La vivienda proyectada en Monte Alvo por NOZ Arquitectura dialoga con su entorno a través de aberturas vinculadas con el exterior que intensifican la conexión con el paisaje y permiten la permeabilidad entre el interior y la naturaleza. Haciendo uso de la memoria constructiva del territorio, se emplean tejas cerámicas, paredes encaladas y mampostería gruesa.
Como hito del proyecto, unas chimeneas de gran tamaño trascienden su función de evacuación de humos, facilitando la ventilación natural y favoreciendo la refrigeración pasiva, además de introducir luz cenital difusa. Un arco vernáculo redefine las entradas y organiza la especialidad a través de un eje longitudinal, conectando las fachadas laterales y las alas interiores.

Casa Monte Alvo por NOZ Arquitectura. Fotografía por Fernando Guerra.
Descripción del proyecto por NOZ Arquitectura
La tradición arquitectónica del Alentejo se define por la simplicidad de las formas, los espacios funcionales y una profunda conexión con el clima y el paisaje. Situada en la cima de Monte Alvo, la casa es de una sola planta y está orientada para aprovechar al máximo la luz solar y garantizar el confort térmico durante todo el año. El tejado a dos aguas con tejas cerámicas, las paredes encaladas, la mampostería gruesa y las chimeneas evocan la memoria constructiva de la región, integrándola en el presente. Las chimeneas de gran tamaño, elementos centrales de la identidad de la casa, trascienden su función de evacuación de humos: también facilitan la ventilación natural, favorecen la refrigeración pasiva e introducen luz cenital difusa, reduciendo así la dependencia de sistemas artificiales. El arco, un elemento vernáculo empleado con sencillez, se reintroduce para definir las entradas y organizar la espacialidad. Un eje longitudinal recorre la casa, conectando las fachadas laterales y las alas interiores. En la cocina, el arco se prolonga en un techo curvo, aportando continuidad a la secuencia espacial.
La edificación original albergó a distintas familias a lo largo del tiempo, integrando cinco viviendas independientes en un único volumen, cada una con su propia entrada. Esta condición histórica sirvió de punto de partida para el proyecto, que buscaba preservar y reinterpretar el carácter colectivo y familiar del lugar. La nueva casa se organiza en tres unidades independientes, cada una con entrada privada, lo que permite su uso por varias generaciones de una misma familia sin perder la sensación de unidad.
El proyecto establece un diálogo constante con su entorno natural. Dos grandes aberturas intensifican la conexión con el paisaje y permiten una vida directamente vinculada al exterior. La elección de un volumen marcado principalmente por puertas garantiza una permeabilidad permanente entre el interior y la naturaleza.
La sostenibilidad en Monte Alvo se basa en estrategias pasivas e infraestructurales cuidadosamente estudiadas y adaptadas al clima cálido y seco del Alentejo. La fachada orientada al sur está protegida por una pérgola de paja que proporciona sombra natural y reduce la exposición solar directa. Las aberturas se dimensionaron y distribuyeron para maximizar la ventilación cruzada, minimizando así el consumo energético. Se utilizaron materiales locales, como la cal y la piedra, para garantizar la inercia térmica y reducir la huella ambiental.