Para «Philo», Bernard Tschumi Architects propone aulas y laboratorios flexibles que facilitan la creación de espacios de trabajo espontáneos en este edificio dedicado a nuevas formas de aprendizaje y enseñanza, que cuenta con: un laboratorio de fabricación, un espacio para empresas emergentes o incubadoras y una sala de presentaciones para eventos. Las particiones de estos espacios se pueden mover con flexibilidad, lo que permite múltiples configuraciones.
Uno de los conceptos clave del proyecto es la circulación dinámica: pasillos horizontales y verticales se cruzan en un atrio central que funciona como una plaza pública cubierta que cuenta con una escalera de caracol y dos toboganes de doble hélice que dinamizan el espacio. A lo largo del perímetro, las aulas se abren hacia el exterior, creando así un edificio que se expande y refleja su entorno en constante cambio de color y forma a lo largo del año.

«Philo» por Bernard Tschumi. Fotografía por Iwan Baan.
Descripción del proyecto por Bernard Tschumi Architects
Una característica clave del nuevo edificio es su concepto de circulación dinámica. Senderos verticales y horizontales generan movimiento y se cruzan en el atrio central, que funciona como una plaza pública cubierta. El atrio está rodeado por tres pasarelas concéntricas. La primera recorre directamente los cuatro niveles del atrio; la intermedia distribuye las distintas aulas, mientras que la exterior actúa como un balcón continuo, proporcionando una extensión a las aulas cuando hace buen tiempo.
Philo alberga cinco niveles de aulas, laboratorios y programas para apoyar la innovación estudiantil, incluyendo un Laboratorio de Fabricación, un Espacio para Empresas Emergentes o Incubadoras y una Sala de Presentaciones para eventos, organizados alrededor de un gran atrio con una escalera de caracol y dos toboganes en configuración de doble hélice.
Las aulas, los laboratorios y los espacios de circulación están diseñados para maximizar la flexibilidad. Los tabiques se pueden mover o retirar para permitir múltiples configuraciones de las 90 aulas. Esta flexibilidad maximizará la utilidad futura del edificio y limitará la huella de carbono.
Las zonas informales distribuidas por todo el edificio fomentan la interacción espontánea entre estudiantes, profesores, emprendedores residentes e invitados. En el perímetro, las aulas se abren a balcones y pequeños jardines que promueven el intercambio y la colaboración.
La estructura circular dialoga con el campus histórico y la sala de conciertos con cúpula metálica adyacente, finalizada por Bernard Tschumi en 2014. Esta nueva contraparte científica y empresarial del centro de artes plantea la siguiente cuestión arquitectónica: ¿Cómo establecer un diálogo sin que un edificio eclipse al otro, de modo que el conjunto sea mayor que la suma de sus partes?
Philo utiliza una paleta de materiales similar a la del anterior Carnal Hall: acero, hormigón, madera y vidrio. El lenguaje arquitectónico compartido unifica ambos edificios, permitiendo a la vez que cada uno exprese su propia identidad y relación con su contexto común. Una diferencia notable son los senderos exteriores ajardinados de Philo, que cambian de color con las estaciones.
La fachada de aluminio utiliza triple acristalamiento y paneles de acero inoxidable de 2 mm de espesor con bordes de acero inoxidable. Las franjas horizontales de balcones ajardinados, combinadas con el vidrio tintado y las persianas enrollables exteriores, contribuyen a proteger la envolvente del edificio.
La cúpula cubre el atrio de 30 m de diámetro con una estructura minimalista de tubos de acero curvados. La curvatura aporta ligereza, y el vidrio electrocrómico mantiene el edificio abierto al cielo, reduciendo la ganancia de calor solar en verano y permitiendo la entrada de luz solar al atrio.
En cuanto a sus características de sostenibilidad, los diseños cilíndricos son intrínsecamente eficientes, ofreciendo un gran volumen interior en relación con la superficie total de la envolvente. Si bien es posible la ventilación natural, la renovación del aire se controla mecánicamente para limitar la pérdida de energía. La calefacción y la refrigeración se logran mediante bombas de calor que utilizan agua del cercano lago Lemán. Los paneles fotovoltaicos en la cubierta vegetal proporcionan gran parte de la energía utilizada en todo el edificio.
En definitiva, en palabras del cliente, el edificio es «una herramienta educativa vanguardista que encarna la ambición de Le Rosey de ser pionera en nuevas vías de aprendizaje».