«Casa Preñada» proyectada por FORarquitectura, se desarrolla en la planta baja de un edificio en el casco histórico de la ciudad, libre de tráfico rodado y peatonal. En su interior, está conformada por estancias abiertas y flexibles de apariencia ambigua y experimental, con espacios de servicio mínimos exigibles ubicados en el perímetro y el dormitorio en un núcleo central.
Tras unos paneles de tonalidad neutra y reflectante realizados con un sistema constructivo modular de paneles de chapa galvanizada ensamblados, se ocultan espacios de colores vivos inspirados en la obra del pintor Edward Hooper, que envuelven las zonas de almacenamiento, de instalaciones y privadas. El resultado es un lugar apto para vivir, versátil y con la capacidad de modificarse a futuro mediante una construcción desmontable y reutilizable.

Casa Preñada por FORarquitectura. Fotografía por Juanca Lagares.
Descripción del proyecto por FORarquitectura
A partir de los años 60 y ante la necesidad de construir vivienda rápida en las ciudades donde empezaban a llegar familias y personas procedentes del medio rural, ya surgieron una serie de profesionales (arquitectos, artistas,…) inquietos por estudiar e investigar nuevas formas vivir. Querían generar espacios habitables con programas y distribuciones que no respondiesen a los cánones de la construcción veloz y especulativa que se empezaba a expandir ante el éxodo rural. Las ciudades crecían de una forma rápida e invasiva y las edificaciones se alzaban como bloques que se repetían generando un ritmo de fachada cargante. Ante estas arquitecturas pragmáticas que sólo eran la respuesta de distribuciones pensadas para ejecutarse en serie, un numeroso grupo de arquitectos se interesaron por la búsqueda de nuevas formas de habitar como, por ejemplo, es el caso de Anna Bofill.
Estableciendo un paralelismo entre aquella época y la situación actual, hoy en día la migración de personas del campo a la ciudad se ha pausado, pero han surgido nuevos movimientos y situaciones que saturan y tensan el marco inmobiliario presente. El turismo masivo o la necesidad de tener que vivir de alquiler ante la escasa oportunidad de acceso a una primera vivienda, han generado todo un catálogo de obras ubicadas en espacios verdaderamente “ingeniosos” con arquitecturas carentes de intelecto, reflexión o calidad espacial. De este modo comienzan a expandirse, bajo el lema del “todo vale”, una serie de obras denominadas como “casas” en lugares mal acondicionados, carentes de recursos capaces de albergar una vida digna y en muchas ocasiones sin la supervisión de un técnico.
Con todo esto y sin remar a la contra de la aparición de estos nuevos lugares, Casa Preñada es un ejercicio de reflexión sobre la senda que empieza a afianzarse en el mundo actual. Un proyecto de adaptación de local a vivienda. Perteneciente a un edificio del siglo XVIII e inspirándose en las formas curvas de sus históricos balcones preñados de forja y en las pinturas neoclasicistas rescatadas en la fachada; el proceso de transformación pasa por un pensamiento sobre como habitar estos espacios carentes de algunos recursos protagonistas en la arquitectura como es el caso de la luz natural, por ejemplo, pero con la esperanza de poder ofrecer un espacio digno para vivir. Un habitáculo libre de imposiciones programáticas donde poder acondicionar nuestra forma de vida a placer. Evidentemente y por cuestiones de superficie, este lugar no es apto para albergar grandes familias, pero frente a los 30,50 m2 que recoge el Plan General de Ordenación Urbana de Málaga para viviendas tipo estudio o de un dormitorio, este espacio ofrece más de 70,00 m2 útiles para su tipología. Huir de un aprovechamiento especulativo donde todo se oprime al máximo para sacar el mayor rendimiento económico fue la primera decisión y el punto de partida para aceptar el encargo.
En cuanto a la luz natural, este elemento arquitectónico ha sido el principio activo a la hora de proyectar, llegando a condicionar la materialidad del espacio puesto que para intensificarla se ha diseñado un sistema constructivo modular de paneles de chapa galvanizada ensamblados y conformados en un taller local. Una intervención experimental de construcción seca, desmontable y reutilizable.
Siguiendo con la búsqueda de formas de habitar, este proyecto de estancias abiertas y flexibles con una apariencia ambigua y experimental manifiesta su deseo de no condicionar el uso a la forma y la geometría del habitáculo. Se genera un espacio con capacidad para ubicar las zonas de servicio mínimas exigibles en torno al perímetro y abrigando en el centro la zona vividera. Tras esta piel de tonalidad neutra y reflectante se esconde un mundo de color que envuelve a las estancias más íntimas o alberga usos tales como almacenamiento e instalaciones. El cromatismo de estas estancias y de ciertos detalles del espacio vividero se inspiran en la obra del pintor de la soledad, Edward Hooper. Obra que muestra escenas domésticas e íntimas del ser humano en entornos públicos, como si habitaran esos espacios que a priori no se conciben como lugares para vivir.
De este modo el resultado es un lugar apto para vivir, pero a su vez versátil y con la capacidad de revertirse a futuro para volver a destinarse a lo que tradicionalmente estábamos o estamos acostumbrados a encontrar en estos lugares a pie de calle.
Siendo conscientes de esto, el proyecto ofrece un nuevo modo de vida relacionado directamente con el plano raso de la calle, sin darle la espalda. Vivir en planta baja en un casco histórico libre de tráfico rodado y cargado de transeúntes también puede ser una nueva forma de conectarse con estos entornos e incluso llegar recordarnos como se vive en el pueblo.