón visto se proyecta hacia el agua.

Casa Celeiro por mf+arquitetos. Fotografía por Fernando Guerra
Descripción del proyecto por mf+arquitetos
A orillas de un embalse en Delfinópolis, Minas Gerais, Brasil, Casa Celeiro establece una relación directa con el paisaje. El horizonte abierto, la presencia del agua y la topografía natural configuran una arquitectura que explora distintas formas de habitar el entorno.
La vivienda se organiza en dos niveles. La planta superior alberga los espacios privados y la zona principal de estar, orientados hacia el horizonte, mientras que la inferior acoge las áreas de ocio, que se extienden hacia el embalse sin comprometer la privacidad de los dormitorios. Esta disposición mantiene las vistas despejadas y aprovecha la topografía para organizar el programa.
El elemento más distintivo de la casa es una gran cubierta a dos aguas, sostenida por una sucesión de pórticos de madera laminada encolada. Su geometría remite a la arquitectura rural y a la imagen tradicional de un granero, aunque la semejanza es principalmente formal. En lugar de cerrar el espacio interior, la estructura de madera funciona como una envolvente independiente bajo la que se insertan dos volúmenes revestidos de acero.
El espacio entre la cubierta y estos volúmenes constituye una parte esencial de la arquitectura. Funciona como porche, zona de circulación, protección solar o espacio abierto. Esta separación favorece la circulación del aire y la ventilación natural, al tiempo que genera espacios de transición que difuminan los límites entre interior y exterior. La cubierta define así tanto la forma del edificio como su comportamiento ambiental.
Entre los dos volúmenes revestidos de acero se sitúa la zona principal de estar, donde se manifiesta la escala de la cubierta. La estructura deja de ser un mero elemento de soporte para integrarse en la experiencia del espacio interior. En el extremo del volumen de los dormitorios, la estructura metálica se prolonga en un amplio sistema de estanterías que diluye los límites entre construcción, carpintería y mobiliario.
La materialidad combina madera, acero, hormigón y piedra natural, preservando las cualidades de cada material y estableciendo relaciones de contraste y continuidad. La madera laminada encolada aporta ritmo y calidez; el acero define los volúmenes interiores; el hormigón ancla la vivienda al terreno; y la piedra natural conecta la arquitectura con el paisaje circundante.
En el nivel inferior, el lenguaje arquitectónico cambia. Una amplia marquesina de hormigón visto se proyecta horizontalmente hacia el agua y protege las áreas de ocio bajo su pronunciado voladizo. El espacio cubierto se prolonga hacia la piscina, conectando el interior, el exterior y el embalse en una secuencia espacial continua. Sobre la losa, una cubierta vegetal recupera parte de la superficie ocupada por la construcción.
En el exterior, unos peldaños de piedra natural recorren la pendiente entre la vegetación y conectan ambos niveles. En lugar de establecer una conexión directa, el recorrido propone una transición gradual entre arquitectura y naturaleza, guiada por la piedra, la topografía y la vegetación.
Esta alternancia entre apertura y recogimiento continúa en el interior. Mientras los espacios principales aprovechan la luz natural y las vistas abiertas, la bodega ocupa una posición más resguardada en la planta inferior. El hormigón visto, la piedra natural y la iluminación indirecta crean una atmósfera íntima, centrada en las texturas y las cualidades de los materiales.
La luz también transforma los espacios a lo largo del día. El sol se filtra entre la estructura de la cubierta y los volúmenes interiores, proyectando sombras cambiantes sobre las zonas de circulación y las superficies. Al atardecer, la incidencia más baja de la luz intensifica los tonos de la madera, el hormigón y la piedra.
Casa Celeiro presenta dos identidades distintas. Desde la distancia, su geometría sencilla y su cubierta inclinada evocan la silueta reconocible de un granero rural. De cerca, esta aparente unidad se fragmenta en una composición de capas: la cubierta se separa de los volúmenes, la estructura se convierte en espacio, los límites se transforman en porches y el terreno en recorrido.
La identidad de la vivienda reside en esta dualidad, que equilibra refugio y apertura, forma y vacío, permanencia y transformación. La memoria del granero permanece en su silueta elemental, reinterpretada mediante una arquitectura que responde a otra forma de habitar, más vinculada al clima, al movimiento y al paisaje circundante.