«Casa Pirules», ideada por el estudio de arquitectura Escobedo Soliz, está compuesta por cuatro volúmenes con dimensiones similares, adaptados a la posición de los árboles preexistentes. A partir de la calle hacia la zona posterior, se ubica el volumen destinado a la tienda, seguido de los dormitorios, la cocina y, finalmente, la sala-comedor. A lo largo de la parcela, la circulación entre los volúmenes está articulada por patios, escalinatas y jardines. La identidad de los espacios interiores y exteriores está definida por alturas cambiantes, cuerpos de agua, vegetación y distintas intensidades de luz.
Para la construcción de los muros, se utilizó el ladrillo como material principal, al ser práctico, local y económico. Se modularon alturas y niveles de plataformas tomando como módulo la hilada de ladrillo. Los muros exteriores cumplen funciones estructurales y técnicas, contienen instalaciones y proporcionan aislamiento acústico y térmico a los espacios interiores.

Casa Pirules por Escobedo Soliz. Fotografía por Ariadna Polo.
Descripción del proyecto por Escobedo Soliz
La Casa Pirules forma parte de un conjunto de seis viviendas ubicadas en los bordes del Valle del Maíz, uno de los barrios más antiguos de San Miguel de Allende. El terreno presenta una topografía pronunciada y está poblado por árboles y vegetación nativa —principalmente pirules, mezquites y nopaleras— que dan nombre al proyecto.
El barrio conserva la traza original de su estructura urbana, con calles dispuestas de manera paralela a las curvas de nivel y parcelas que descienden longitudinalmente siguiendo la pendiente natural del terreno. Esta organización tradicional respondía a criterios hidráulicos y agrícolas que permitían aprovechar los escurrimientos de agua para el riego.
En contraste con los nuevos desarrollos amurallados que caracterizan el crecimiento reciente de la ciudad, la propuesta busca integrarse a la dinámica preexistente del Valle del Maíz. El conjunto mantiene la escala y proporción de las parcelas vecinas, asegurando que cada vivienda conserve una conexión directa con la calle y establezca un diálogo respetuoso con la morfología, la vegetación y la identidad del entorno.
Cada vivienda se compone de cuatro volúmenes que alojan el programa arquitectónico. De la calle hacia el fondo, la secuencia espacial se organiza en el volumen del shop, seguido por el volumen de recámaras, el volumen de cocina y servicios, y finalmente el volumen de sala-comedor. En las seis viviendas los volúmenes mantienen las mismas dimensiones y proporciones; lo que varía es su ubicación dentro de cada terreno, adaptándose a la posición de los árboles preexistentes.
La circulación entre volúmenes se articula mediante patios, pórticos, escalinatas y jardines que se van revelando a lo largo del recorrido. Los cambios de altura, las distintas intensidades de luz, los cuerpos de agua y la vegetación definen los diversos ambientes interiores y exteriores de la vivienda.
Para los muros, el ladrillo se planteó como un material idóneo, ya que permite modular alturas y niveles de plataformas tomando como módulo la hilada de ladrillo. Además, se trata de un material local y económico, ampliamente trabajado en la región del Bajío. Los muros exteriores perimetrales de cada pabellón se conciben más robustos, cumpliendo funciones estructurales y técnicas: albergar instalaciones, proporcionar aislamiento acústico y térmico y proteger los espacios interiores de las condiciones exteriores.