«Poesía es transmutar el mundo en palabras, (...) arquitectura es transmutar el mundo en espacios donde se vive. Yo me decía en un momento dado que era un poeta que no había escrito jamás un poema (...).»(1)

Ricardo Porro.

Las Escuelas Nacionales de Arte de La Habana representan uno de los momentos más ambiciosos y complejos de la arquitectura moderna en América Latina. En ellas convergen aspiraciones políticas, experimentación arquitectónica y una reflexión profunda sobre la relación entre cultura, técnica y territorio. 

Dentro del conjunto se encuentra la Escuela de Danza Moderna proyectada por Ricardo Porro, una arquitectura concebida desde el cuerpo en movimiento que desdibuja el concepto de edificio docente para convertir la escuela en una experiencia sensorial.

La obra de Ricardo Porro se distingue por ser una respuesta orgánica, sensual y poética ante el racionalismo ortogonal de la época. En contraste con los cánones más destacables del movimiento moderno, su arquitectura busca resaltar lo humano y la identidad caribeña a través de las formas figurativas. Dentro de su repertorio, las Escuelas Nacionales de Arte (ENA) representaron “el salto mortal” de su carrera.(2)

El encargo surge como parte de la transformación cultural posterior al triunfo de la Revolución cubana en 1959. La decisión de crear un gran complejo dedicado a la formación artística respondía a la voluntad política de democratizar el acceso a la cultura y de redefinir los valores simbólicos del espacio construido. El emplazamiento elegido, el antiguo Country Club de La Habana en Cubanacán, reforzaba esta intención al transformar un espacio asociado a la élite en un lugar de producción cultural colectiva.

«…Cuba va a poder contar con la más hermosa Academia de Artes de todo el mundo…»(3)

Fidel Castro Ruz.

Ricardo Porro fue designado arquitecto responsable del conjunto y asumió el papel de proyectista general de las ENA. Para el desarrollo del proyecto invitó a los arquitectos italianos Vittorio Garatti y Roberto Gottardi, estableciendo una colaboración que dio lugar a cinco escuelas con identidades formales diferenciadas. Mientras Garatti proyectó las escuelas de Ballet y Música, y Gottardi la de Arte Dramático, Porro asumió directamente el diseño de las Escuelas Nacionales de Artes Plásticas y de Danza Moderna.(4)

La creación de estas escuelas marcó un antes y un después drástico en su trayectoria profesional. Antes de este proyecto, Porro buscaba una síntesis entre lo moderno y lo local, pero fue la libertad creativa de los primeros años de la Revolución lo que le permitió alcanzar una madurez expresiva radical. La influencia de las raíces afrocubanas y su inspiración en la obra de Wilfredo Lam determinó las características más distinguibles en estos proyectos: el uso de la curva, la arcilla, la luz cenital y una organización espacial que busca evocar emociones.

El proceso de diseño se inició a principios de 1961 y las obras comenzaron pocos meses después, en septiembre del mismo año. La construcción avanzó hasta 1965, momento en que las dificultades económicas y el cambio de orientación política hacia modelos constructivos más industrializados provocaron la paralización del conjunto.(5) 

Plan general de las Escuelas Nacionales de Arte. Tomado de Merin, Gili. AD Classics: The National Art Schools of Cuba / Ricardo Porro, Vittorio Garatti, Roberto Gottardi.

Plan general de las Escuelas Nacionales de Arte. Tomado de Merin, Gili. AD Classics: The National Art Schools of Cuba / Ricardo Porro, Vittorio Garatti, Roberto Gottardi.

Programa y función: La especificidad de la danza moderna
La Escuela de Danza Moderna debía responder a un programa pedagógico altamente especializado. La enseñanza de la danza moderna exigía: espacios amplios, flexibles y continuos, sin apoyos intermedios, con alturas generosas, iluminación natural homogénea, ventilación cruzada y superficies adecuadas para el movimiento corporal. A diferencia de otros programas docentes, la danza implica una relación directa entre cuerpo, espacio y percepción, lo que condicionó de manera decisiva el diseño arquitectónico.

