El estudio, del que hace unos días presentábamos uno de sus últimos proyectos terminados, el Arena Sportiva en Lugano, nació en la ciudad de Sevilla en 1974, poco después de que sus fundadores terminaran sus estudios. Antonio Cruz Villalón (1948) y Antonio Ortiz García (1947) se habían conocido en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid. Sus primeros proyectos fueron residenciales y, desde Sevilla, a los pocos años abrieron oficinas en Ámsterdam y Lugano.
La planta de las viviendas de la calle Doña María Coronel, realizadas entre 1974 y 1976 en el centro histórico de Sevilla, rápidamente se convirtió en un modelo explicado en las universidades a los futuros arquitectos. Frente a la complejidad geométrica de la parcela, el proyecto propone un patio de geometría singular, con forma de «riñón», que vacía el centro de la parcela y es capaz de organizar las diferentes viviendas y las conexiones entre ellas. Una operación aparentemente sencilla que expresa una de las constantes de su trabajo: encontrar una solución unitaria capaz de integrar diversos condicionantes.
Esta búsqueda de coser y no imponer se mantiene en proyectos de escalas muy diferentes. La estación ferroviaria de Santa Justa, inaugurada en Sevilla en 1991, poco antes de Sevilla 92, supuso un punto de inflexión en su trayectoria y en la transformación urbana de la ciudad. La estación deja de ser una mera infraestructura funcional para convertir sus tránsitos y esperas en un acontecimiento espacial que combina el transporte ferroviario con una imagen arquitectónica de gran claridad. El proyecto recibió el Premio Nacional de Arquitectura Española en 1993, un preludio del reconocimiento actual.

Nuevo Rijksmuseum por Cruz y Ortiz arquitectos. Fotografía cortesía de Abe Bonnema Prijs. Fotografía por Pedro Pegenaute.
La recuperación del Rijksmuseum de Ámsterdam, reabierto en 2013, constituye probablemente uno de sus trabajos internacionales más conocidos y complejos. La recuperación del edificio histórico de Pierre Cuypers permitió reorganizar las circulaciones, conectar los patios interiores y hacer de la experiencia de acceso al museo una celebración espacial, sin que se perdiese su relación con la ciudad. La intervención demostró que actuar sobre el patrimonio no consiste únicamente en conservar sus elementos, sino también en reconocer sus posibilidades, las virtudes de su resiliencia para responder a nuevos usos.
Su impresionante producción se derrama con proyectos como la estación ferroviaria de Basilea, las Oficinas para la Consejería de Fomento de Sevilla, la transformación del antiguo estadio de atletismo de la Comunidad de Madrid en el actual Metropolitano, la Facultad de Ciencias de la Educación de Sevilla y distintos edificios del Campus de Ciencias de la Salud de Granada. Proyectos que, más allá de sus diferencias programáticas, comparten una atención constante a la estructura, la materialidad y las relaciones urbanas.
El jurado también ha destacado la dimensión académica de su trayectoria. Antonio Cruz y Antonio Ortiz han desarrollado una intensa actividad docente en instituciones como Harvard, Cornell, Columbia y los politécnicos de Zúrich, Lausana y Delft. Su participación en la creación de la Cátedra Blanca de Sevilla y su nombramiento como profesores honorarios de la Universidad de Sevilla en 2004 reflejan un compromiso con la transmisión del conocimiento que trasciende su actividad profesional.

Collage de croquis de proyectos de Cruz y Ortiz Arquitectos.
La candidatura fue presentada por el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España (CSCAE) y contó con el respaldo del Colegio Oficial de Arquitectos de las Islas Baleares y del Consejo Andaluz de Colegios de Arquitectos. El fallo destaca especialmente la capacidad del estudio para integrar las diferentes disciplinas que intervienen en el proyecto arquitectónico, así como su contribución a la evolución de la arquitectura contemporánea desde una práctica profesional rigurosa y comprometida con su contexto.
El Premio Nacional de Arquitectura 2025 reconoce así una trayectoria caracterizada por la coherencia y la continuidad, pero también por su capacidad de transformación. Frente a una arquitectura entendida como sucesión de imágenes o gestos individuales, Cruz y Ortiz han defendido una práctica en la que cada decisión encuentra su sentido dentro del conjunto. Una arquitectura que aspira a superar la complejidad mediante la precisión y cuya relevancia reside tanto en la calidad de sus edificios como en su contribución a la cultura arquitectónica contemporánea.