Para el Centro Juvenil de Parquesol, Pereira-Royo Arquitectos propone un vestíbulo escalonado de cuatro plantas: un espacio abierto y polivalente proyectado para fomentar la espontaneidad cultural que recorre todo el edificio, permitiendo diversos puntos de acceso y zonas de actuación.
La estructura se concibe como una secuencia de muros paralelos de hormigón ciclópeo cuya textura se asemeja a los campos y páramos visibles en el horizonte, captados a través de una ventana que, a modo de rendija y con un ritmo y un encuadre cinéticos, permite contemplar el paisaje.

Visualización. Espacio Joven en Parquesol por Pereira-Royo Arquitectos.
Descripción del proyecto por Pereira-Royo Arquitectos
El «Plano de Valladolid y sus Cercanías» realizado por Jovanne Sculp en 1.820 dibuja una ciudad perfilada por el río Pisuerga y sitiada por una serie de cerros que caracterizan el paisaje y condicionarán su posterior desarrollo. Ciudad y territorio aguardan amistosamente la llegada del próximo siglo XX.
En 1.985 sobre el cerro Gallinero se inician las obras de la «Ciudad de Parquesol» muy próximas a un meandro del río. La ciudad comienza a expandirse por el territorio, convirtiendo al barrio de Parquesol en uno de los núcleos de población más importantes de Valladolid en la actualidad.
En una parcela municipal del barrio y a 750 metros de altitud, el Ayuntamiento propone la ejecución de un edifico público destinado a espacio joven para desarrollar actividades culturales, recreativas y lúdicas. Una parcela ubicada en el borde de una cinta paisajística que conecta un rosario de miradores: Almunia, las Américas, Parque de Los Almendros, Ladera Sur… Nuestro proyecto se aleja del desarrollismo del sigo XX, queriendo devolver la mirada a “Valladolid y sus cercanías”, recuperando la memoria geográfica.
La propuesta quiere ser cerro. Desde la cota superior de la parcela, el edificio se derrama ladera abajo, sumergiéndose en el territorio con el objetivo de alcanzar su cota inferior y conectar los distintos niveles de la ciudad, fundiéndose en el paisaje. Y como si de un recorrido se tratara, el proyecto abre sus testeros a la ciudad, las plazas o los caminos, recogiendo al visitante y guiándolo a través de una suerte de vestíbulo escalonado a cuatro alturas que atraviesa el edificio. Un espacio indeterminado y polivalente, concebido para la espontaneidad cultural y con vocación cinematográfica.
Ese escalonamiento permite disponer de diferentes accesos y escenarios, facilitando la flexibilidad e independencia de todos los usos que el programa funcional requiere. Los distintos niveles se ejecutan gracias a una secuencia de muros paralelos de hormigón ciclópeo que son paisaje. Unos muros cuya textura podrá recordar a los campos y páramos que se observan en el horizonte hasta encontrarse con la vegetación de ribera.
Un cerro parece el lugar adecuado para mirar. El edificio se aparta, hundiendo la mayor parte de su programa y proyectando una ventana que a modo de grieta es capaz de capturar el cielo y recorrer con la mirada los meandros del Pisuerga hasta morir en el Duero. Una ventana con ritmo y encuadre cinético que permite abarcar el paisaje y reivindicar el derecho al horizonte.
Una arquitectura como un animal agazapado, tumbado sobre la ladera que en un alarde de amabilidad entrega su lomo a la ciudad: 2.000 m² de tapiz libre de instalaciones y plagado de vegetación que ofrecerán una visión fascinante al sinfín de vecinos que vierten sus vistas a la parcela, involucrándose en la cinta paisajística que recorre el cerro Gallinero. Una cubierta ambiental que, como si de un afluente del río se tratará, infiltrará su ecosistema en el barrio, convirtiéndonos en espectadores del Pisuerga.