El programa incluía salas de práctica de distintas escalas, espacios para ensayos colectivos e individuales, camerinos, un teatro, aulas, áreas de circulación pensadas como espacios de transición activa y zonas de apoyo para presentaciones y muestras escénicas. Porro interpretó este programa de forma orgánica, evitando una disposición jerárquica rígida y favoreciendo una secuencia continua de espacios interconectados. Las exigencias del programa y el principio de expresar la función en la forma arquitectónica, llevaron a soluciones formales que se alejaban de la ortogonalidad para acompañar el movimiento del cuerpo.

Plaza central por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Plaza central por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Lenguaje formal y morfología arquitectónica
El lenguaje formal de esta obra construida constituye una ruptura con el racionalismo que había caracterizado gran parte de la arquitectura cubana en la década del 50. Frente a la abstracción geométrica, Porro propone una arquitectura expresiva, sensual y simbólica, basada en geometrías curvas y recorridos orgánicos.

La creación del proyecto nace de un módulo básico para el pabellón de danza y genera a partir de él, la forma del edificio por integración de las partes en torno a una plaza principal. El juego volumétrico en la planta hace que los espacios exteriores se contraigan y se expandan en una construcción dinámica de ciudad, en el que calles, plazas y edificaciones se reinterpretan como corredores, patios y pabellones. Esta morfología genera una experiencia espacial secuencial, donde el usuario descubre el edificio a través del recorrido. La forma arquitectónica no se impone como un objeto aislado, sino que se despliega como una estructura espacial en constante diálogo con el cuerpo en movimiento.(6)

A diferencia de la Escuela de Artes Plásticas, más dulce y sensual, la Escuela de Danza se manifiesta como una arquitectura heroica(7). Concebida como una metáfora del estallido cultural y del nacimiento de una nueva sociedad, la escuela emplea un lenguaje antropomórfico y erótico. Los juegos de formas, arcos y columnas adquieren aquí un carácter más anguloso y angustioso; los suelos se quiebran como si hubieran sido golpeados violentamente, aludiendo a la explosión emocional que definía el momento histórico que se vivía en Cuba. Este carácter fragmentado y expresivo de las formas se refleja también en las bóvedas y cúpulas que cubren los distintos volúmenes.

La concepción de los espacios está directamente vinculada a la función para la que fueron creados. Las salas de danza se configuran como un núcleo central que estalla y proyecta hacia arriba los techos abovedados, en un juego espacial que se activa con el movimiento del bailarín: cuando el cuerpo salta, la arquitectura salta con él.(8)

Aula de teoría. Fotografía por Åke E:son Lindman. Tomada de Porro, Ricardo; Garatti, Vittorio; Gottardi, Roberto. National Art Schools of Cuba (reportaje de Åke E:son Lindman).

Aula de teoría. Fotografía por Åke E:son Lindman. Tomada de Porro, Ricardo; Garatti, Vittorio; Gottardi, Roberto. National Art Schools of Cuba (reportaje de Åke E:son Lindman).

Experiencia espacial interior para la danza
La experiencia espacial interior está directamente vinculada a la práctica pedagógica y escénica. Las proporciones de las salas, la altura libre y la continuidad visual crean un ambiente propicio para el movimiento y la concentración. La iluminación natural, filtrada y homogénea, evita deslumbramientos y favorece una percepción equilibrada del espacio.

La ventilación cruzada garantiza condiciones de confort térmico en un clima tropical, mientras que la geometría curva y los materiales porosos contribuyen a una acústica adecuada para la práctica de la danza, sin necesidad de sistemas especializados. La arquitectura se convierte así en un elemento activo del proceso pedagógico, influyendo directamente en la forma de aprender y practicar la danza moderna.

