Para este entoldado provisional, Óscar Miguel Ares centra el foco creativo en la interpretación de lo existente. Las bóvedas nervadas góticas, con sus nervios, plementerías, pliegues en piedra y dovelas, sirven de referencia para la materialización de esta lona plegada. El resultado es una construcción industrializada, inspirada en referencias históricas, cuyo fin es mitigar los efectos de las condiciones ambientales.
La construcción, concebida como una composición aditiva de carácter modular, está compuesta por piezas atornilladas, fácilmente desmontables y apilables. La lona, descompuesta en múltiples paños, se aproxima al suelo en algunos puntos y se eleva en otros, como sus bóvedas homónimas. La estructura se apoya en pies derechos de acero que actúan como pilares, dando lugar a la reinterpretación contemporánea de un imaginario histórico.

Entoldado provisional por Óscar Miguel Ares. Fotografía por Gabriel Gallegos Alonso.
Descripción del proyecto por Óscar Miguel Ares
Medina del Campo, cuenta con una de las plazas mayores más grandes del país. Llamada de la Hispanidad, nació como espacio de encuentro y comercio y terminó convirtiéndose en uno de los grandes escenarios económicos de la Europa de los siglos XV y XVI. Su amplitud se explica por las célebres ferias que acogía: comerciantes, mercancías y operaciones financieras necesitaban un lugar capaz de reunir la intensa actividad de una villa conectada con los principales mercados europeos. Con el declive de las grandes ferias perdió protagonismo económico, aunque conservó su condición de centro urbano.
La emergencia climática no sólo impacta en nuestros campos, en las grandes ciudades, montañas, mares o riberas de los ríos. Los pequeños municipios, como el de Medina del Campo, en Valladolid, son sometidos a unas duras condiciones estivales en los prolongados meses de un verano que no parece tener definido su límite temporal. La dureza del sol de la meseta agobia las actividades que podrían realizarse hasta que el sol desciende por los viñedos próximos. La insolación, antes esperada tras los crudos inviernos castellano, es ahora un problema.
El encargo municipal, consistía en ejecutar una construcción efímera que sirviese como entoldado provisional en un contexto de fuerte linaje histórico. Una suerte de plaza porticada desmontable y montable, dentro de la existente plaza de magnas dimensiones, que sirviese para el desarrollo de las múltiples actividades culturales que se realizan bajo la protección de su sombra.
La fuerte carga histórica del lugar, rodeado de edificios catalogados y gran significado en la memoria de sus habitantes, provocaron que el foco creativo se desplazase hacia la interpretación de lo existente. La adyacente colegiata de San Antolín, obra de los maestros Juan y Rodrigo Gil de Hontañón, con sus nervadas bóvedas góticas del XVI y XVII sirvieron como referencia. Los nervios, plementerías, pliegues en piedra y dovelas, se trasladaron a una lona quebrada que, aguantada por pies derechos de acero a modo de pilares, recreaban un interior de referencias góticas en un exterior. Una suerte de reinterpretación contemporánea de un elemento histórico.
La lona, descompuesta en múltiples paños, en algunos puntos se acerca al plano del suelo; en otros se eleva como sus homónimas bóvedas colegiales. Su color, semejante al del suelo existente, activa la condición de enmarque sobre los distintos elementos históricos que existen alrededor.
La construcción se ha concebido de manera modular, lo que permitiría una composición aditiva cuyo único límite es la propia plaza. Su ejecución se realizó en tan sólo un mes. Las piezas, atornilladas, son fácilmente desmontables y apilables hasta el verano siguiente. La paradoja: una construcción industrializada, con referencias históricas cuyo fin es paliar problemas ambientales.