En la planta baja de «Casa Xoltic» proyectada por AMASA Estudio, se reconfiguró el ingreso principal, integrando un elemento de almacenamiento continuo que funciona como vestíbulo y, a su vez, articula la sala de estar y el comedor. En cuanto a la circulación vertical, una escalera principal conecta la planta baja y la primera planta, mientras que el acceso a la terraza se desarrolla a través de una escalera de acero en voladizo desde la primera planta, manteniendo los patios de planta baja completamente abiertos y sin apoyos.
En las superficies expuestas a la intemperie o a la humedad como las fachadas, los patios, la terraza de la azotea, la cocina y los baños, se utilizó el material natural «chakum», adquiriendo textura, color y densidad material, mientras que para los otros espacios, se crearon paredes lisas de yeso doméstico. A su vez, el proyecto introdujo nuevas aberturas y celosías de ladrillo, ampliando las conexiones visuales y obteniendo espacios interiores iluminados con luz indirecta.

Casa Xoltic por AMASA Estudio. Fotografía por Zaickz Moz.
Descripción del proyecto por AMASA Estudio
Una casa que se transforma sin demolición: Rehabilitación y reestructuración contemporánea en Coyoacán
CASA XOLTIC parte de una convicción: en una ciudad donde la presión inmobiliaria suele resolverse mediante la demolición y la reconstrucción, recuperar una casa existente constituye en sí misma una postura urbana.
Ubicada en la Colonia del Carmen, en el corazón de Coyoacán, la casa original de la década de 1940 conservaba una estructura sólida y proporciones domésticas definidas, a pesar de haber sufrido múltiples alteraciones a lo largo del tiempo que fragmentaron su lógica espacial. En lugar de reemplazarla, el proyecto propone extender su ciclo de vida mediante una profunda reestructuración que actualiza su desempeño estructural, espacial y técnico de acuerdo con la normativa vigente, sin borrar su carácter.
En la planta baja, una de las intervenciones clave fue la reconfiguración de la entrada para restaurar la privacidad y la transición entre la calle y el interior. Un sistema de carpintería a medida integra el almacenamiento y, a la vez, funciona como vestíbulo: un elemento continuo de madera organiza la llegada, filtra las vistas directas y establece un umbral claro antes de acceder a las áreas sociales. Esta pieza articula la sala de estar, el comedor y la circulación, proporcionando orden y delimitación sin necesidad de muros adicionales.
La sala de estar, el comedor y la cocina se despliegan en una secuencia abierta hacia los patios, lo que permite la ventilación cruzada y una mayor profundidad visual. La cocina, acabada en terrazo vertido in situ, funciona como núcleo espacial de la planta y como nexo entre el interior y el exterior.
La reorganización de la circulación vertical fue una de las decisiones más importantes del proyecto. La escalera principal conecta la planta baja con la primera planta, mientras que el acceso a la terraza de la azotea se resuelve mediante una nueva escalera de acero en voladizo desde la primera planta, sin apoyos en la planta baja. Anclada por una viga estructural, esta decisión permitió que los patios inferiores permanecieran completamente abiertos, eliminando columnas intermedias y maximizando la luz natural. La circulación se convierte así en un sistema continuo en el que cada planta se conecta sin interferir con la inferior, y la terraza emerge como la culminación natural del recorrido vertical.
La orientación original norte-sur dio como resultado interiores iluminados predominantemente con luz indirecta. La estrategia arquitectónica introdujo nuevas aberturas, amplió las conexiones visuales e incorporó celosías de ladrillo para permitir que la luz atraviese el volumen de este a oeste. La casa se transforma a lo largo del día: mañanas suaves, luminosidad lateral al mediodía y cálidos reflejos por la tarde.
Materialmente, el proyecto aborda un desafío contemporáneo: trabajar con acabados ampliamente utilizados en la arquitectura residencial mexicana reciente, como el chukum y los enlucidos minerales. Lejos de representar una condición urbana generalizada, la repetición de estos materiales ha llevado a una cierta homogeneización de la expresión arquitectónica y de interiores, donde superficies similares aparecen en casas, centros culturales o espacios comerciales sin una relación clara con el contexto. En muchos casos, la nueva arquitectura podría ubicarse prácticamente en cualquier lugar.
Coyoacán, en cambio, se ha definido tradicionalmente por el color. Referencias icónicas como la Casa Azul demuestran cómo el color funciona como identidad urbana. Desde el principio, nos interesó explorar esa memoria cromática. El cliente solicitó el uso de chukum como acabado principal, y el proceso evolucionó hacia un diálogo activo: las decisiones sobre el contraste y la materialidad se desarrollaron de forma colaborativa, buscando el equilibrio entre la identidad local y la expresión contemporánea.
Una decisión clave fue delimitar el material. El chukum no se utilizó como acabado dominante en toda la casa, sino en superficies directamente expuestas a la intemperie o la humedad: fachadas, patios y la terraza de la azotea —como una extensión abierta hacia la ciudad—, así como baños y cocina. En el resto de los espacios interiores, las paredes lisas de yeso doméstico crean una atmósfera más contenida, habitable y marcadamente urbana.
Esta diferenciación establece una lógica clara: las superficies expuestas a la intemperie o al agua adquieren textura, color y densidad material, mientras que los espacios secos priorizan la continuidad y la calma. De esta manera, el chukum deja de funcionar como un gesto estilístico totalizador y se convierte en un recurso estratégico, aplicado donde sus cualidades técnicas y sensoriales son más significativas.
El suave tono rosa se seleccionó por su luminosidad en un clima templado y su armonía con la vegetación del vecindario. Su calidez contrasta con el verde elegido para la herrería original —cuidadosamente restaurada y complementada con nuevas piezas a medida—, produciendo variaciones cromáticas a lo largo del día. Conforme cambia la luz, las superficies se transforman, integrando la casa en su entorno específico y evitando una imagen genérica.
Todos los elementos —carpintería, herrería, terrazo, celosías de ladrillo y acabados— fueron diseñados específicamente para el proyecto y ejecutados in situ por artesanos mexicanos. Más allá de la estética, esto refleja una postura constructiva: priorizar los procesos manuales, los materiales duraderos y la artesanía local que permiten el mantenimiento, la adaptación y la reparación de la casa a lo largo del tiempo.
CASA XOLTIC rescata, reorganiza y prolonga la vida de una estructura existente, demostrando que la rehabilitación no es una alternativa secundaria a la nueva construcción, sino una forma consciente de construir ciudad a través de la memoria, la artesanía y la adaptación.