Cúpulas de los pabellones de danza por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Cúpulas de los pabellones de danza por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Sistema estructural y técnica constructiva
El uso del ladrillo y la técnica de la bóveda tabicada fueron los principios determinantes para las Escuelas Nacionales de Arte. Debido a la escasez de acero y hormigón, se optó por este sistema tradicional que permite gran libertad formal y requiere mano de obra artesanal. En la materialización de esta idea fue fundamental un maestro albañil conocido como Gumercindo, quien había aprendido el oficio de su padre, uno de los constructores de Gaudí. Él se encargó de formar a cientos de obreros en los propios terrenos del proyecto.(9)

Estas bóvedas de reducido espesor permiten cubrir grandes luces con un mínimo de material, generando al mismo tiempo una fuerte continuidad espacial. Debido a la inexperiencia de los ingenieros que participaron en el cálculo de estas estructuras no fue posible explotar al máximo las ventajas de este método, por lo que se terminó usando hormigón armado en un sistema de nervios y anillos para las cúpulas y bóvedas de mayor tamaño. Además, se usaron muros de mampostería como elementos portantes.

Las cubiertas se convirtieron en las protagonistas del conjunto. Se emplearon bóvedas de medio cañón, rebajadas, asimétricas y de directriz recta, apoyadas sobre arcos y vigas, sustentados en pilares a modo de contrafuerte para cubrir la mayoría de los espacios: acceso principal, cafetería, servicios sanitarios, aulas teóricas, administración y corredores de distribución. La cúpula nervada ortogonal con cimborrio superior, apoyada en arco de hormigón, descansa sobre contrafuertes para techar los pabellones de danza. En el teatro de la escuela se construyó una cúpula con nervios, soportada por una viga de hormigón y contrafuertes.(10)

Vista interior de la galería de circulación por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Vista interior de la galería de circulación por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Materialidad y uso de mano de obra local
La materialidad de la Escuela de Danza Moderna responde tanto a condicionantes económicos como a una voluntad expresiva. El uso predominante del ladrillo, la mampostería y el hormigón visto refleja la disponibilidad de materiales y la necesidad de una construcción austera, pero también una decisión consciente de enfatizar la textura y el carácter táctil de la arquitectura.

La obra se ejecutó mayoritariamente con mano de obra local, en muchos casos no especializada. Esta circunstancia influyó en el carácter artesanal del edificio y en la adaptación de técnicas constructivas tradicionales a un contexto moderno. Lejos de entenderse como una limitación, esta economía de medios se convierte en uno de los valores fundamentales del proyecto, reforzando su coherencia constructiva y su identidad material.

El contexto histórico determinó el vínculo entre las personas que tomaron parte en la realización de esta obra. Arquitectos, obreros y estudiantes se unieron en un solo equipo desde el comienzo de la construcción. La efervescencia de la idea desbordaba el entusiasmo para el trabajo por el solo hecho de hacer realidad el proyecto de las escuelas de arte, la voluntad de hacer era natural y espontánea.(11)

Vista aérea de la escuela por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Vista aérea de la escuela por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Integración con el contexto y el paisaje
El emplazamiento de la escuela en el antiguo campo de golf de Cubanacán es fundamental para entender su relación con el paisaje. Se sitúa en una de las zonas más elevadas y planas del terreno, estableciendo una relación más neutra y clásica con la topografía en comparación con el resto de las escuelas. Mediante suaves manipulaciones del suelo y el uso de plataformas, la arquitectura parece posarse sobre el terreno. Estas plataformas crean un nuevo suelo artificial que funciona como transición entre la edificación y el terreno natural, absorbiendo sus irregularidades y reforzando la expresión arquitectónica de la estructura como una línea de fuerza en el territorio.

La vegetación cumple un papel clave como vínculo visual entre la arquitectura y el entorno. La masa vegetal ubicada al norte actúa como telón de fondo para los volúmenes de cúpulas blancas de los pabellones de baile, mientras que el verde se introduce de forma perimetral, superponiendo nuevamente la arquitectura y el mundo natural.(12)

El edificio se adapta de manera suave a la topografía e integra un entorno verde que se percibe como una extensión de los espacios interiores. Los patios, las orientaciones y las aperturas están pensados para favorecer la ventilación natural y la protección solar, manteniendo una relación constante entre interior y exterior.

Esta transformación simbólica del lugar, de espacio elitista a centro cultural, se refuerza a través de una arquitectura que renuncia a la monumentalidad tradicional y apuesta por una integración casi orgánica con el entorno. La Escuela de Danza no impone su presencia sobre el paisaje, sino que se incorpora a él como parte de un sistema espacial continuo.

Salones de ensayo colectivo por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Salones de ensayo colectivo por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Proceso constructivo, interrupciones y obras incompletas
El proceso constructivo estuvo marcado por la urgencia inicial y por las dificultades que surgieron posteriormente. En 1963 los cambios en las prioridades políticas y económicas del país frenaron el avance de las obras. Los recortes presupuestarios y problemas de suministro provocaron el estancamiento progresivo de las mismas, hasta la paralización total e inauguración oficial en 1965 con algunas escuelas incompletas.(13)

Ante la situación que se venía gestando, Porro aceleró la construcción de sus obras, siendo el único arquitecto que logró culminar las escuelas antes de que se detuvieran los trabajos en 1965. A mediados de ese año decidido a no aceptar la imposición de un pensamiento constructivo uniforme que copiaba el modelo soviético, abandona la isla.(14)

Las Escuelas de Danza Moderna y Artes Plásticas constituyeron su mayor éxito profesional, pero también una experiencia personal dolorosa. Fueron la expresión cubana, moderna y original de la arquitectura nacional antes de ser desplazada por modelos constructivos estandarizados. Hoy, la obra es reconocida como una de las más importantes del siglo XX y como una utopía arquitectónica que buscó expresar el espíritu de una nación a través de la forma curva.

Salones de ensayo colectivo por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Salones de ensayo colectivo por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Estado de conservación y debates de restauración
El deterioro experimentado por la Escuela de Danza Moderna en el decursar del tiempo producto de la falta de mantenimiento y alteraciones funcionales, devino en grietas y filtraciones, poniendo en riesgo la integridad del edificio. Varios estudios y propuestas se han realizado para la restauración y conservación de la edificación.

En 1997 la Comisión de Monumentos Nacionales lo declara Área Protegida y Monumento Nacional en 2010. Producto de esto comienza un proyecto de restauración de las escuelas en el año 2000, que culminó en el 2008 bajo la dirección del arquitecto Universo García y la asesoría de los autores de las obras.(15) (16) Esta restauración logró que en el 2004 las ENA fueran retiradas de la Lista de Patrimonio en Peligro (donde habían sido incluidas en 2002) por parte de World Monuments Watch, quienes le otorgan una certificación de Logro Excepcional.

La inclusión de las Escuelas Nacionales de Arte en la Lista Tentativa de Patrimonio Mundial de la UNESCO a finales del 2024, ha contribuido a reforzar su reconocimiento patrimonial y a promover criterios de intervención más rigurosos.(17)

Teatro de la Escuela de Danza Moderna por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Teatro de la Escuela de Danza Moderna por Ricardo Porro, 1965. Fotografía por Valiente Pascual, Rafael.

Recepción crítica, simbolismo y legado
Aunque en un inicio la obra resultó fuertemente alabada, con la llegada a la isla del movimiento soviético fue profundamente criticada al no encajar con el prototipo arquitectónico estandarizado que regía en el momento. Se acusó a los arquitectos de priorizar las propuestas personales de diseño por encima de las necesidades colectivas. La técnica constructiva y los materiales usados fueron vistos como un error, al ser tachados de artesanales y retrógrados, en lugar de sistemas industrializados avanzados.(18)

La historia de la arquitectura ha reivindicado la obra de Porro como una de las expresiones más logradas de la modernidad alternativa, intensamente vinculada a su entorno político y cultural. La escuela de Danza Moderna ha trascendido como referente para las posteriores generaciones de arquitectos, en un modelo que funde arquitectura, cuerpo y técnica, y un símbolo duradero de la arquitectura entendida como proyecto cultural y político.

Esta obra arquitectónica, logra equilibrar la eficacia funcional con la más auténtica expresión contemporánea, su perfecta fusión con el paisaje circundante y su comunicación palpable con la cubanía más autóctona. La continuidad de las formas, la experiencia espacial de recorridos e interiores, el manejo preciso de la luz, el uso expresivo del ladrillo y la audacia estructural de las bóvedas tabicadas confluyen para brindar una obra de carácter excepcional y alto valor patrimonial.(19)

NOTAS.-

1.Santana Duque Estrada, Roberto (dir). «Ricardo Porro, Tríptico. I - El salto mortal» [Documental]. La Habana – París: SanArte, 2017. Texto del documental: 0’09’’ (Accedido el 21 de febrero de 2026: https://www.youtube.com/watch?v=C7U4CQgJFs8).
2. Op cit (1). 16’58’’.
3. Pizarro Juanas, M. J. «Las Escuelas Nacionales de Arte de La Habana». Madrid: Tesis Doctoral. Universidad Politécnica de Madrid, 2012, p. 35. 
4. Ibid. (3). pp; 41-43.
5. Op. cit. (3). pp; 26-27.
6. Op. cit. (3). pp; 279-303.
7. Op. cit. (1). 29’20’’.
8. Op. cit. (1). 31’49’’.
10. Op. cit. (3). pp; 245-247.
11. Op. cit. Imagen 19: Vista interior de la galería de circulación (3). pp; 237-243.
12. Op. cit. (3). pp; 163-165.
13. Op. cit. (9). p.340.
14. Pizarro, María José; Rueda, Óscar. «Escuelas Nacionales de Arte de la Habana». Madrid: Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (Revista Arquitectura). p.82.
15. Martín Zequeira, María Elena. «The National Art Schools of Havana». Docomomo N°33, 2005. p.23. 
16. Nahmias, Alysa y Murray, Benjamin (dirs). «Unfinished Spaces» [Documental]. La Habana – París: Ajna Films, 2011. 1°14’02’’ (Accedido el 21 de febrero de 2026: https://www.youtube.com/watch?v=t7nwpsXNs48).
17. ICOMOS / UNESCO. Escuelas Nacionales de Arte de Cubanacán. Tentative List dossier. Centro del Patrimonio Mundial UNESCO World Heritage Centre, 2024. (Accedido el 26 de noviembre de 2025: https://whc.unesco.org/en/tentativelists/6740/).
18. Op. cit. (9). pp; 345-346.
19. Op. cit. (17).

BIBLIOGRAFÍA.- BIBLIOGRAPHY.-

1. Santana Duque Estrada, Roberto (dir). «Ricardo Porro, Tríptico. I - El salto mortal» [Documental]. La Habana – París: SanArte, 2017. (Accedido el 21 de febrero de 2026: https://www.youtube.com/watch?v=C7U4CQgJFs8).
2. Santana Duque Estrada, Roberto (dir). «Ricardo Porro, Tríptico. II - El Arte de Decir» [Documental]. La Habana – París: SanArte, 2017. (Accedido el 21 de febrero de 2026: https://www.youtube.com/watch?v=NrtrcwKF2Mw).
3. Pizarro Juanas, M. J. «Las Escuelas Nacionales de Arte de La Habana». Madrid: Universidad Politécnica de Madrid, 2012. Tesís doctoral.
4. Loomis, John A. «Identities in Conflict-Las Escuelas Nacionales de Arte and the Cuban Revolution». Actas ACSA,1998, pp. 339-347.
5. Pizarro, María José; Rueda, Óscar. «Escuelas Nacionales de Arte de la Habana». Madrid: Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid. Revista Arquitectura, 2012, núm. 365, pp76-85.
6. Martín Zequeira, María Elena. «The National Art Schools of Havana». Docomomo N°33, sept. 2005, pp. 20-26.
7. Nahmias, Alysa y Murray, Benjamin (dirs). «Unfinished Spaces» [Documental]. La Habana – París: Ajna Films,2011. (Accedido el 21 de febrero de 2026: https://www.youtube.com/watch?v=t7nwpsXNs48).
8. ICOMOS / UNESCO. Escuelas Nacionales de Arte de Cubanacán. Tentative List dossier. Centro del Patrimonio Mundial UNESCO World Heritage Centre, 2024. (Accedido el 26 de noviembre de 2025: https://whc.unesco.org/en/tentativelists/6740/).

Más información

Ricardo Porro, nació el 3 de noviembre de 1925 en Camagüey, en la isla de Cuba. Realizo su primer viaje a Europa en 1948, donde estudió, entre otros, en el Instituto de Urbanismo de la Sorbona de París. También participó en el  Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM) en Venecia, graduandose al año siguiente en la universidad de la Facultad de Arquitectura de La Habana en 1949. Después de su graduación, Porro viajó a París, donde se encuentra con el pintor cubano Wifredo Lam, figura que le influyó enormemente.

De regreso en Cuba, en la década de 1950, hizo en la Habana sus primeras obras arquitectónicas para clientes privados: Villa Armenteros (1950), Villa Ennis (1953), Villa San Miguel (1953), Villa Villegas (1953), la Casa García (1954), la Casa Abad-Villegas (1954), y la Casa Timoteo Ennis (1957). Una de las referencias más importantes del movimiento moderno en Cuba. En la segunda mitad de la década, Ricardo Porro se trasladó a Venezuela en 1957 (con su esposa para evitar ser detenido por su oposición al presidente Fulgencio Batista), donde fue nombrado profesor de urbanismo y arquitectura en la Universidad de Caracas.

En 1961, en Cuba, a petición del gobierno de Castro, se convirtió en el coordinador del proyecto de escuelas de arte nacionales que se establecieron en las afueras de La Habana. Ricardo Porro invita a la aventura a los arquitectos italianos Vittorio Garatti y Roberto Gottardi. Juntos, trabajaron intensamente, creando pequeños pueblos de ladrillo y terracota, que serpenteaban orgánicamente a través de la superficie densa, encarnando lo que en algun momento fue llamado la «cubanidad».

Esa fue exactamente su intención, Porro recordaba en una entrevista de 2011 a The Atlantic: «Cuando recibí este encargo, pensé que no habían terminado de activarse la revolución en la arquitectura», comentaba «Quería crear expresar la revolución en la escuela. Lo que sentí en ese momento fue una explosión emocional».

Sin embargo, el estilo diferente de las escuelas de arte se convirtió en un anatema oficial. «Te das cuenta que te están acusando de algo», con estas palabras Porro recordaba en «Unfinished Spaces  / Espacios inacabados», un documental de 2011 dirigido por Alysa Nahmias y Benjamin Murray. «Y entonces te das cuenta que estas siendo juzgado. Y luego te das cuenta que eres culpable. Sin que nadie te lo diga».

Se exilió y nacionalizó en Francia, donde seguría trabajando como arquitecto en asociación con Renaud de La Noue en París. De este periodo es el Collège les Explorateurs de 1996, en Cergy-le-Haut, al noroeste de París. En París vivió hasta su muerte, el pasado día de Navidad (25 de diciembre de 2014).

 
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Publicado en: 5 de Octubre de 2026
Cita:
metalocus, CAMILA VALIENTE BORNOT
"La Escuela de Danza Moderna de Ricardo Porro en la Habana: expresión sensible de una idea" METALOCUS. Accedido el
<https://www.metalocus.es/es/noticias/la-escuela-de-danza-moderna-de-ricardo-porro-en-la-habana-expresion-sensible-de-una-idea> ISSN 1139-6415
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